“Never Rarely Sometimes Always” (2020), o la frágil desnudez de la adolescencia

La más reciente película de Eliza Hittman aborda el derecho a la libertad reproductiva, pero es solo el punto de partida para examinar otras preocupaciones.


Por Agustín Baella Arsentales CRÍTICA/ HBO GO

Fuente: IMDb

Automn se prepara para salir a escena en un concurso escolar de talentos. A diferencia de algunos números musicales colectivos con referencia a los felices años cincuenta, ella se presenta sola y su canción revela cierta tristeza. Este contraste no es gratuito, la música refleja dos épocas distintas, una de nostalgia americana y la otra de un presente desolador. Automn toca una versión menos alegre de “He’s got the power”, en comparación a la canción original. De pronto, un insulto resuena en la sala. “¡Puta!”, grita alguien, y el tiempo se detiene por un instante. Todos la miran en espera de su próximo movimiento, por lo que Automn continúa cantando. La letra de la canción parece verbalizar lo que siente: “él me obliga a hacer cosas que no quiero”, ya que Automn nunca está del todo convencida de sus acciones, hasta que se entera que está embarazada. Solo ahí sabe bien lo que quiere: no tener al hijo.


En su tercer largometraje, la directora Eliza Hittman sigue explorando el convulso mundo juvenil. Never Rarely Sometimes Always (2020) nos presenta el drama del embarazo no deseado en una adolescente de 17 años. Automn (Sidney Flanigan, en su papel debut) no puede abortar en su ciudad natal sin el permiso de sus padres, es por eso que debe viajar de su pequeña ciudad en Pensilvania a la cosmopolita Nueva York, donde las leyes que regulan el aborto son más flexibles. A pesar de ser un personaje que conoce de rechazos, tiene en Skylar (Talia Ryder, rol debutante), su prima, a la única persona que le extiende la mano. Juntas emprenden el viaje esperando que el trámite se resuelva pronto, pero este se prolonga más de lo planificado y, ante la falta de dinero, terminan deambulando por las calles en busca de refugio.


Fuente: IMDb

Desde luego, hay una mirada crítica al actual ordenamiento legal del aborto en este país, que cambia según el Estado Federal, y que van del cuidado para evitar esta decisión recurriendo a la mentira si fuese necesario, hasta el respeto por las disposiciones de la persona. De esta manera, la película no busca cambiar creencias arraigadas, pero sí exponer lo que de ello puede devenir cuando se privan los derechos a la autonomía corporal. En su impotencia, vemos a Automn consumir pastillas sin receta médica, golpear su propio estómago en busca de salidas desesperadas y finalmente escapar de casa. Lo que hace Hittman es hablar del tema del aborto sin moralina de por medio, centrándose en los obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a la atención reproductiva.


Por otro lado, todas las figuras masculinas de la película resultan ser una amenaza constante para las adolescentes. El estudiante que molesta a Automn con gestos lascivos cuando cenan luego de la presentación (el mismo que la insultó mientras cantaba); el padre que aprovecha cualquier oportunidad para soltar un comentario hiriente contra su hija, mientras la madre decide mirar hacia otro lado; el gerente de la tienda donde trabajan que no tiene pudor en desatar su perversión cada vez que ellas entregan el dinero por la ventanilla para aprovechar en besarles las manos; el chico que conocen en el bus, Jasper (Théodore Pellerin), aparentemente más contenido en sus emociones, busca ayudarlas, pero su objetivo real es flirtear con Skyler y tratar de conseguir algo más con ella; o el borracho pervertido que empieza a masturbarse cuando ve a Automn en el tren. Las adolescentes se deslizan con cuidado en un campo minado de masculinidad abusiva y tóxica.


Fuente: IMDb

El filme refleja el compañerismo en el tránsito a la adultez. Automn y Skyler se tienen la una a la otra para ayudarse. La química, tan especial entre ellas, otorga momentos de intensa intimidad. La secuencia en la que entrelazan sus dedos como si se tratara de una cadena irrompible, como las promesas que se hacen con los meñiques en la niñez, lo ejemplifica de la mejor manera. Es difícil hablar abiertamente de algunas cosas, especialmente si tienes 17 años. Es por eso que se transmiten emociones con moderación en pocos momentos, pero los suficientes para entender su crecimiento: Automn se perfora la nariz con un imperdible a su regreso del centro médico en un intento por recuperar el control de las cosas o como queriendo establecer un nuevo punto de partida.


En la que es, quizá, la escena más desgarradora de la película, Automn se ve acorralada en una entrevista que le hace una trabajadora social (Kelly Chapman, interpretándose a sí misma). El cuestionario es parte del protocolo para abortar y las opciones de respuesta son “nunca”, “rara vez”, “a veces”, “siempre”, y que en su conjunto le da acertadamente el título a la película—. La situación se complica cuando Automn tiene que detallar sobre sus relaciones amorosas y su historial sexual. Hasta entonces, y a pesar de todo lo que pasó, no la hemos visto claudicar. Sin embargo, con el pasar de las preguntas, su guardia se va desmoronando. La cámara la acompaña en un primer plano que revela, en sus expresiones faciales, la angustia que ya no puede contener. Su silencio es de lo más expresivo, mientras sus ojos claman ayuda a gritos. Recordamos la letra de la canción inicial: “él me obliga a hacer cosas que no quiero”. Nos muestra la fragilidad adolescente, enfatizado por circunstancias donde no hay soporte familiar, pero donde finalmente recibe la atención que tanto necesita.


Podemos estar hablando de una cinta de ficción, pero la investigación de la directora para llevarla a cabo tiene asidero en la realidad. Las fuertes restricciones para acceder al aborto en ciertos Estados producen que un mayor número de mujeres viajen a Nueva York para intervenirse. Pero, por los altos costos del procedimiento y de la ciudad, terminan durmiendo en las calles. Never Rarely Sometimes Always logra hablar de temas díficiles, de relevancia contemporánea, pero con un lenguaje sencillo, sin recurrir a sentimentalismos o a peroratas. Esto, también, gracias a las notables actuaciones de las jóvenes actrices, que aportan desde la inexperiencia un realismo casi documental. Sin duda, es una mirada honesta, y a la vez profundamente conmovedora.