“Misbehaviour” (2020) y la liberación femenina

Asistimos a una función especial de Misbehaviour en el cine Picturehouse Central de Londres. La película cuenta una historia de la vida real, en la que el Movimiento de liberación de las mujeres protestó contra la ceremonia Miss Mundo del año 1970. Entre otras presentadoras de la película, estuvieron la directora Philippa Lowthorpe y la productora Suzanne Mackie, quienes cargaron de emotividad la proyección del largometraje.
Por Sebastián Zavala Kahn                                                                                                                                 NOTICIAS/CRÓNICA

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El domingo 8 de marzo tuve el agrado de asistir a una función especial de Misbehaviour (2020), que aparentemente será estrenada como Rompiendo las normas en países latinoamericanos. La vi en el cine Picturehouse Central de Londres, en el cual estuvieron presentes la directora Philippa Lowthorpe, la productora Suzanne Mackie, Jennifer Hosten (quien fuera Miss Mundo en 1970), así como Sue Finch, Jo Robinson, Sarah Wilson y Jane Grant, quienes formaron parte del movimiento. Después de la proyección de la cinta, hubo una conversación con las asistentes, así como una sesión de preguntas y respuestas con el público.

Misbehaviour tiene como protagonista a Sally Alexander (Keira Knightley), una estudiante universitaria que vive con su hija menor, y su esposo, Gareth (John Heffernan). A través de Sally vemos la manera en que las mujeres fueron tratadas en Londres, en el año 1970 —era mucho más difícil para ellas ir la universidad, ser escuchadas tanto por sus maestros como por los otros estudiantes, y ser consideradas como algo más que amas de casa. Lo que Alexander trata de hacer, entonces, es pelear en contra de estas anticuadas percepciones “desde adentro” del sistema, pero puede que eso no sea suficiente.

 

Por ello, decide formar parte del Movimiento de liberación de las mujeres, que realiza acciones más concretas para otorgarle los mismos derechos a las mujeres que a los hombres. Inicialmente Sally no está muy segura de estar en el lugar indicado —las quejas de su madre, Evelyn (Phyllis Logan), ciertamente no ayudan—, pero cuando el Movimiento decide protestar contra la ceremonia Miss Mundo, por fin se da cuenta de estar haciendo lo correcto.

Lowthorpe comenzó la charla mencionando que el objetivo de las protestantes nunca fue atacar a las participantes. Ello más bien permitió descubrir lo fascinantes que estas últimas eran. Fue muy importante para ella “contar la historia desde múltiples puntos de vista”, como una historia de éxito. La idea era desarrollar una narrativa que explique bien el contexto, poblada por personajes que toman decisiones debido a diversas razones. Para ello, tanto Howthorpe como Mackie revisaron “bastante metraje de archivo del Miss Mundo de aquella época”, y así descubrieron entrevistas con las participantes, en las que hablaban de sus diferentes experiencias.

Por otro lado, Jo Robinson declaró que “fue increíble ver la protesta que hicimos otra vez en la pantalla grande”. Para ellas, fue una noche increíblemente exitosa, especialmente porque no querían que las participantes fueran elegidas como blanco; ellas protestaban en contra de Mecca, la empresa organizadora del certamen Miss Mundo, liderada por Eric Morley. Por su parte, Sue Finch disfrutó enormemente la película, mencionando que se trata de una “gran película”, y que está completamente satisfecha con la manera en que fueron interpretadas por sus respectivas actrices. Dijo, además, que la película captura “la sensación de diversión” del evento real, el cual fue visto por millones de personas en vivo en 1970.

Finalmente, Jennifer Hosten declaró que estaba feliz y que sus hijos disfrutaron de la película. En un inicio no sabía cómo iba a ser retratada durante las escenas finales. “La verdad”, dijo, “es que el Movimiento usó la ceremonia para transmitir su mensaje, y cuando lo piensas, en 1970 nosotras la usamos como un trampolín para otras oportunidades profesionales”. Ese es el contraste, precisamente, que Misbehaviour retrata con cierto éxito, para que el espectador —y por qué no, las personas reales involucradas en el evento— consideren cómo interpretar la historia.

 

Un drama cumplidor

 Misbehaviour en efecto nos entrega diversas escenas narradas desde la perspectiva de sus participantes —especialmente Jennifer Hosten (Gugu Mbatha-Raw), una de las pocas mujeres no caucásicas en el concurso Miss Mundo de 1970-. Así, el mensaje central de la película se hace evidente desde las primeras escenas: cada mujer puede pelear por sus derechos y por mejores oportunidades desde diferentes “frentes”. Consideren, si no, una escena crucial entre Sally y Jennifer, en que la primera le explica a la segunda que no están en contra de las participantes, sino más bien en contra de Mecca. Jennifer le responde que, gracias a su presencia en la ceremonia, muchas niñas lograrán sentir que pueden ser algo en el mundo, y que a ella le hubiera gustado “poder tomar las mismas decisiones que ella”. Este contraste entre privilegios, entre diferentes tipos de feminismo incluso, convierte a Misbehaviour en una experiencia más interesante que el drama promedio. Uno termina empatizando con ambos personajes por más de que estén en “bandos” opuestos, porque están peleando por lo mismo: por obtener un lugar en el mundo.

No obstante, y por más que Lowthorpe, en general, haga un buen trabajo balanceando ambas perspectivas, no pude evitar sentir que la película favorece un poco más a la Sally de Knightley, mostrando todo el proceso de infiltración a la ceremonia, y los detalles de su vida personal y familiar. Knightley hace un buen trabajo, como siempre — su Sally es decidida e inteligente, pero tiene problemas a la hora de tomar ciertas decisiones, lo cual le otorga una vulnerabilidad muy humana. Y sus interacciones con el resto del Movimiento —especialmente la Jo Robinson de Jessie Buckley— son ocasionalmente graciosas y consistentemente creíbles.

Pero es Mbatha-Raw quien realmente destaca. A pesar de que el guion no le da tanto material como a Knightley, logra convertir a Jennifer en una mujer real, en alguien que ha tenido que pelear una batalla cuesta arriba toda su vida para llegar donde está, y que también comienza a tener dudas respecto a la ceremonia, especialmente luego de ver las protestas. Se trata de una interpretación sutil, pero innegablemente potente. Como Bob Hope, Greg Kinnear es suficientemente desagradable; Rhys Ifans interpreta a Eric Morley, el creador de Miss Mundo, más como un empresario que como un verdadero monstruo, y Keeley Hawes interpreta a Julia Morley, la única mujer involucrada en la organización del evento.

Emocionalmente genuino e impecablemente actuado, Misbehaviour es un drama cumplidor, que logra retratar de manera verosímil la forma en que las mujeres fueron tratadas cincuenta años atrás, y explicar por qué era crucial que peleen por sus derechos desde varios frentes. Tal y como lo dice una sobreimpresión antes de los créditos finales: “la lucha contra el patriarcado se sigue llevando a cabo hoy en día”. Gracias a estas mujeres dicha lucha pudo comenzar, y Misbehaviour, aunque algo sesgada hacia una de sus dos protagonistas, definitivamente hace un buen trabajo demostrando por qué es tan importante el conocer eventos de hace tanto tiempo, y considerarlos hoy en día.

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