FESTIVALES / INSÓLITO

Exorcistas y cadáveres insólitos: los casos de Phillippe y Pinilla

En la tercera edición del Festival de Cine de Terror y Fantasía “Insólito” que acaba de terminar, se proyectaron varias películas del documentalista suizo Alexandre O. Phillippe y del realizador colombiano Jairo Pinilla. Si uno está fascinado por revelar los misterios de cómo se crearon clásicos como Psicosis o El exorcista, el otro llegó a ser uno de los directores más taquilleros de su país, para después convertirse en un cineasta de culto, que deambula entre la fe religiosa y las imágenes más estrambóticas.

Por José Carlos Cabrejo 

Fuente: Resumiéndolo

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Un fan del cine de terror y de la ciencia ficción no puede perderse los valiosos documentales de Alexandre O. Phillippe. Doc of the dead (2014) es una película esencial para entender la evolución del zombi, desde títulos como La legión de los hombres sin alma (1932) de Halperin o Yo caminé con un zombie (1943) de Tourneur, hasta llegar al muerto viviente contemporáneo, creado por George A. Romero como medio para leer los males del mundo occidental contemporáneo.

 

Mucho más interesantes son los casos de 78/52 (2017), dedicado a analizar en detalle la famosa secuencia de la ducha de la película Psicosis (1960), y Memory: The origins of Alien (2019), que nos cuenta la génesis del icónico filme de ciencia ficción de Ridley Scott con un enfoque muy personal, a través de testimonios como el de la viuda de Dan O’Bannon, quien nos revela cómo la visión body horror que hallamos en la cinta funciona como un espejo de la enfermedad que sufrió el guionista de Alien: el octavo pasajero (1979). Ambos documentales, además, enriquecen la comprensión de los filmes de Hitchcock y Scott, al demostrar que son fuente de lecturas inagotables, sea en un caso desde el entendimiento del voyeurismo y en el otro desde una perspectiva feminista.

 

Sin embargo, el documental de Phillippe que nos gustó más fue Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist (2019). Verlo es una experiencia poderosa, a pesar que, a diferencia de los otros documentales del director suizo, apenas se basa en un solo testimonio: el del director de El Exorcista (1973), quien relata cómo fue la creación de uno de los grandes clásicos del terror. Friedkin es un caso emblemático de cómo los directores del llamado “Nuevo Hollywood”, que se desarrolló entre mediados de los años sesenta e inicios de los ochenta, fueron capaces de trabajar con el cine comercial pero siguiendo las lecciones de los grandes autores europeos. Es curioso descubrir de la boca del propio Friedkin sus referentes para crear el filme, que no fueron precisamente los clásicos del género, sino Fritz Lang o el Carl T. Dreyer de Ordet (1955), así como la pintura de artistas como Magritte o Caravaggio. 

 

Friedkin es un cineasta de una erudición deslumbrante. Sus palabras nos hacen entender la razón por la cual muchas de las imágenes de El Exorcista tienen la capacidad de quedarse fijas en nuestra mente. Pero también, nos revelan que la película no fue creada en sentido estricto como una película de terror, sino como un filme para exponer sus dudas existenciales y religiosas. La secuencia final de Leap of Faith, con el rostro conmovido de Friedkin mientras hace un paralelo entre la soledad que sienten los personajes de su cinta y el callado vacío del Jardín Zen que conoció en Kyoto, y que Phillippe nos lo muestra en imágenes casi estáticas, es de una intensidad que pocas veces se puede sentir en documentales de este tipo.

 

Después de ver Leap of Faith, lo que uno más desea es volver a ver El exorcista.  

 

Clásico siniestro

Funeral siniestro (1977) del colombiano Jairo Pinilla es una de las mejores películas de terror en la historia del cine latinoamericano. Es un título que debe ser tan tomado en cuenta como El Vampiro (1957) de Fernando Méndez, Obras maestras del terror (1960) de Enrique Carreras o como los clásicos del brasileño José Mojica Marins.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante el último Festival de Lima ya comentamos en redes sociales el documental La venganza de Jairo (2018) de Simón Hernández, en el que Pinilla es presentado como un personaje quijotesco ante los obstáculos de recuperar muchas de sus cintas, prácticamente secuestradas por el Estado, y por darse una nueva oportunidad como cineasta. Lo cierto es que Funeral siniestro tiene un excelente manejo de la tensión narrativa, una villana de antología interpretada por Derly Díaz, y un tratamiento del horror que oscila entre la truculencia de Bahía de Sangre (1971) de Mario Bava y un clima escalofriante, en tránsito entre la realidad y el sueño, que recuerda por sus imágenes mortuorias una de las historias de Las tres caras del miedo (1963), también dirigida por Bava.

 

Sin embargo, la gran mayoría de los cortometrajes y largometrajes que Pinilla realizó en las siguientes décadas están muy lejos de lo logrado en Funeral siniestro. El cine de este director no por ello deja de ser muy personal tanto en la expresión de una visión del mundo religiosamente maniquea, como en imágenes que impresionan tanto por su carencia de recursos como por su imaginación. Su último largometraje, El espíritu de la muerte, realizado en años recientes, aborda el fenómeno de las drogas en su país desde una mirada muy crítica, como lo hiciera también en una cinta campy llamada Área Maldita (1980), en la que una serpiente ataca a varias personas al sentir el olor de la marihuana cultivada por un grupo de narcotraficantes.

 

En El espíritu de la muerte, las drogas también atraen el mal. Conducen a prácticas satánicas que llevan a una familia a un desenlace trágico. En ese contexto, un cura da explicaciones de cómo el diablo está detrás de varios actos terribles en el mundo, y para probarlo muestra tanto imágenes del Papa Francisco con el rostro amoratado, supuestamente agredido en su llegada a Colombia (el Photoshop es evidente), como del incendio de la Catedral de Notre-Dame. A pesar de la desgracia, los personajes lidian con un espectro que carga en la mano su cabeza decapitada, y descubren que pueden cambiar el pasado al mirar concentradamente el registro del casete de una cámara de video.

 

Es común, a pesar de las voces mal sincronizadas, de los problemas de continuidad y de las cómicas sobreactuaciones, encontrar secuencias de viva imaginación en la obra de Pinilla, como aquellas del corto El Libro de Ultratumba (2002), en el que unas páginas, con reminiscencias del Necronomicon de Lovecraft, pueden capturar diabólicamente a las personas y mostrarlas en una foto del libro, pidiendo auxilio desde su interior, tras unos barrotes. El cine actual de Pinilla muestra afinidades interesantes con las películas de ciertos directores peruanos, sea con las intervenciones divinas plasmadas con espíritu infantil por Leonidas Zegarra en sus películas sobre vírgenes, como con las cabezas voladoras de La casa embrujada (2007) de Joseph Lora. Ello es todo un tema por explorar.

Fuente: Sala 18

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