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"Amarga Navidad" (2026): Directores de culto

  • hace 49 minutos
  • 3 min de lectura

La nueva película de Pedro Almodóvar es una mirada interna a sus propias idiosincrasias, empacada en una narrativa altamente autorreferencial, con un poco de autocrítica y un poco de autoficción. 


Por Hitoshi Isa Kohatsu CRÍTICA / VIDEO ON DEMAND

"Amarga Navidad" (2026). Fuente: IMDb
"Amarga Navidad" (2026). Fuente: IMDb

Es el año 2004. Elsa (Bárbara Lennie) es una directora de culto —o, como ella misma lo explica, una directora cuyas películas no fueron exitosas— que ahora se dedica a filmar comerciales mientras procesa la muerte de su madre, así como las tumultuosas relaciones con sus amistades, quienes también llevan vidas melancólicas. Frente a todo esto, encuentra un respiro en el incondicional apoyo de su pareja, Bonifacio (Patrick Criado), un bombero que trabaja como stripper durante los fines de semana. 


Pero esa es una historia escrita por Raúl (Leonardo Sbaraglia), un director de cine. Es el año 2026 y este busca desesperadamente inspiración ante el temor de que sus capacidades creativas se marchiten. En medio de esta obsesión por su arte, la ficción de Raúl empieza a reflejar los dramas de su círculo cercano: Santi (Quim Gutiérrez), su joven pareja, a quien parece no creer capaz de interioridad; y Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), amiga y compañera de negocios durante varios años. Se inspira en ellos o, como la propia Mónica lo describe, los "vampiriza" para su trabajo. 


Amarga Navidad puede verse como un regreso a la forma para Almodóvar tras su anterior producción, la abismal La habitación de al lado (The Room Next Door, 2024). Y se usa la palabra "regreso" de manera generosa: se trata de una película altamente referencial a la filmografía del director, desde antiguos tropos y su ya conocido gusto por el melodrama hasta sus temáticas recurrentes, incluyendo un cameo de Rossy de Palma. 


Este aspecto "meta" no solo se manifiesta como autorreferencia; existe, a su vez, un intento de reflexión. Se mencionó inicialmente que hay un toque de autocrítica, la cual aparece en el personaje de Raúl, un evidente homólogo del director. A través de él, se comentan algunas de las tendencias más repetitivas de Almodóvar como cineasta, desde su dependencia de las figuras femeninas y maternales como musas hasta la constante representación de relaciones sentimentales desastrosas. 


El filme también se adentra en el mundo —o, mejor dicho, en la aproximación que Almodóvar tiene de este— del cine, y lo presenta como una actividad inherentemente parasitaria de la realidad. Raúl es constantemente criticado por basar sus guiones en sus relaciones personales, hasta el punto de romper su amistad con Mónica al incluir en su más reciente libreto una muerte cercana a ella. 


"Amarga Navidad" (2026). Fuente: IMDb
"Amarga Navidad" (2026). Fuente: IMDb

La introspección es fascinante, pero queda claro que la trama podría resultar insatisfactoria para quien no esté familiarizado con ese contexto. Para quienes sí lleguen con ese bagaje, en cambio, esta termina siendo una película muy entretenida, incluso una de las más divertidas de lo que va del año. 


En un sentido amplio, la película regresa a un tratamiento casi lúdico del melodrama, algo que Almodóvar practicaba con gusto en el siglo pasado. Al combinarlo con un humor construido alrededor de la cultura cinéfila, consigue escenas francamente hilarantes para cualquier amante del cine. Mucho de ello proviene del hecho de que Elsa es una directora de cine que Raúl inserta en su guion como su homóloga, mientras que Raúl es un director de cine que Almodóvar ha concebido como su propio alter ego. 


Pero las ideas de la película, su contenido narrativo, no son lo único que hace de Amarga Navidad una experiencia fascinante. Está también la labor del director de fotografía Pau Esteve Birba, quien logra superar la frialdad de la imagen digital para construir una paleta más cercana a la de anteriores cintas de Almodóvar, aquellas que parecían habitar una Madrid mucho más colorida. 


Y lo que no se puede obviar es la banda sonora compuesta por Alberto Iglesias, quien como siempre fabrica una tensión exquisita entre el melodrama y lo melancólico. Produce una sensibilidad que se aproximándose a una síntesis entre algo muy trillado y algo muy conmovedor.


Amarga Navidad fue una de las mejores experiencias teatrales que he tenido: una sala llena de personas que entendían "el chiste", que se reían en los momentos "meta", pero que también guardaban silencio cuando la historia lo requería. El filme logra superar la expectativa inicial de ser un experimento por parte de un director demasiado inmerso en la construcción de su propio mito y termina revelando un relato íntimo sobre la relación entre el artista y su musa. Es, sobre todo, una película graciosa, melancólica y sensual, como las mejores obras de Almodóvar. 






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