"Kangaroo Island" (2024): lo importante es la familia
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La película del australiano Timothy David lidia con temas de familia, enfermedades y extremismo religioso a través de una narrativa bien actuada, pero de tono variable y con algunos elementos telenovelescos.
Por Sebastián Zavala CRÍTICAS / VIDEO ON DEMAND

Por momentos, Kangaroo Island (2024, Timothy David) se siente como una película de Hallmark con actores de mayor calibre. Lo cual no es algo malo, necesariamente. De hecho, por más que cuente con algunos cambios de tono algo extraños y un desenlace bastante previsible, Kangaroo Island funciona como un drama sobre la familia, los arrepentimientos y hasta el extremismo religioso. No es nada que no hayamos visto antes en otros (y mejores) filmes, pero igual resulta en una experiencia entretenida, especialmente gracias a la sólida actuación central de Rebecca Breeds.
Breeds interpreta a Lou Wells, quien, tras vivir toda su vida en la Isla Canguro (la tercera más grande de Australia), viaja a Los Ángeles para convertirse en actriz. Y aunque ha logrado participar en algunos proyectos interesantes y cuenta con el apoyo de su representante, de un tiempo a esta parte la ha estado pasando mal, especialmente desde que rompió con su novio. Un buen día, sin embargo, recibe un mensaje y un pasaje de avión de parte de su padre, Rory (Erik Thompson), quien le pide que regrese a casa. Así que, luego de negarse inicialmente y de un par de coincidencias poco creíbles, termina retornando a Isla Canguro luego de varios años.
Al llegar a dicho lugar, Lou no solo se encuentra con su padre, sino también con su hermana menor, Freya (Adelaide Clemens, de El gran Gatsby), ahora con dos hijos y casada con el ex de nuestra protagonista, el surfer Ben (Joel Jackson). Y aunque al inicio le cuesta un poco acostumbrarse a estar de vuelta, eventualmente tiene que ocuparse de resolver ciertos problemas con los que se encuentra, especialmente los relacionados con el gran terreno que su padre ha estado manejando durante años. Pero las cosas empeoran cuando se entera de un secreto que Rory le estuvo ocultando, lo cual la obliga a tomar decisiones difíciles.
En pocas palabras, Kangaroo Island es un drama sobre relaciones y problemas tanto personales como profesionales. En relación con esto último, Lou eventualmente se ve obligada a elegir entre quedarse en la isla con su familia (en particular, con su padre) y perseguir sus sueños, lo cual concluye de forma bastante previsible. Y en relación con lo primero, lo más interesante de Kangaroo Island no está necesariamente en las interacciones entre Lou y Rory, sino más bien en las escenas que la protagonista comparte con Freya, quien acaba de convertirse al cristianismo y no para de hablarle de Jesús (tanto así que, prácticamente apenas se reencuentran, intenta regalarle un libro sobre Cristo).

Es a través del personaje de Freya que la guionista Sally Gifford parece querer incluir una crítica al extremismo religioso. Por un lado, la chica profesa el amor de Cristo y sostiene que ha cambiado debido a que lo ha “encontrado”, pero, por otro lado, no logra mantener ni una buena relación con su hermana ni un buen matrimonio con Ben, quien demuestra ser toda una “joyita”. Además, es Freya, también, quien toma una decisión particularmente errada respecto al problema del terreno de su padre, lo cual no hace más que fracturar aún más la relación que tiene con su familia.
Todo esto es bastante interesante y, sin embargo, se entrelaza con conflictos que no se sentirían fuera de lugar en una telenovela o en un especial de Hallmark. Todo lo relacionado con el triángulo amoroso entre Lou, Freya y Ben es francamente absurdo, especialmente debido a cómo este último es caracterizado. Mientras que las hermanas se sienten como seres humanos creíbles y complejos, Ben es presentado como una caricatura andante: un tipo manipulador, de pocas convicciones, que apenas reconecta con Lou le dice que todavía siente algo por ella (recordemos que está casado y que tiene hijos). Entiendo que este conflicto le otorga una dimensión adicional a los personajes, pero igual considero que pudo haber sido mejor tratado.
Adicionalmente, entre dicho conflicto y todo el tema con el padre, Kangaroo Island termina manejando algunos cambios de tono súbitos. En ciertos momentos, nos involucramos en una historia bastante emotiva sobre el paso del tiempo, las relaciones entre padres e hijas y la presencia nociva de la religión conservadora. Y en otros, tenemos que lidiar con escenas de motivación poco clara, la mayoría protagonizadas por Ben, así como con otros momentos que quizás sonaban graciosos en el guion, pero que en la práctica no terminan de cuajar. Es así que Kangaroo Island se acerca peligrosamente al melodrama, por momentos abandonando cualquier sutileza para decir las cosas (o transmitir sus temas) de manera muy explícita.
De las actuaciones no me puedo quejar, eso sí. Rebecca Breeds (veterana de la soap opera australiana Home and Away) está muy bien como Lou, interpretándola de forma creíble y sin exagerar, siempre dejando en claro que se trata de una mujer talentosa y de buenas intenciones que, sin embargo, cuenta con una oscuridad interior que no siempre puede ocultar. Por su parte, Adelaide Clemens (quien por un tiempo apareció en una diversidad de producciones hollywoodenses, como la secuela de Silent Hill: Revelaciones 3D) construye a Freya de forma empática; no como una antagonista caricaturesca, sino más bien como una persona compleja que utiliza la religión para lidiar con sus traumas e ignorar los problemas del presente. Y Joel Jackson hace lo que puede con un Ben que debió ser mejor desarrollado o hasta eliminado de la historia.
Entiendo por qué Kangaroo Island terminó convirtiéndose en un pequeño fenómeno en su natal Australia. Es fácil de digerir, narra problemas humanos con los que mucha gente podrá empatizar y aprovecha al máximo sus locaciones reales, presentándonos un lugar que la mayor parte de los espectadores de fuera de Australasia seguramente ni sabe que existe. Pero, a la vez, también se trata de una producción de tono variable, con elementos telenovelescos y por lo menos un personaje que sobra, así como con (ligeros) problemas técnicos de sonido directo (los cuales debieron ser corregidos en su momento). No la pasé mal con Kangaroo Island; y, en todo caso, debería ayudar a que Rebecca Breeds logre aparecer en más y mejores proyectos en el futuro cercano.

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