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Lynch: 5 películas favoritas

Actualizado: 23 jun 2023

El genio de Montana cumplió un año más de vida el día de ayer. Por ello, recordamos su gran obra, con un acercamiento, en buena parte arbitrario, a nuestras 5 películas favoritas.


Por José Carlos Cabrejo ESPECIALES / DAVID LYNCH

David Lynch. Fuente: DW
David Lynch. Fuente: DW

5. Twin Peaks: El regreso (Twin Peaks: The return, 2017)


Muchos dirán que no es una película. No obstante, si se analiza con detalle toda la serie, las dos primeras temporadas siguen una notoria estructura de serie televisiva, mientras que la tercera se siente más bien como una película próxima a las 18 horas.

El fin de cada capítulo, que usualmente cerraba con secuencias musicales, daba la ilusión de serie televisiva, cuando en realidad los capítulos funcionaban como un todo integrado distante de la lógica del relato por entregas.


En la línea de Inland Empire o Lost Highway, Twin Peaks: El regreso profundiza los rasgos de las temporadas anteriores que funcionaban como rompecabezas que el televidente debe armar. Nos presenta un mundo complejo y de sensorialidad misteriosa e inquietante, que fusiona la monstruosidad pictórica de Francis Bacon con una visión surreal y terrorífica de lo maquinal. Los mundos paralelos aparecen y se multiplican en una obra absolutamente atrevida para el panorama televisivo actual.



4. Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986)


A diferencia de otras películas de este top 5, Terciopelo azul cuenta con una narrativa más nítida. La cinta es fascinante por su protagonista, interpretado por Kyle MacLachlan, quien, como muchos personajes de Hitchcock, es un mirón, y como ellos, es de alguna manera una representación del propio espectador.


Pero no solo es una cuestión de mirada, sino de oído. La oreja que encuentra el personaje principal en un jardín habla de la importancia o de la obsesión de Lynch por el trabajo del sonido, y que aquí funciona como un puente hacia un mundo paralelo y subterráneo, pero que se encuentra en el dominio del subconsciente.


Por ello, es un mundo que libera lo reprimido. Uno en el que se presenta no solo el voyerismo de incestos simbólicos, sino también la conversión de quien observa en participante, en personaje “de la película que ve”. La Dorothy Valens de Isabella Rosellini es la madre simbólica para el perverso villano de Dennis Hopper, quien abusa de ella, pero es también la madre que le enseña a Jeffrey la exploración de una sexualidad salvaje.


Ello es lo que esconde la oreja, más allá de ese mundo de encuadres luminosos de jardines y personajes que sonríen ante la cámara. Hay que ver a través del closet y no por medio del exterior para entender la luz y la oscuridad que conviven en el ser humano.


3. Inland Empire (2006)


Esta película es una summa del cine de David Lynch. Lleva al extremo esa comprensión que ya estaba presente en Lost Highway del cine como multiverso, hoy tan popular, aunque bajo otros estilos.


En su manejo de los lentes, que deforman el rostro de algunos personajes, es inquietante; en su aproximación a lo musical, está dotada de un humor enrarecido, como en la secuencia de la canción “Locomotion” de Kylie Minogue; en su inclusión de pasajes previos de las películas de Lynch, como las variaciones del cortometraje Rabbits (2002), abre paso a cameos y retornos a viejos motivos en la obra del director que se tornan laberínticos e hipnóticos, y se siguen imponiendo como una reflexión sobre el cine.


A primera vista, es una película que puede resultar en parte ininteligible, y por eso, invita a volver a ella, para perderse en el más hondo e irracional placer cinematográfico.



2. El camino de los sueños (Mulholland Drive, 2001)


Es probablemente la película más popular de David Lynch. Muy hitchcockiana en su forma de jugar, al estilo de Vértigo (1958), con personajes que se convierten en otros a la mitad del metraje, El camino de los sueños nos revela personajes que viajan en un relato maravilloso, con ecos de El mago de Oz (1939), pero también en rincones cotidianos que esconden un terror espectral, o en sets cinematográficos que acompañan conflictos pasionales que recuerdan el film noir.


Es una de las visiones más desencantadas y a la vez irónicas de Hollywood, pero a la vez nos presenta a dos de los personajes (dobles) más entrañables de cine de Lynch, encarnados por Naomi Watts y Laura Harring.



1. Lost Highway (1997)


La cinta es una muestra ese estilo tan fluido y orgánico con el que David Lynch cruza los géneros. Es una road movie, pero los tránsitos de los personajes por la carretera los muestra en una hórrida metamorfosis reminiscente de una película de ciencia ficción como Estados alterados (1980) de Ken Russell. Es una película de terror, que deja cabos sueltos para comprender lo fantasmal y lo ubicuo, lo que la hace más turbadora. Es un film noir, pero confronta las culpas del personaje de Bill Pullman en una mirada de la tecnología que es absolutamente visionaria, y ya en los noventa exhibe un mundo próximo al nuestro, en el que todo se registra y todo se sabe a través de una cámara de video.

Lost Highway es magistral en el uso del sonido, tanto en los silencios como en las vibraciones, así como en el uso de la música de Rammstein o Lou Reed. Es un puzzle film, y cuando parece que uno termina de armar las piezas, se da cuenta que es un multiverso, sobre personajes que viajan del presente al pasado, y en ese aspecto se adelantó, siendo fiel al universo del director, a lo que hacen ahora algunas películas de Marvel o éxitos como Todo en todas partes al mismo tiempo (2022).


Si hay una película que sintetiza la magia perturbadora del cine de David Lynch, es ésta.



2 comentarios


No encuentro relación incestuosa en el personaje de Dorothy Valens; si encuentro opresión de una cantante que devela todas sus debilidades ante una comunidad que parece no tiene ojos para la maldad en su máxima expresión que es Dennis Hopper.

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¿Cuándo tendremos tu libro sobre la obra de David Lynch, José Carlos? Pocos la dominan tanto como tú. !Qué ganas de ver a Lynch interpretando nada menos que a John Ford en The Fabelmans! Nunca se nos hubiera ocurrido tal "trasplante" fílmico.

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