"La cronología del agua" (2025): vidas y memorias fragmentadas
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Habiendo debutado en la categoría Un Certain Regard en el Festival de Cannes 2025, La cronología del agua (The Chronology of Water) marca la primera película dirigida por la actriz Kristen Stewart.
Por Hitoshi Isa Kohatsu CRÍTICA / FILMIN, CCPUCP

Adaptando la autobiografía homónima de la nadadora y escritora Lidia Yuknavitch, la película protagoniza a Imogen Poots en el rol principal. Empieza en una infancia con un padre verbal y sexualmente abusivo (Michael Epp), una madre alcohólica y una hermana (Thora Birch) que trataba lo posible para proteger a Lidia. Es en esta etapa de su vida, hasta su entrada a la universidad, en la que descubre dos cosas: la liberación que le trae nadar, lo cual asocia con la desaparición de su identidad, y su propio despertar sexual, lo cual involucra acciones mejor no descritas aquí.
Sigue la vida universitaria, adicción a sustancias, relaciones amorosas que Lidia destruye o que terminan repitiendo patrones de su infancia. Es un retrato de una vida tumultuosa expresada a través de un admirable formalismo visual.
La narrativa se presenta como memorias, narradas por el personaje de Poots y moviéndose entre el pasado, el presente y el futuro de manera errática, confundiendo eventos, creando conexiones que solo se pueden notar en retrospectiva. El montaje que la editora Olivia Neergaard-Holm propone logra crear una buena aproximación de cómo la memoria funciona, mezclando eventos, con fragmentos intrusivos y violentos avanzando o retrocediendo.
Las memorias como tales se presentan en formato de Super 8, ofreciendo una cualidad táctil a las imágenes. Es un magnífico trabajo de dirección de fotografía, cortesía de Corey Waters. El constante uso de acercamientos y planos de detalle comunica inmediatamente el estado mental de Lidia y cómo su entorno influye en la construcción de sus recuerdos.
Mientras tanto, el diseño sonoro es íntimo y enfermizo. Acompañando el constante uso de extrema cercanía, el trabajo de foley revienta sonidos particulares para poder envolver al espectador en el escenario. Tampoco se puede obviar la banda sonora electrónica compuesta por Paris Hurley (conocida como OBJECT AS SUBJECT), la cual dota al filme de cierta energía ansiosa.

Pero, a pesar de una clara ambición técnica, el guion puede dejar mucho que desear. Repleto de trilladas observaciones alrededor del trauma y la vida, la película sufre de explicar absolutamente todo, negando la posibilidad de ambigüedad y, hasta cierto punto, de interioridad para su protagonista. Esto no importa demasiado.
En un ensayo, Against Interpretation, Susan Sontag argumenta en contra de la obsesión crítica por el contenido, la interpretación y el significado; por el “qué se transmite” por encima del “cómo”, es decir, las cualidades sensuales y estéticas del cine. Partiendo desde ahí, argumentaría que los fracasos narrativos de la película caen en un plano secundario frente a sus imágenes, las cuales indudablemente crean un largometraje altamente sensible que merece consideración.
La cronología del agua es ciertamente un admirable debut. Como una experiencia puramente sensorial, la encontré cautivadora. Aun si la historia en sí dejó que desear, es raro poder ver a una directora con este nivel de osadía técnica.

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