La “nueva carne”: cinco películas de Cronenberg para entender (mejor) “Titane”

Titane (2021) de Julia Ducournau, la última ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, usa elementos propios del llamado body horror, y recibe influencias directas del cine de David Cronenberg. Ello la conduce a un territorio singularmente extraño, con un lenguaje que no deja de ser propio. Acaba de estrenarse en la plataforma Mubi.


Por Agustín Baella Arsentales ESPECIAL / TITANE


A partir de un accidente automovilístico que le hace tener un injerto de titanio incrustado en su cráneo, Alexia (Agathe Rouselle) desarrolla una extraña atracción por los carros. Resultado de ello, queda embarazada, con cambios en su estructura metabólica y su corporalidad. A su vez, desata ciertas manías que la terminan convirtiendo en una asesina en serie, cuyo escape implica hacerse pasar por Adrian, un niño desaparecido, y vivir con Vincent Legrand (Vincent Lindon), jefe de un departamento de bomberos, quien cree encontrar a su hijo luego de diez años. Estos son solo grandes rasgos de un viaje trepidante y escabroso que tiene asidero en una de sus principales influencias: David Cronenberg. A continuación, repasaremos algunas películas del autor canadiense que, de alguna manera, han influido a Titane. Ellas sirvieron como experiencias formativas para Ducournau, quien hereda las ideas de su predecesor para seguir dándole una larga vida a la “nueva carne”.



Cuerpos invadidos (Videodrome, 1983): tecnologías del organismo


Hablar de Cronenberg es hablar del miedo que sale de adentro y que contamina lo externo, asociándose con la fantasía sexual. Pero es con Cuerpos invadidos donde se visualiza, en mayor medida, el encuentro del cuerpo con la tecnología, como una colisión que modifica el significado de lo que es un ser humano en términos físicos. Max Renn (James Wood) va experimentando cambios en su organismo a medida que su relación con la virtualidad avanza: penetra con un arma en la mano una abertura rojiza y palpitante, a modo de vagina, en su propio vientre, por donde también introduce una videocasete. En otro momento, saca una pistola, también de la misma rendija abdominal, que se atornilla con unos cables a su brazo para formar un solo elemento. Finalmente, la simbiosis carne-metal resulta exitosa y se dispara para celebrar su muerte como tránsito hacia la nueva carne.


Es precisamente la relación con el metal el motor que hace conducir las acciones en Titane. Desde el accidente en su niñez, la placa de titanio que lleva consigo altera su conducta, hasta trabajar ya de adulta como bailarina en una exhibición de autos. El metal también está presente como herramienta para asesinar, como la horquilla que usa y que incrusta violentamente en sus víctimas. De cualquier modo, lo más llamativo es su preferencia sexual por los carros, lo que desemboca en un embarazo no deseado con un Cadillac Lowrider en llamas.


Las capacidades fértiles de los automóviles de Ducournau implican otra mirada que la directora otorga a la relación cada vez más explícita con la máquina. Alexia se convierte en una expresión de esta idea cronenbergiana que gira alrededor del poder adictivo de la tecnología.



Rabia (Rabid, 1977): la interioridad metálica


Alexia comparte ciertas características con la protagonista de Rabia, llamada Rose. Ella fue interpretada por Marilyn Chambers, una estrella porno que obtenía así su primer protagónico en una película fuera de la industria del cine para adultos. Se ve igualmente involucrada en un accidente de tránsito al iniciar la película, pero en su caso con una motocicleta. Requiere de cirugía plástica y es atendida en la clínica Keloid (queloide, por su traducción al español), donde es tratada con un injerto de piel experimental. Inicialmente, este procedimiento se muestra favorable, ya que le salva la vida y la apariencia externa. Sin embargo, el implante se transforma en un nuevo órgano parasitario que brota de su axila con la forma fálica de un aguijón, a través del cual se alimenta de la sangre de sus víctimas y las contagia de rabia. Por supuesto, ocasiona cambios en el comportamiento de Rose y, apoyada en su poder de seducción como vampiresa sexual, se convierte en una asesina en serie.


Es el componente elaborado por la ciencia que, una vez alojado, altera el comportamiento de su huésped. De esta manera se produce una síntesis típicamente cronenbergiana entre la naturaleza y la tecnología que, al mismo tiempo, da a luz a una “nueva carne”, como sucede también en Titane. Cronenberg, como un visionario, desafía en este caso la supuesta racionalidad con que juzgamos a la tecnología, en una sociedad cada vez más dependiente de ella. Retrata, precisamente por ese sometimiento, las consecuencias no deseadas de un proyecto de dominación y control.


El engendro del diablo (The Brood, 1979): el embarazo y el horror


El embarazo es un motivo recurrente en películas de terror que aparecen a fines de la década del sesenta, sobre todo a partir de El bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968) de Roman Polanski. En cada una de estas representaciones, la mujer embarazada ya no es ella misma, y su cuerpo también deja de pertenecerle. Se somete y cede ante otro ser que lleva dentro. Estamos ante la posibilidad de que lo desarrollado dentro del útero guarde características anormales a partir de extrañas circunstancias.


En El engendro del diablo, Nola Carveth (Samantha Eggar) exterioriza, gracias al método terapéutico del doctor Raglan (Oliver Reed), traumas que la acompañan desde la niñez. Estas prácticas se manifiestan físicamente con protuberancias en el cuerpo de los pacientes del doctor y, en el caso de Nola, con el saco amniótico grotescamente expuesto ante su pareja. De esta manera, da a luz a unos niños monstruosos y asexuados que no hablan y que no poseen dientes, retinas u ombligo. Ellos cumplen los deseos violentos e inconscientes de su madre.


Por cierto, vemos cómo logra reproducirse sin la intervención de un hombre, lo que también sucede en Titane. La película de Ducournau tiene una protagonista que desprecia a los hombres, y prefiere en su lugar el acero y la calentura de los motores. Hay una lenta mutación por el bebé-coche-monstruo que Alexia lleva en las entrañas, ser que la consume y la transforma desde adentro. Así, su embarazo resulta monstruoso, como anteriormente vimos con Nola.


Crash: extraños placeres (Crash, 1996): el placer del metal


Mucho antes de su adaptación de la novela de J. G. Ballard, Cronenberg ya había cuestionado, con obras como Stereo (1969) y Parásitos Mortales (Shivers, 1975), la manera convencional en que se aprecia la sexualidad. De esta manera, los personajes de Crash viven experiencias sexuales extremas, en la búsqueda de una nueva identidad a través de la máquina. Para ellos, incluidos James Ballard (James Spader) y su esposa Catherine (Debora Kara Unger), la idea de que los humanos resulten heridos en accidentes automovilísticos es la única gratificación posible. Ello le ocurre a Alexia de niña, desde que sale del hospital y corre hacia el vehículo familiar en el cual se accidentó, para acariciarlo, besarlo, y estrechar una relación que desemboca en un embarazo.


Asimismo, los personajes se presentan como seres desprovistos de afecto, de emociones reales, incapaces de sentir la más mínima compasión, incluso por sus seres queridos: la doctora Helen Remington (Holly Hunter) no lamenta la muerte de su esposo tras el accidente de carro; y Vaughan (Elias Koteas) se sorprende apenas ante la muerte de su amigo Seagrave (Peter MacNeill). Son indiferentes a las normas sociales en su juego sexual con la muerte.


Alexia en Titane también mantiene un carácter gélido en la mayor parte de la película, así como un comportamiento desviado. En ambas realizaciones, vemos personajes inmersos en un mundo automotriz y en sus posibilidades sexuales de experimentación. Todo se trata de disfrutar de sus cuerpos en contacto erótico con el objeto de metal.



La mosca (The Fly, 1986): metamorfosis de la carne


Es muy frecuente ver en el cine de Cronenberg radicales transformaciones físicas. En La mosca asistimos al cambio psicológico y sobre todo corporal que se da en el científico Seth Brundle (Jeff Goldblum). Su experimentación se desborda cuando pone su propio cuerpo a prueba y, en un accidental encuentro con una mosca, se da una fusión molecular-genética que lo hará metamorfosearse de manera paulatina en un insecto. En primera instancia manifiesta fortaleza física y sexual, pero luego sucumbe ante la mutación para dar paso a un nuevo ser: le crecen pelos de textura gruesa en la espalda, sus manchas en la cara se irán expandiendo, expide malos olores, y se le caen el cabello, las uñas y los dientes.


En Titane, el cuerpo de la protagonista también irá cambiando desde el momento que queda embarazada: pezones que producen aceite de motor ennegrecido en lugar de leche, y una piel que se estira y se raja, revelando el brillo de un metal interior. Además, también necesita cambiar físicamente para convertirse en Adrian: se corta el cabello, se rompe la nariz con el borde de un fregadero, amarra sus senos con vendaje, se golpea para adquirir una figura más masculina. Asimismo, vemos el cuerpo de Vincent que se resiste a envejecer y se aferra a su virilidad a través de inyecciones de esteroides. En ambas películas vemos cuerpos que toman rumbos ajenos a su naturaleza por causa de la tecnología: la fusión cuerpo-insecto conduce a la destrucción de Seth, así como la fusión cuerpo-máquina hará lo mismo con Alexia.


El tema del “horror al embarazo” también se hace presente cuando Ronnie (Geena Davis) se entera de que espera un hijo de Seth, ya en proceso de convertirse en una mosca. Los temores que siente se expresan en una traumática pesadilla, en la que ella se ve a sí misma dando a luz a una larva gigante que se retuerce y se desliza entre sus piernas. Las posibilidades invisibles y completamente monstruosas irrumpen en su mente. Aunque es un sueño, Ronnie sabe que en realidad todavía está embarazada. La pregunta de qué se está incubando debajo de su piel es la misma pregunta que se hace Alexia cuando por fin acepta el embarazo producto de su relación con un Cadillac. Las ansiedades que van de la mano con la reproducción humana han sido elaboradas a través de metáforas del horror corporal durante décadas, dando como resultado películas que exponen los misterios del organismo y que revelan miedos profundamente arraigados.


La influencia de estas películas de Cronenberg contribuye a posicionar el segundo largometraje de Ducournau, luego de haber realizado Raw (2016), entre las propuestas más interesantes del presente cinematográfico. Ciertamente también se reconoce la influencia de Claire Dennis, y también puede haber otros filmes de Cronenberg dando vueltas en las imágenes de Titane. Lo cierto es que la cinta actualiza los asuntos del cuerpo y contempla la importancia cada vez mayor de la tecnología, como un aspecto inevitable e inmersivo de la vida cotidiana, incluso en la elaboración de nuevas identidades.