“Barry” (2016): la incansable búsqueda de la identidad

La película dirigida por Vikram Ghandi se centra en los primeros años universitarios de Barack Obama


Por Rodrigo Bedoya Forno CRÍTICA/ NETFLIX

Fuente: IMDb

Barry no se trata de un biopic en el sentido estricto del término. La película importa menos por el personaje que toca. Sobresale, más bien, por la exploración que hace de la identidad de su protagonista y de la historia de los EE.UU. en ese proceso.


Lejos de la seguridad que emanaba el expresidente estadounidense, Barry es alguien que vive lleno de dudas que espera resolver en Nueva York, donde seguirá sus estudios. Dudas que tienen que ver con su origen: su padre es africano, su madre es una hippie blanca, y ha sido criado en Hawaii, Indonesia y California. La piel del protagonista (excelente Devon Terrell) es negra, pero no siente que sus raíces culturales lo sean. Su crianza en Hawaii no fue la que tienen otros afroamericanos. La película nos mostrará cómo el joven irá buscando ese costado de su identidad que busca llenar a toda costa. Escuchará discursos que hablan de la radicalización del black power, visitará fiestas en viviendas populares donde la población negra es la mayoría (y donde verá de primera mano las consecuencias del racismo y la pobreza institucionalizados), vivirá las diferencias de sentirse culturalmente negro, pero sin ser lo suficiente, como se lo recuerda un latino que, violentamente, lo acusa de elitista. Sin embargo, ninguna de estas experiencias hace que el joven Barack se acerque a esa identidad deseada.


Fuente: IMDb

Lo que busca construir Barry no es solo una identidad ligada a la raza o a la etnia. Tanto su romance con Charlotte (Anya Taylor-Joy), chica blanca de clase acomodada, como sus dudas sobre si ser comprometido o no políticamente, o sobre si los ideales liberales (ligados al hipismo de su madre) tienen espacio en el mundo neoliberal de los ochenta, forman parte de una búsqueda que todo el tiempo se siente esquiva. Emergen respuestas que no terminan de satisfacer ni de convencer al protagonista.


La puesta en escena de la película pone énfasis en las dudas y tensiones que vive Barry. El cariño hacia Charlotte siempre está teñido por la consciencia de sentirse distinto. Las reuniones y encuentros a los que asiste están marcados por el gesto temeroso que Terrell va construyendo, dándole a su versión de Barack Obama una vulnerabilidad juvenil, de aquel que busca su lugar en el mundo sin terminar de encontrarlo.


Barry escapa a muchas de las convenciones del biopic justamente porque evita certezas, momentos de triunfo o caídas y redenciones. Su apuesta es más por acercarnos, con sutileza, a las ambigüedades de un personaje que busca definir su identidad acaso sin quererlo. Cada fracaso se convierte en una nueva posibilidad para que Barry se acerque al discurso sobre el que el Obama político construyó la coalición que lo llevó a la presidencia: las identidades, por más distintas que sean, se pueden unir en base a objetivos comunes



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