"Bugonia" (2025): conspiración sin pulso
- Marcelo Paredes
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La nueva película de Yorgos Lanthimos se adentra en el terreno de las conspiraciones y el absurdo, pero pronto pierde el filo que su propuesta parecía prometer. Este texto explora cómo el filme pasa de lo inquietante a lo ingenuo, quedándose a mitad de camino entre sátira y desorientación.
Por Marcelo Paredes CRÍTICAS / VIDEO ON DEMAND

Creer en algo es parte esencial de la experiencia humana. Incluso cuando esa creencia no está ligada a una religión, siempre buscamos aferrarnos a aquello que está más allá de nuestras capacidades, porque el mundo, en su vastedad, puede hacernos sentir minúsculos. En esa búsqueda de sentido, quedamos predispuestos a aceptar lo que se presenta como más convincente según nuestras herramientas y conocimientos.
En tiempos recientes, con la expansión tecnológica y el auge de Internet, han surgido voces que proponen creencias cada vez más disparatadas y ajenas a los sistemas tradicionales. Las teorías conspirativas existieron siempre, pero la digitalización les ha permitido amplificarse: grupos pequeños ahora se encuentran, se reconocen y multiplican su influencia. Es comprensible mirar esto con curiosidad, e incluso con la intención de satirizarlo.
La pregunta es cómo satirizarlo y qué se busca comunicar. Este año, por ejemplo, Ari Aster presentó Eddington (2025), ambientada en Estados Unidos durante la pandemia, explorando la confrontación ideológica entre bandos, especialmente aquel más susceptible a conspiraciones sobre el COVID-19. La película mostraba cómo esa polarización debilitaba al país y abría paso a quienes realmente controlan el poder. Ese es un modelo.

En el extremo opuesto, y desde un humor más absurdo, aparece Yorgos Lanthimos con Bugonia, producida por el propio Aster y concebida como una adaptación occidental de Save the Green Planet! (Jigureul jikyeora!, 2002). La premisa se mantiene casi intacta: Teddy (Jesse Plemons), junto a su primo Donny (Aidan Delbis), secuestra a Michelle Fuller (Emma Stone), la influyente CEO de una gran empresa, convencido de que pertenece a una raza alienígena que planea destruir la Tierra. En su rol autoimpuesto de salvador, Teddy intentará detener la supuesta invasión.
Mencionar la original es inevitable. Aunque no creo que sea una película brillante, la película surcoreana que el director griego rehace utilizaba lo ridículo de su premisa para alcanzar una melancolía profundamente humana sobre nuestro rumbo como especie y el daño infligido al planeta. Por eso cabía esperar que Lanthimos —quien ha construido mundos cinematográficos regidos por reglas propias, a veces liberadoras, a veces asfixiantes— pudiera llevar esta historia a un lugar igualmente estimulante.
Sin embargo, Bugonia intenta lo contrario: anclar su universo en un Estados Unidos contemporáneo donde el hombre común puede ser tanto un ciudadano funcional como alguien inconforme con su vida. En ese contexto, creer en algo “superior” puede convertirse en un mecanismo para aliviar culpas o justificar frustraciones. Esta aproximación ya implica un aporte interesante, más aún considerando Tipos de gentileza (Kinds of Kindness, 2024), una obra dominada por la crueldad y el sinsentido que, para mí, es una de sus propuestas más débiles. Allí ya se insinuaba el intento de trasladar sus rarezas a un mundo reconocible desde temas como la sumisión y la dominación. En este filme, al menos en su primer tramo, logra modular mejor ese movimiento y nos invita a ser un “tercer secuestrador” que observa de cerca cómo Michelle (interpretada de buena manera por Emma Stone) es arrastrada al delirio mediante torturas y conversaciones que, por momentos, parecen poner en juego el destino de la humanidad.

El problema surge cuando esas conversaciones empiezan a dominar la película hacia su mitad. Es en ese punto donde el cineasta parece abandonar su universo propio para abrazar un discurso que se vuelve predecible y superficial. El mensaje termina reduciéndose a una lectura ligera del tipo “nadie tiene razón”, debilitando la sátira que parecía apuntar a quienes creen ciegamente en teorías conspirativas y, en su torpeza, generan el caos que buscan evitar. No se trata de exigir respuestas cerradas, pero este relato sí requería una dirección más clara, especialmente porque insinuaba un interés político que no se concreta. A cambio, insiste en la idea de que Michelle podría ser una alienígena, sin explorar las implicancias de ello ni ampliar el alcance de la premisa.
No detallaré el final, aunque quienes vieron la cinta coreana ya anticiparán la dirección. El cierre traiciona lo construido en los primeros dos tercios, reemplazando la tensión farsesca y política por un absurdo que no llega a la crueldad pero sí cae en lo ingenuo, casi infantil. Ese es, en esencia, el mayor problema de Bugonia, que a diferencia de Pobres criaturas (Poor Things, 2023), que puede ser cuestionada en varios frentes, se arriesga en su forma y su discurso. Aquí las ideas quedan diluidas, dejando ideas incompletas que se sienten como una versión suavizada de la narración original.
Aun así, las actuaciones sostienen algunos pasajes —Emma Stone y Jesse Plemons siempre cumplen— y también destaca el juego visual con el motivo del panal, así como el uso del VistaVision, que otorga una falsa grandilocuencia a espacios reducidos. Ese artificio visual funciona, pero queda relegado ante la sensación de que Yorgos Lanthimos prefiere presionar los botones necesarios para complacer a su audiencia sin llevar la premisa a un lugar más arriesgado. Sus seguidores probablemente lo aplaudirán, y ese es justamente el motivo por el cual considero que Bugonia es un filme flojo, careciendo de impulso, de ambición y de voluntad por empujar los límites de una idea que parecía prometedora. En lugar de llevar el absurdo al extremo, opta por tratarlo con una solemnidad poco satisfactoria, especialmente en vista del cierre que propone. No diría que es una decepción, porque para eso habría que haber esperado más. Y si bien es cierto que hay una mejora con respecto a su película anterior, tampoco es mucho decir.

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