“El Agente Secreto” (2025): una memoria que resiste ser devorada
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La dictadura brasileña y sus desapariciones sirven de marco para un thriller político sobre identidad, memoria y abuso de poder. Contiene spoilers.
Por Daniel Pérez Sibaja CRÍTICAS / CARTELERA COMERCIAL

La Comisión Nacional de la Verdad de Brasil confirmó la cifra de 434 muertos y desaparecidos políticos durante el periodo dictatorial entre 1964 y 1985, aclarando que esta cifra no refleja el total debido a la falta de acceso a archivos y documentación, ya que “bajo la dictadura militar, la represión y la eliminación de los opositores políticos se convirtieron en política de Estado” (AFP-AP, 2014). Justamente, la última película de Kleber Mendonça Filho gira en torno a esta temática.
O Agente Secreto, una de las grandes protagonistas en la temporada de premios, cuenta la historia de Armando (o Marcelo, siendo este su identidad secreta), un profesor de tecnología que debe abandonar São Paulo para refugiarse en Recife, mientras Henrique Ghirotti, un empresario vinculado con el régimen militar, busca asesinarlo.
El nombre de la obra, al contrario de lo que pensé previo a verla, no anticipa una película sobre espías al estilo de la saga Bourne o Skyfall, sino una visión más íntima y reflexiva sobre los horrores de la opresión dictatorial. Kleber Mendonça Filho construye un drama y thriller político que muestra un contexto ciertamente familiar para muchos países hispanohablantes. Los civiles son obligados a sobrevivir frente a una corrupción institucional que, como un tiburón, quiere devorar todo registro de sus existencias.
En un primer momento, el autor apuesta por la incertidumbre como estructura narrativa, ya que durante el transcurso del primer acto iremos descubriendo progresivamente la historia de “Marcelo”. El interés se mantiene a partir del desconcierto y las preguntas que surgen en el espectador: ¿Quién es realmente Marcelo? ¿De qué huye? ¿Se llama realmente Marcelo? ¿Quiénes lo persiguen? Todas estas preguntas son respondidas progresivamente en un relato que acierta al preservar la atención de los espectadores de esta manera.
En retrospectiva, podemos notar que la primera escena resume el argumento del largometraje. En una gasolinera ubicada en la carretera camino a Recife, Marcelo se detiene para llenar combustible y se percata de que hay un cadáver cubierto con cajas de cartón; aun así, decide quedarse por la gasolina, y el dueño del negocio le explica que se trataba de un ladrón que fue asesinado previo a los carnavales y, debido a la festividad, ningún policía o morgue ha ido por el cuerpo. Tan solo unos minutos después, la policía llega y, lejos de estar ahí para gestionar el problema del difunto ladrón, decide pedirle identificación a Marcelo y un posterior soborno.
Vemos elementos clave que nos dan pistas sobre los principales conflictos de la obra: la pérdida de identidad y la corrupción. El personaje de Wagner Moura queda prácticamente hipnotizado por el cadáver al ver su futuro reflejado en él: un hombre que murió y fue despojado de su identidad; su cadáver queda a la deriva y fuera del sistema. Los familiares de ese ladrón probablemente no sepan del suceso, como si nunca hubiese existido o como si a nadie le importara. Asimismo, queda claro el funcionamiento del poder y cómo operan las instituciones en el universo que nos ilustra Mendonça Filho, basado en los horrores de la dictadura brasileña, donde el miedo es impuesto por las autoridades y los civiles aplican todo tipo de estrategias para sobrevivir.

Justamente, la figura del tiburón, referenciando directamente a la película de Spielberg, Jaws (1975), se vuelve una metáfora de la opresión. Además de brindarnos un contexto cronológico, el autor enfatiza cómo el tiburón alude al modus operandi de los policías y el poder en Brasil. El hijo de Armando constantemente dibuja tiburones debido al estreno reciente del filme y el furor alrededor de él, siendo un constante recordatorio para el protagonista de las fuerzas que están tras él, listas para devorarlo y desaparecer sus restos. En un momento, incluso, el tiburón funciona como una especie de cuervo, al estilo de Edgar Allan Poe, un constante recordatorio de los miedos de Armando. En una escena concreta se hace más clara la metáfora, cuando descubren una pierna humana dentro del estómago de un tiburón. Si bien nunca descubrimos explícitamente a quién pertenece la pierna, sí vemos en otro fragmento cómo los policías de Recife arrojan un cadáver al mar para desaparecerlo. Las autoridades son tiburones y el resto del mundo es obligado a nadar entre ellos; cuestionarlos se vuelve la sangre que desencadena el desastre.
La pierna cercenada se vuelve otro elemento distintivo e importante dentro de la película. En una escena que desentona (apropiadamente) con el tono dramático y el suspenso que maneja la obra hasta ese momento, vemos cómo la “pierna peluda” cobra vida y empieza a atacar a los civiles en un parque de Recife durante la madrugada, donde se lleva a cabo la prostitución hetero y homosexual. El uso de este recurso fantástico con dotes humorísticos irrumpe en la historia para también demostrar cómo las autoridades son percibidas y denunciadas por el pueblo. Momentos antes de esta escena vemos a los policías discutir sobre los “paseos” que realizan nocturnamente. La pierna no es más que otra alegoría al abuso policial, debido a las características y los afectados durante el suceso, pero en este caso vemos cómo la prensa hace eco del evento y lo denuncia a través de la figura de la pierna como leyenda urbana. El recurso, totalmente irreverente y disruptivo, funciona como otro acierto narrativo que sabe cambiar el tono de la película brevemente sin dejar de lado el mensaje que comunica; incluso toma lo absurdo para dar más fuerza a la alegoría.
El valor de la identidad y la memoria es otro de los principales elementos del filme, siendo el conflicto interno del protagonista. Además de la escena inicial, donde vemos el interés que suscita el cadáver de la gasolinera en Armando, otra de las subtramas del personaje nos muestra cómo busca información sobre su madre en el instituto de identificación donde trabaja con su nueva identidad, debido a que no tiene ningún registro de ella. La búsqueda de Armando evidencia el valor del registro para preservar o crear memorias; el protagonista no sabía nada más de su madre aparte de su apodo. Su apuro por conseguir esta información se vuelve una lucha ante la posibilidad de ser olvidado. En este sentido, la película explora el valor del recuerdo desde una perspectiva filosófica, demostrando que dependemos de comprobantes para preservar nuestra identidad y existencia, ya que sin fotos o registros es como si nunca hubiésemos existido. Incluso el hijo de Armando, Fernando, refuerza esta idea: al final del filme, muchos años más tarde, vemos cómo Flavia, una trabajadora universitaria, le entrega a Fernando un USB con toda la información que registró sobre el caso de Armando. En un principio parece no interesarle debido a que no recuerda casi nada de su padre; para él es solo un extraño. En un contexto donde el poder atenta contra la identidad de los civiles, la memoria y el registro se vuelven resistencia.

Ya en su anterior película, el director había explorado la cara más emocional de las repercusiones de la dictadura militar en Brasil, siendo Retratos fantasmas (2023) un documental que también exploraba el valor de la memoria y la fragilidad de los recuerdos. En este caso, usa la ficción y alterna entre varios géneros para reforzar estas ideas, además de atacar el contexto militar no solo como el escenario donde se desarrollan los hechos, sino como el principal antagonista de la obra.
Además de los aciertos narrativos y los temas que propone la película, Wagner Moura destaca con una actuación que comunica más allá de las palabras. Previo al conflicto central y a través de flashbacks, vemos cómo Armando es desafiante y firme con sus ideales, sin ceder ante los Ghirotti a pesar de las amenazas, pero tras la muerte de su esposa (la cual se sugiere que fue realmente a raíz de los Ghirotti), el protagonista opta por callar. Constantemente vemos que Armando se expresa silenciosamente; su angustia y pesar quedan esbozados en un rostro afligido. Solo puede gritar de miedo cuando se encuentra inconsciente, como en la escena donde despierta de la pesadilla. Además de su gran interpretación como Armando, Moura también interpreta a Fernando en su versión adulta, plasmando un personaje notoriamente diferente a pesar de tratarse de su hijo. En su breve aparición, podemos ver que Fernando gesticula con cierto nerviosismo que recuerda a aquel niño asustado de los tiburones, además de diferenciarse del temple o el dolor silencioso de Armando. No queda duda de que Wagner Moura logra una interpretación espectacular, llena de matices que dan vida a Armando y Fernando de igual manera.
El Agente Secreto es un registro de la memoria y la identidad brasileña durante la dictadura militar; la película goza de interpretaciones notables y diferentes recursos narrativos provenientes de varios géneros para relatar una historia emotiva. El filme es una denuncia al abuso de poder y un recuerdo de todos aquellos opositores que desaparecieron a manos de un régimen opresor.
REFERENCIAS:
AFP-AP. (2014 diciembre 10). Comisión de la Verdad de Brasil confirma 434 muertos o desaparecidos. La Prensa. Recuperado de: https://www.prensa.com/mundo/Comision-Verdad-Brasil-dictadura-desaparecidos_0_4092340876.html?utm_source=chatgpt.com

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