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“Amélie y los secretos de la lluvia” (2025): un recuerdo que fluye como el agua

  • hace 5 minutos
  • 3 Min. de lectura

La película animada de Maïlys Vallade y Liane-Cho Han adapta la novela autobiográfica Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb. Contiene spoilers.

 

Por Alberto Ríos                                     CRÍTICAS / VIDEO ON DEMAND

"Amélie y los secretos de la lluvia" (2025). Fuente: La República
"Amélie y los secretos de la lluvia" (2025). Fuente: La República

La infancia en el cine suele funcionar como territorio de proyección adulta, un espacio donde el espectador vuelve a mirar el mundo con asombro, aunque ya no pueda habitarlo. En Amélie y los secretos de la lluvia, Maïlys Vallade y Liane-Cho Han profundizan esa línea desde la animación, tras una trayectoria vinculada al trabajo visual y al diseño artístico, y lo hacen a partir de la adaptación de Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb. La novela, de fuerte impronta autobiográfica, encuentra aquí una traducción que asume el riesgo de narrar la experiencia desde el interior mismo de la conciencia infantil.


Amélie, la hija menor de un diplomático belga destinado en Japón a finales de los años sesenta, nace y no responde a estímulos. Un médico la declara en estado vegetativo. La familia reorganiza su vida en torno a esa ausencia de reacción, hasta que un temblor activa en la niña algo que la película define como vida: la aparición de la mirada. Desde entonces, el relato acompaña el surgimiento de la mirada como acontecimiento vital. La conciencia aparece como una experiencia sensorial: el contacto con la lluvia, la intensidad del agua, la textura del chocolate, el movimiento de las carpas en el estanque.


La animación en 2D, de apariencia acuarelada, sostiene esa percepción. Los colores vibran, se expanden y se superponen con una fluidez que remite a la memoria. La puesta en escena privilegia la síntesis, pasando por diversos fragmentos cortos en la joven vida de la protagonista. El movimiento de la imagen acompaña el ritmo de la infancia, con transiciones suaves que encadenan episodios como si se tratara de recuerdos encabalgados, todo acompañado por un movimiento de las imágenes que parece fluir como el estanque cercano a la casa.


"La pequeña Amélie y los secretos de la lluvia" (2025). Fuente: The Rolling Stones
"La pequeña Amélie y los secretos de la lluvia" (2025). Fuente: The Rolling Stones

El guion se organiza en fragmentos que condensan hitos del crecimiento, como las primeras palabras, la apropiación del lenguaje, la curiosidad ante la naturaleza y la irrupción del miedo. La pregunta por la muerte emerge tras el fallecimiento de la abuela, acontecimiento que introduce una fisura en la experiencia luminosa de la infancia. Amélie afirma que saber qué es la muerte no equivale a comprenderla, formulando una idea que delimita la distancia entre conocimiento y experiencia. La voz en off, atribuida a la propia protagonista, introduce así una dimensión reflexiva que otorga espesor a esas vivencias. La narración construye una conciencia capaz de observarse a sí misma, ampliando el alcance de lo vivido sin desprenderse de su raíz infantil.


La representación de los lazos familiares constituye otro eje central: la atención fluctuante de los padres, la incomodidad del hermano mayor y la presencia afectiva de la niñera Nishio-san. La figura de la casera Kashima-san introduce una tensión distinta: su resentimiento hacia la familia se vincula con el recuerdo del bombardeo en el que perdió a su esposo. Ese dolor, aún activo, se proyecta sobre Amélie debido a su origen extranjero, desplazando hacia la niña una memoria que no le pertenece. La película inscribe así la experiencia individual dentro de una herida histórica que continúa operando en el presente.


En la atención a la naturaleza y en la densidad emocional atribuida a los niños puede advertirse la influencia de Hayao Miyazaki. La película desarrolla, sin embargo, una identidad visual propia, vinculada a la tradición ilustrativa francesa y a una paleta cromática que privilegia la vibración y la síntesis. Esa convergencia entre imaginarios europeos y japoneses define también a la protagonista, atravesada por lenguas y culturas diversas.


En setenta y ocho minutos, Amélie y los secretos de la lluvia condensa el tránsito desde la indiferenciación inicial hacia la constitución de una mirada consciente. La película entiende la infancia como el momento en que el mundo adquiere forma y significado. Bajo la lluvia que resuena en su nombre, Amélie descubre que existir implica mirar, recordar y construir vínculos que organizan la memoria futura.




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