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“El día de la revelación” (2026): moralismos y serie B

  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

La más reciente película de Steven Spielberg, tal vez su más graciosa hasta la fecha.


Por Hitoshi Isa Kohatsu CRÍTICA / CARTELERA COMERCIAL

"Disclosure Day" (2026). Fuente: IMDb
"Disclosure Day" (2026). Fuente: IMDb

Daniel (Josh O’Connor) ha traicionado a una vasta conspiración que guardaba un secreto de la humanidad: la existencia de vida alienígena. Margaret (Emily Blunt), mientras tanto, ha recibido un misterioso poder relacionado con estos extraterrestres. Ambos son perseguidos por Noah (Colin Firth) y su siniestra organización, pero el destino lleva a los dos protagonistas hacia un encuentro que revela su pasado y, posiblemente, una esperanza para un mundo al borde de la guerra.


La trama, como la he descrito, es ridícula. En práctica, tampoco es muy cautivadora o conmovedora. Pero me di cuenta de algo, en medio de esa sala oscura en la que no quedaba un solo asiento libre, mientras la proyección de luz sobre el ecrán nos entretenía.


Llegué a la conclusión de que la película era una imitación. No una sátira, o parodia, o pastiche, o ningún término que pueda implicar algún tipo de trabajo transformativo. Era mimesis, pantomima de un tipo de cine particular: la ciencia ficción de serie B. 


No es la primera película de Spielberg que se acerque al tema de los alienígenas; ya lo había hecho famosamente en E.T., el extraterrestre (E.T. The Extra-Terrestrial, 1982) y Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977), filmes con una especie de asombro infantil que el director ha superado hace mucho. También lo había hecho en Guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005), pero en esa ocasión como una respuesta casi postraumática al ambiente sociopolítico del momento. Día de la revelación, en cambio, parece aproximarse más a una referencia al tipo de ciencia ficción que era común en la infancia de Spielberg. 


La estructura es un buen acercamiento a esas películas, con innumerables tropos y modos dramáticos de un cine que tuvo un real auge en la década de los cincuenta. Las posesiones, los arcos emocionales forzados, las miles de coincidencias que mueven la trama, los efectos especiales inverosímiles, la conspiración que es increíblemente vasta y simultáneamente incompetente. No pude evitar recordar Emisario de otro mundo (Not from This Earth, 1957), Vampiros del espacio (Plan 9 from Outer Space, 1958), Las sanguijuelas humanas (The Brain Eaters, 1958). Ese es el tipo de filme que es la primera y mayor inspiración de este trabajo.


"Disclosure Day: todo sobre la misteriosa nueva película de Steven Spielberg" (2026). Fuente: GQ México
"Disclosure Day: todo sobre la misteriosa nueva película de Steven Spielberg" (2026). Fuente: GQ México

Lo importante de aquellas películas es que no eran muy buenas. Eran intentos sinceros que absolutamente fracasaban como ficción seria. Por ende, solo se podría decir que Día de la revelación es un muy exitoso intento de hacer una mala película. Hay hasta partes en las que

ser una mala película le juega a favor.


Por ejemplo, las porciones del guion cargadas de moralismos típicos del cine del Spielberg moderno, en el que sus usuales sermones son aliviados por la simple incredulidad que produce el resto del largometraje. De hecho, es un agregado para el absurdo, casi como la escena introductoria de Plan 9 from Outer Space, en la que uno se ríe de la disonancia entre la entusiasta intención del contenido con la calidad de su presentación.


A eso se le suman las actuaciones. O’Connor y Blunt son robóticos; en ningún momento convencen como personajes dentro de una historia, no presentan una sola emoción orgánica o realista. Blunt, especialmente, con su ridículo acento estadounidense, parece solo ser capaz de existir en un solo tono, aunque eso podría decirse de todos los actores, realmente. 


Pero, una vez más, ese tipo de actuación también es típico de la serie B; es casi la mitad de su encanto. Así que casi cualquier “crítica” que se pueda levantar frente al filme se desmorona ante un simple hecho: es verdaderamente una muy buena imitación. 


Si hay algo que sí es una falla es que la película, fundamentalmente, no tiene fricción. Nunca se siente que los personajes están en algún peligro o apuro. Las tensiones entre personajes se esfuman tan rápido como aparecen. Ninguna situación termina con muchas consecuencias para los protagonistas, todo parece demasiado fácil. Debe decir algo que el villano, más que ser superado, solo se rinde para el momento climático. 


Hubo un momento en mi butaca en la que me pregunté si la película cuenta como camp o kitsch. Como esa es una cuestión de intención, termina siendo irrelevante. Pero es uno de los dos, en mi opinión, y el filme es mejor disfrutado entendiendo esto. 






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