“El hombre elefante” (1980) cumple 40 años

El mes pasado estuvo de aniversario uno de los más singulares biopics de la historia del cine, dirigido por David Lynch.


Por Diego Olivas Arana CRÍTICA/ANIVERSARIO

John Hurt como John Merrick (el hombre elefante) Imagen: Un dominio propio

Pocas veces el retrato de un hombre puede generar sentimientos tan encontrados. Por un lado, está la tristeza y empatía que despierta el ver a este individuo con deformidades tan extremas, pensar en su dolor, imaginarlo y tratar de ponernos en su lugar. Por otro, se encuentra la admiración, el respeto y cariño por este hombre que, a pesar de las dificultades que implicaba su existencia, logró descubrir el arte, moverse en la sociedad y mostrar su sensibilidad al mundo. Finalmente, tenemos aquella natural y lamentable repulsión y miedo que conjura aquello que parece imposible, ya sea por horroroso o por extraño, siempre acompañada de cierta curiosidad hacia lo diferente. Sin duda, la vida de Joseph Merrick (1862-1890), afamado en el mundo entero como "El Hombre Elefante”, una persona tan bella como miserable, tan excepcional como desdichada, tenía que ser parte de la filmografía de David Lynch.


2020 parece ser un año crucial para esta historia. Se cumplen 130 años del fallecimiento de Joseph "El Hombre Elefante” Merrick. Además, su mejor representación cinematográfica cumple 40 años. Filmada completamente en blanco y negro —como la anterior película de Lynch, la clásica Eraserhead (1977)— El Hombre Elefante (The Elephant Man, 1980) fue muy reconocida por su historia, formidable maquillaje, excelente fotografía y por la genial interpretación de John Hurt en el rol protagónico.


Anthony Hopkins como el doctor Frederick Treves

Joseph Merrick —llamado John en la película— tenía 27 años cuando murió. Sufría de distintas malformaciones en todo el cuerpo, todas muy intensas. Si bien se sospecha o asume que padeció del síndrome de Proteus, la ciencia todavía no esclarece su diagnóstico. Merrick vivió una vida tan triste como peculiar en la Londres del siglo XIX. Pasó de ser víctima de la discriminación y rechazo general, siendo exhibido como un monstruo en ferias y espectáculos de fenómenos, a ser un personaje curioso y una suerte de celebridad entre la alta sociedad de la era victoriana, gracias a su amistad con el cirujano Frederick Treves. Fue conocido asimismo por su carácter educado, su inteligencia y su fascinación por el arte. Además de ser parte de un episodio inolvidable de la anatomía humana y de la historia, fue probablemente, como diría Tom Norman, su infame explotador en las ferias y posterior representante, “el ser humano más notable que jamás haya respirado la vida”.


Su vida adaptada al cine acabó siendo una de las películas más hermosas de David Lynch. El actor John Hurt es formidable como Merrick. Se percibe mucha humanidad debajo de todo el maquillaje. Hurt se hizo de variados galardones y reconocimientos, entre ellos cuatro premios BAFTA y ocho nominaciones a los Oscar. De igual manera, vemos a Anthony Hopkins todavía joven interpretando a Treves, en una actuación tan elegante como intachable. Treves es el doctor inteligente que siente afecto por el Hombre Elefante y lo ayuda, pero no deja de ser un médico perspicaz y astuto al final.


El Hombre Elefante prevalece como una película a la que vale la pena retornar eventualmente. Se trata de uno de los exponentes más tradicionales de la filmografía del maestro David Lynch, quien quizá creó un relato que podría pecar de moralista, pero que dialoga con la compasión sin alejarse de su estilo excéntrico, que se fascina ante lo extraño. Al mismo tiempo, es una crónica de la falta de humanidad y empatía de la gente, reflejada en la vida de este hombre aprisionado en un cuerpo muy infortunado. Es un relato que no pierde vigencia.




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