Entre humano y animal: 10 películas proto-therian
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Desde cuerpos que mutan, hasta identidades que fracturan los límites entre lo humano y animal: diez películas que exploran la identidad animal en humanos y pueden representar de algún modo la sensibilidad therian a través de diversos géneros y enfoques.
Por José Carlos Cabrejo y Daniel Pérez Sibaja ESPECIALES / THERIAN

La comunidad Therian ha despertado un interés en los medios masivos, siendo integrada por individuos que se identifican con animales de una especie en específico a nivel psicológico y espiritual (Solis Rivera, 2026). A lo largo de la historia del cine, la figura de lo animal ha funcionado como un espejo incómodo de lo humano, ya sea desde el terror, la fantasía o el documental. Estas películas exploran esa frontera difusa donde lo animal opera como resistencia ante lo humano o como una pérdida de identidad. Desde distintas épocas y géneros, estas diez películas ofrecen una mirada particular sobre la identidad animal y funcionan como un antecedente de la sensibilidad therian contemporánea.
Island of Lost Souls (Erle C. Kenton, 1932)
Inspirada en La isla del doctor Moreau de H. G. Wells, esta película realizada antes de la aplicación estricta del Código Hays muestra a personajes en una frontera entre lo humano y lo animal, aunque desde un recorrido inverso al de los therians. Un marinero llamado Edward Parker (Richard Arlen) descubre que un médico y científico interpretado por Charles Laughton realiza experimentos en los que busca convertir a animales en humanos.
La fotografía del legendario Karl Struss, de sombras contrastadas y aire nebuloso, crea un clima entre perturbador y ensoñado. Además, la película de Kenton puede apreciarse como precursora de lo que posteriormente se definirá como body horror. Notamos las posibilidades de mutación de esos cuerpos, que actúan como el reverso de la metamorfosis de hombre en insecto en La Mosca de David Cronenberg.
Lo que hallamos son personajes de corporeidad humana con rasgos animales, sea un pelaje abundante o facciones primates. Desde sus primeros minutos, la cinta nos introduce en un descenso humano hacia lo salvaje, con ruidos de animales en off que se escuchan incesantes. Hay sugerencias eróticas en la relación entre el protagonista y Lota (Kathleen Burke), una pantera convertida en mujer. Si bien es considerada por el mad doctor como su más grande creación, repentinamente muestra que sus manos van volviendo a su forma original, como garras.
En ese sentido, el villano, interpretado de modo imponente por Laughton fantasea con otras posibilidades de explotación de sus criaturas, entre ellas la sexual. Island of Lost Souls fue objeto de censuras por sus imágenes y contenidos chocantes, pero perdura por una visión del cuerpo construida como una pesadilla, con esos seres que, como lo dice el personaje de Bela Lugosi, son mitad humano mitad bestia. Pueden tener como extremidades inferiores una pierna y a la vez una pata con pezuña, como salidos de una sombría pintura surrealista (JCC).
Cat People (Jacques Tourneur, 1942)
Si en algo puede recordar a los therians esta obra maestra del género de terror es en cómo Irena (Simone Simon), una mujer de origen serbio, se siente como una pantera, aunque a su pesar. Ella se casa con Oliver Reed (Kent Smith), y le relata una leyenda por la cual teme que pueda convertirse en ese felino si es invadida por los celos o el deseo sexual. La relación entre ambos se complicará cuando Alice (Jane Randolph) muestre un interés por él, que derivará en un triángulo amoroso.
La transformación de Irena en pantera siempre está sugerida, fuera del campo visual. Por ello, lo extraordinario en Cat People es cómo sentimos esa dimensión animal en el personaje. Se percibe oculta tras la elegancia de sus abrigos de piel y sus prendas opacas, o tras sus gestos, que oscilan entre la inocencia infantil y el sufrimiento. Pero, ante todo, se experimenta en la maravillosa iluminación de Nicholas Musuraca, con un alto contraste en el que las sombras nos conducen a imaginar la metamorfosis, o a verlas proyectadas en paredes como reflejos de rejas o barandas, que crean una atmósfera de encierro, tanto de los personajes como del propio deseo, a veces salvaje, de Irena.
Tourneur era un maestro de lo mínimo. No solo es el uso soberbio de la luz, sino también de sonidos puntuales, contrastados de modo inquietante con el silencio. Cat People demuestra cómo el terror se puede crear a partir de lo que el espectador imagina y no necesariamente ve o escucha. También revela de qué manera un personaje que encarna ese “otro” monstruoso, típico del género, puede despertar emociones inesperadas. Irena transmite un hondo sentimiento de tragedia por lidiar con una condición que la desborda. La llave que la protagonista ve en sueños libera a un felino en un zoológico, pero sobre todo la animalidad de su propio cuerpo (JCC).

The Vampire Lovers (Roy Ward Baker, 1970)
Esta adaptación de Carmilla de Sheridan Le Fanu plasma muchas de las convenciones del cine de vampiros realizado por la productora británica Hammer, pero posee rasgos que la hacen única. Uno de ellos es su acento en lo animal. Es verdad que las películas sobre Drácula y afines giran sobre la transformación de un ser de apariencia humana en murciélago, pero el filme de Roy Ward Baker se sumerge en el deseo femenino hasta el punto de desarrollar otras ideas visuales.
En una escena, la joven e inocente Laura (Pippa Steel) tiene un sueño. Las imágenes de pronto tienden al blanco y negro. Una sombra de dimensiones bestiales y expresionistas se refleja en la pared de su habitación. Un ser casi indescriptible, de pelaje abundante, la acecha sobre la cama. Un plano de su rostro agitado, con los ojos cerrados, es sucedido por otro de los ojos de un felino negro, que repentinamente deviene en los ojos de Mircalla (Ingrid Pitt).
La vampira que interpreta Pitt, con su voz y su presencia imponentes, nos conduce a una imaginación onírica del humano como un animal. Ello se va repitiendo en otras escenas del filme, como aquella en que Emma (Madeline Smith) describe un sueño semejante, y no precisa del todo el ser que la invadió en el sueño, ¿es un lobo? ¿un gato?
Los sueños revelan miedo, pero a la vez una atracción hacia la figura de una vampira que, a diferencia de otros títulos de la Hammer, se acerca con un magnetismo lésbico. Visualizarla de un modo próximo a lo bestial remite a deseos prohibidos que, como suele pasar en el terror gótico, son reprimidos en un espacio de figuras religiosas (JCC).
La Bestia (La Bête, Walerian Borowczyk, 1975)
En esta película erótica realizada en Francia, pero dirigida por el provocador e influyente cineasta polaco, Lucy (Lisbeth Hummel) viaja a una finca para contraer nupcias con Mathurin (Pierre Benedetti). Su llegada la conduce a interesarse por una antepasada de su prometido. Aquella mujer de otro tiempo se llama Romilda de l’Espérance, y corre la leyenda de que tuvo cercanía física con una enigmática bestia en los bosques próximos.
Si algo acerca La Bestia al discurso therian es la sensación de que Lucy transita desde su humanidad hacia una dimensión pura de la naturaleza y de lo animal. Los relinchos que escucha a lo largo del filme, y sus encuadres subjetivos del bosque, abren paso a un deseo que se refleja en esas fotografías de connotación sexual de los caballos de la finca.
Hay trazos del pasado surrealista de Borowczyk en esos sueños o flashbacks de las vivencias de Romilda con aquel ser bestial. Están filmados con una desinhibición polémica en su tiempo, que todavía hoy puede resultar profundamente incómoda. El traje que lleva el actor que interpreta a la bestia, de pelaje y rasgos similares a los de un jabalí, tiene un acabado camp que puede recordar las máscaras y otros accesorios que usan los therians en la actualidad, solo que en la película el disfraz es usado como emanación fantasiosa del deseo sexual femenino (JCC).

La Princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)
La película de Hayao Miyazaki se ha vuelto uno de los íconos de la animación japonesa a nivel internacional, principalmente en las comunidades therian por los discursos animalistas y ambientalistas que desarrolla. La trama plantea los conflictos entre la naturaleza y el mundo animal frente a la expansión industrial, a través de la historia del príncipe Ashitaka como mediador entre las fuerzas espirituales del bosque y las comunidades de la Ciudad del Hierro. Las comunidades humanas atentan contra el orden natural del bosque, por lo cual San, una joven criada por lobos, intenta evitar la intervención humana.
La película presenta a las comunidades humanas como las fuerzas antagónicas de la trama, pero esto no incluye a todos los humanos en general, sino a aquellos cuya ambición por el desarrollo tecnológico los orilla a destruir el medio ambiente y abusar de la vida animal. El largometraje presenta a la señora Eboshi como la figura de una mujer preocupada por las comunidades humanas y los desamparados, pero capaz de destruir el bosque con el fin de obtener todos los recursos necesarios, siendo desafiante frente a la vida animal y poniéndola por debajo de la vida humana. La Princesa Mononoke se ha vuelto una obra representativa para la comunidad therian al plasmar la intervención humana con fines expansionistas y explotadores como la figura antagónica.
El personaje de San representa la identidad therian al tratarse de una joven que es criada por lobos y rechaza su humanidad, expresando verbalmente que ella no es una humana, sino una loba más de su comunidad. La figura del personaje representa la dicotomía entre la humanidad y lo animal en un mismo individuo, donde lo salvaje y la consciencia conviven en un mismo ser (DPS).
Tierra de osos (Brother Bear, Aaron Blaise y Robert Walker, 2003)
La película animada de Walt Disney Animation Studios narra la historia de Kenai (Joaquin Phoenix), un joven que, tras matar a un oso por venganza, es transformado en uno de ellos por las fuerzas espirituales; Kenai enfrenta un viaje de aprendizaje para entender el mundo animal. El filme utiliza una narrativa de redención para contar una historia infantil y solemne, donde se exploran la empatía y el perdón como principales temas.
La transformación en animal funciona como una oportunidad de empatía y crecimiento para el protagonista. Una vez convertido en oso, Kenai se encuentra con Koda (Jeremy Suarez), una cría que lo acompaña durante todo su viaje. El joven acompañante le ayuda a Kenai a entender la vida de los osos, entendiéndolos como similares y ya no como enemigos. Nuevamente, la ira y la fuerza humanas son concebidas como la verdadera amenaza frente a la naturaleza y el mundo animal; la película plantea cómo vivir en la piel de un oso le ayuda a Kenai a reconocer sus errores y las bondades de la vida animal.
La música de Phil Collins y la animación crean un relato para toda la familia, donde lo animal es concebido como una oportunidad de redimir los errores del pasado y empatizar con el entorno. La vida animal es planteada en la misma jerarquía de valor que la humana, compartiendo valores y estableciendo una relación de equivalencia entre humanos y naturaleza (DPS).

Grizzly Man (Werner Herzog, 2005)
El legendario cineasta explora en este documental la vida de Timothy Treadwell, un activista que se asentaba en la península de Alaska para convivir con osos pardos. Él creía que estos animales estaban expuestos a una serie de amenazas, por lo que decidió vivir junto a ellos durante largas temporadas para protegerlos. El material de archivo que muestra Herzog, basado en las propias grabaciones que Timothy realizó de ellos, revela a alguien que se sentía en profunda comunión con lo animal y la naturaleza.
Él se sentía un oso más, y no necesitaba, por supuesto, de disfraz alguno para ello. El realizador alemán acompaña el found footage con su voz en off. Así, no solo sorprende la conexión honda y a la vez insólita de Timothy con la naturaleza y los animales, sino la cercanía que siente Herzog con él. Si la proximidad de Treadwell con los osos es animal, la de Herzog con el activista es metacinematográfica: halla en aquel material audiovisual un espejo de su propia vida como realizador y un legado emotivo de cómo las imágenes en movimiento pueden registrar la belleza de lo salvaje (JCC).
Tusk (Kevin Smith, 2014)
La obra de Kevin Smith, perteneciente a la trilogía True North, es un acercamiento a la transformación animal desde la perspectiva del body horror y el humor negro característico del cine B. La historia se centra en Wallace Bryton (Justin Long), un podcaster que es secuestrado por Howard Howe (Michael Parks) para ser sometido a una transformación en una morsa. El director realiza un acercamiento a la identidad animal como contraposición y pérdida de la consciencia humana.
La identidad animal suele ser representada en estas películas como una oportunidad de liberación o aprendizaje, o incluso como una fuerza resistente ante la constante intervención y maltrato del ser humano. Sin embargo, Tusk se distancia de estos conceptos para mostrar la transformación desde lo absurdo y perturbador, donde la identidad animal es una imposición y no una identidad interior, recordando a películas como La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2010). La metamorfosis de Wallace en una morsa se vuelve una pérdida progresiva de humanidad, donde la consciencia, la memoria y las reglas sociales son reemplazadas por los instintos carnales; el protagonista abandona todas las nociones que lo comprenden como humano para convertirse en una criatura salvaje (DPS).

La langosta (The Lobster, Yorgos Lanthimos, 2015)
La obra de Yorgos Lanthimos es un acercamiento distópico a la concepción del emparejamiento y las normas sociales, haciendo uso de los recursos surrealistas y satíricos que caracterizan el estilo del director griego para reflexionar sobre la unión marital. La trama se centra en David (Colin Farrell), un hombre que, tras ser abandonado por su esposa, debe someterse a un proceso de emparejamiento, acudiendo a un programa con otros solteros donde deben encontrar una pareja en 45 días. En este universo, las personas deben mantenerse con sus “almas gemelas” o, de lo contrario, serán convertidas en un animal de su preferencia.
Lanthimos critica y hace burla de las nociones alrededor de la unión sentimental, a través de una sociedad lúgubre y monótona. Constantemente, la película muestra cómo las personas buscan semejanzas como un medio de conexión marital, a pesar de no reflejar un vínculo interpersonal real. Incluso en el filme podemos ver cómo algunos personajes son capaces de forzar una semejanza con tal de no ser convertidos en animales, siendo el caso de David cuando intenta crear un vínculo con una sociópata que disfruta infringir dolor en los demás.
La búsqueda romántica se vuelve un sistema burocrático donde las emociones y los impulsos son rechazados o incluso pueden ser motivo de castigo. En otros segmentos del filme, las personas pueden ser reprendidas metiendo la mano en un tostador si recurren a prácticas sexuales no permitidas por el hotel.
La transformación en animal es concebida como la pérdida de identidad ante la incapacidad de formar parte del sistema social. El director orquesta una obra absurda y de humor negro para mostrarnos una sociedad que impone su sistema por encima de los sentimientos, obligando a las personas a forzar relaciones o reprimir sus deseos con la finalidad de no convertirse en animales. Sin embargo, la transformación en animal puede ser concebida como un castigo irónicamente liberador frente a una sociedad opresora. El protagonista escoge ser convertido en una langosta en caso de fracasar en su búsqueda conyugal, debido a que estos animales permanecen fértiles toda su vida y pueden vivir por más de 100 años. El director vuelve el estrés por la validación sentimental en una preocupación persistente, ya que David aún piensa en conseguir una pareja aun después de convertirse en un animal (DPS).
Good Boy (Viljar Bøe, 2022)
La ópera prima de Viljar Bøe propone un thriller donde lo animal es establecido desde las dinámicas de poder y dominancia en una relación. El filme narra la historia de Sigrid (Katrine Lovise Øpstad Frediksen), una joven que inicia una relación con Christian (Gard Løkke), un joven millonario excéntrico que vive acompañado por un hombre disfrazado de perro, Frank (Nicolai Narvesen Lied).
El largometraje plantea la transformación en animal como parte de una relación de poder entre Christian y Frank, siendo abordado como un thriller que utiliza el humor negro y lo absurdo, compartiendo convenciones y tropos propios del género slasher. La metamorfosis en animal es impuesta, al igual que en Tusk, donde el antagonista goza de su poder para obligar a Frank a comportarse como un perro domesticado. En esta obra, lo animal no funciona como metáfora para satirizar o criticar la acción humana frente a la naturaleza, sino como un medio de deshumanización en una situación absurda; se explora la transformación animal desde el miedo a la deshumanización y la manipulación impuesta por una fuerza mayor (DPS).

REFERENCIAS:
Solis Rivera, I. (2026, febrero 18). Therians humanos: Desde la Psicología. Universidad Humanitas. Recuperado de: https://humanitas.edu.mx/blog/academico/therians-humanos-desde-la-psicologia

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