"Familia en renta" (2025): emociones en oferta
- Hitoshi Isa Kohatsu
- hace 1 hora
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La directora Mitsuyo Miyazaki -conocida artísticamente como Hikari- ofrece un drama/comedia sobre el mundo de los servicios de renta de personas en Japón. Se trata de la segunda película de su carrera, aunque evidencia una evolución limitada respecto a su debut.
Por Hitoshi Isa Kohatsu CRÍTICAS / CARTERLA COMERCIAL

Brendan Fraser interpreta a Phillip, un actor estadounidense que vive en Tokio y enfrenta no solo una escasez de oportunidades laborales, sino también la soledad propia de una metrópoli ampliamente explorada por la ficción.
Eventualmente, Phillip recibe una oferta de un hombre llamado Shinji (Takehiro Hira) para trabajar en su compañía, en la que se contratan a actores para cumplir roles en las vidas reales de sus clientes. Ya sea como el padre ausente de una niña o un periodista que se interese en un actor viviendo sus últimos años (Akira Emoto).
La práctica es real y está bien documentada. Se ha representado en películas como Family Romance LLC (2019), de Werner Herzog, donde se abordaban temas de realidad y vínculos afectivos. En esta ocasión, el filme explota la comedia inherente a un concepto tan extraño a través de situaciones exageradas, aunque eventualmente deriva hacia un melodrama de decepcionante convencionalidad.
La estructura es similar a la del proyecto anterior de la directora, 37 segundos (2019). Inicia examinando el absurdo de cierta peculiaridad de la sociedad japonesa (en aquella película, la historieta erótica; en esta, los servicios de familia en renta) antes de girar hacia un terreno melodramático más trillado. En ambos casos, la primera parte resulta infinitamente más interesante que la segunda.

La cinta arranca con una energía jovial, resaltando tanto lo bizarro del negocio como los choques culturales entre el protagonista estadounidense y sus colegas japoneses. También aprovecha para señalar el absurdo de ciertas normas sociales en Japón, como cuando la agencia organiza una boda falsa para que una novia pueda convivir en paz con su pareja del mismo sexo sin alertar a su familia.
Sin embargo, en el tercer acto el relato toma un giro melodramático y la película se convierte en un sinfín de tropos, sin mayor justificación que provocar una respuesta emocional forzada.
A su narrativa desigual se suma una fotografía plana, con un look digital y una paleta de colores realista que no la distinguen de otras producciones similares. Al final, aunque el filme parte de un punto interesante, no logra construir una narrativa original ni verdaderamente cautivadora.

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