top of page

“Mente maestra” (2025): la estética del fracaso

Luego de presentarse en el Festival de Cine de Lima y pasar fugazmente por la cartelera comercial, lo nuevo de Kelly Reichardt resurgió con fuerza en la programación del CCPUCP. Su reciente llegada a MUBI confirma ese renovado interés y abre espacio para reconsiderar lo que la directora propone desde el cine de robos.


Por Marcelo Paredes CRÍTICA/MUBI

"The Mastermind" (2025). Fuente: GQ México y Latinoamérica
"The Mastermind" (2025). Fuente: GQ México y Latinoamérica

En más de una ocasión escuché que la presencia de Kelly Reichardt es una de las más importantes dentro del cine estadounidense contemporáneo. Siempre la observé a cierta distancia, no por desinterés, sino porque aún no había tenido la oportunidad de revisar su obra con atención. Aunque también había oído comentarios menos favorables, incluso sobre una película relativamente reciente como Primera vaca (First Cow, 2019), que a inicios de esta década fue celebrada, recién hace poco pude acercarme a su cine. El primer acercamiento fue Old Joy (2006), título que encaré con dudas, consciente de que es una directora asociada a tiempos muertos y a relatos minimalistas. Sin embargo, encontré algo interesante: mientras otros cineastas recurren al silencio para impostar gravedad o distanciarse del ruido del mainstream, Reichardt lo usa con un propósito claro, para registrar la conexión humana en su forma más pura. En el que sería su segundo largometraje, esa unión se expresa sin necesidad de palabras y se sostiene desde una atmósfera que absorbe y transforma.


Con esa experiencia previa, me aproximé a su obra más reciente, muy bien recibida en el Festival de Cannes de 2025. Desde su premisa podía intuir que Reichardt buscaba dialogar con otro género clásico, del mismo modo que antes lo hizo con el western. Ahora su interés recaía en el cine de robos. Mente maestra (The Mastermind) nos sitúa en los años setenta y presenta a J. B. Mooney (Josh O’Connor), un hombre que abandonó la escuela de arte y decide robar varias pinturas de Arthur Dove para venderlas después, contando con cierta complicidad de su esposa (Alana Haim), aunque pronto descubrimos que esa alianza tiene límites. A medida que el relato avanza, vemos cómo Mooney se cruza con personajes que evidencian su falta de pericia, lo que deja claro que se trata del primer gran atraco que intenta realizar. Surge entonces una pregunta esencial: ¿por qué quiere hacerlo? ¿Por qué en ese momento, dentro de un contexto marcado por el auge del hippismo y de los movimientos contra la guerra de Vietnam? Es posible pensar que busca un gesto antisistema, un atisbo de libertad que cree inaccesible bajo las reglas del entorno en el que vive.

"The Mastermind" (2025). Fuente: IMDb
"The Mastermind" (2025). Fuente: IMDb

En ese sentido, ya había leído comparaciones con Los delincuentes (2023), donde también se retrata a un hombre que comete un robo para encontrar libertad. No es una observación original mía, pero sigue siendo pertinente como punto de partida. Aunque considero que la película de Rodrigo Moreno es superior, ello no invalida lo que propone Reichardt. Lo fascinante aquí es cómo construye a un protagonista irreductible cuya terquedad impresiona incluso cuando exhibe su incapacidad para ejecutar el plan o escapar de la ley cuando todo comienza a desmoronarse. Desde una lectura menos literal, puede verse en Mooney a un artista que no comprende del todo su arte: dejó la escuela, pero jamás lo vemos ejercer esa habilidad; ha perdido la noción de sentido, desacraliza la creación misma y solo parece buscar un atajo para obtener algo de ella sin comprometerse. En esa terquedad, sin embargo, se insinúa otra forma de creación, una búsqueda incomprendida que despoja al arte de su virtud sagrada para convertirla en un acto desesperado.


Ese desvanecimiento interior se expresa con especial fuerza en la escena del motel, donde Mooney es filmado sin diálogos mientras se desplaza entre objetos y espacios mínimos, como si su identidad se diluyera en cada gesto. Es un momento que condensa la idea de que él mismo ya no sabe quién es, o tal vez sabe demasiado bien que ya no queda mucho por rescatar. Resulta revelador que Reichardt encare un género históricamente asociado al ingenio, la planificación meticulosa e incluso al glamour para convertirlo en lo contrario: una antihistoria de robos donde cada decisión conduce al fracaso y donde el protagonista se estrella una y otra vez contra la realidad.


"The Mastermind" (2025). Fuente: IMDb
"The Mastermind" (2025). Fuente: IMDb

Además, este tipo de películas suele funcionar como reflexión sobre el propio acto de filmar. Ese gesto conecta con una idea mayor sobre el arte y la creación, por lo que recordaba una entrevista en la que el director James Gray señalaba que el problema del Hollywood actual es que no arriesga porque ha perdido el miedo a perder. Solo estrellándose contra la pared pueden surgir obras que perduren. Reichardt parece entenderlo. No le interesa glorificar la astucia del ladrón ni la sofisticación del golpe perfecto, sino mostrar cómo a veces crear —ya sea una película o un crimen torpe e improvisado— es un acto suicida. Su lectura del género se articula desde la pérdida: de rumbo, de identidad, de vínculos y de propósito. Incluso el sistema aparece retratado como ineficaz, con guardias que duermen, policías que investigan con torpeza y mecanismos que perpetúan un orden injusto sin ofrecer alternativas. Dentro de ese entramado, Mooney no es solo un delincuente escapando de la justicia, sino una figura trágica intentando abrirse paso en un mundo que ya no parece tener lugar para él.


Por eso Mente maestra se vuelve una obra tan estimulante. Kelly Reichardt no observa los géneros clásicos desde arriba ni pretende redefinirlos con ironía, sino que aporta una visión propia que encuentra en el fracaso un motor expresivo. Para entender el presente, parece decirnos, hay que volver al pasado, identificar cómo persisten los mismos impulsos, los mismos errores y las mismas búsquedas. Mooney sube, cae, vuelve a intentar, fracasa otra vez y continúa avanzando, casi sin saber por qué. En ese movimiento circular, la directora filma no solo la obstinación de un hombre, sino la dificultad misma de crear, de arriesgar y de encontrar un sentido en medio de un mundo que apenas deja espacio para ello.



Comentarios


Los trabajos firmados son de responsabilidad de los autores. Esta página web se realiza con fines absolutamente educativos.

logo (2)kkk-02.png

UBÍCANOS

Avenida Javier Prado Este N.° 4600
Urbanización Fundo Monterrico Chico
Distrito de Santiago de Surco 
Provincia y Departamento de Lima

© Universidad de Lima, 2019

Todos los derechos reservados

LOGO_HORIZONTAL_600x300-04.png
bottom of page