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Joel Calero: “No podemos reproducir por inercia aquello que heredamos”

hace 3 minutos
9 min de lectura

Conversamos con el cineasta peruano Joel Calero sobre su última película “Álbum de Familia”, sus influencias cinematográficas y el cierre de su trilogía de la memoria.


Por Sebastián Maldonado ENTREVISTAS / CINE PERUANO

"Joel Calero" (2024). Fuente: EL PAÍS
"Joel Calero" (2024). Fuente: EL PAÍS

El cineasta Joel Calero, director de Cielo Oscuro, La última tarde y La piel más temida, volvió a conversar con Ventana Indiscreta a puertas del estreno de su más reciente cinta, Álbum de familia, protagonizada por Lucho Cáceres, Emanuel Soriano y Natalia Torres Vilar, que cierra la llamada “trilogía de la memoria” con la segunda y la tercera película ya mencionadas. Joel nos adentra en los detalles que germinaron este filme, el blanco y negro de homenaje a Paweł Pawlikowski y lo que se viene tras el fin de la trilogía.


Nuevamente es una película en blanco y negro. ¿Has vuelto a algún referente ya conocido para trabajar esta vez con este recurso?


El blanco y negro de Álbum de familia tiene que ver directamente con Ida y Cold War, de Paweł Pawlikowski. Primero, como una cuestión meramente sensorial. Recuerdo haber visto esas películas y haberme fascinado porque era un blanco y negro que no resultaba tenebroso; era vívido, con un blanco brillante.


Pero después pensé en algo más. Justamente mañana tengo que dar una clase sobre Pawlikowski en la universidad, y hace unos días pensaba que en ambas películas hay algo que va más allá de la historia íntima. En Ida, por supuesto, está la historia de la monja, pero también el descubrimiento de aspectos del Holocausto. Y en Cold War está la historia de amor de esta pareja tóxica, pero también estamos viendo la Guerra Fría, como su nombre lo dice explícitamente.


Entonces, no es casual que mi película sea una historia relacionada con los embrollos familiares de Alex, este personaje que está a punto de ser papá y que es novelista gráfico. De pronto descubre algo que le permite suponer a qué se debió la ausencia materna durante su infancia, el abandono, pero termina descubriendo una historia en la que también está presente el país. Así que Pawlikowski es, sin duda, una referencia directa.


¿Otro de tus referentes podría ser, quizá, Burnt by the Sun, de Nikita Mikhalkov? Sé que es uno de tus directores favoritos. Él también trabaja la intimidad familiar atravesada por conflictos políticos.


Mira tú, qué buena referencia. Si hay un cineasta que me ha tocado el corazón, ese es Nikita Mikhalkov. No tenía presente esta relación, pero tienes toda la razón. Es una película en la que, mientras vemos esta especie de campiña y todas estas cosas familiares, el trasfondo es una tensión política muy fuerte. Totalmente de acuerdo contigo. Gracias por la referencia.


"Burnt by the Sun" (1994). Fuente: Klassiki
"Burnt by the Sun" (1994). Fuente: Klassiki

Volviendo a la película ¿Cómo nace el germen de Álbum de familia? A diferencia de La última tarde y La piel más temida, donde abordas a personajes vinculados directamente con la militancia subversiva, aquí tenemos la historia del hijo de un militar.


El origen es bien puntual y muy concreto. Yo había sido invitado a presentar La última tarde en el Festival de Frankfurt y se abrió una función en un cine de Berlín que se llama Babylon. Nunca había ido a Berlín. Te estoy hablando del año 2017, De pronto fui y me enteré de la existencia de un lugar que se llama Topografía del Terror. Me debe haber fascinado mucho para haber estado solo tres días en Berlín y haber pasado dos tardes ahí. Y ese lugar tiene la peculiaridad de contarte la historia del surgimiento del nazismo desde el inicio, desde cuando la gente se encandila y se fascina por el nazismo, y termina, por supuesto, con el Juicio de Núremberg. En el medio está todo el Holocausto.


Recorriendo ese lugar, cuando salí pensé: «Oye, si tú ya tienes lista la película de los subversivos, terroristas; si se te ocurriera algo que tuviera que ver con un militar y su familia, ya tendrías una trilogía». Y así fue de fulminante. Vine, en el verano escribí un guion, postulé a DAFO y gané.


Además, hace unos meses estuve otra vez en Berlín, por segunda vez en mi vida, dictando un curso en una universidad, y volví a Topografía del Terror. Encontré la fotografía que me había fascinado: unos militares alegres, haciendo morisquetas. Era muy interesante porque, entre toda la documentación espectacular de ese lugar, a mí me llamó la atención la foto más inocua.


Claro, aunque detrás de esas imágenes cotidianas existe un contexto cruel y sangriento, también los lugares lo son. Ahí aparece Ayacucho como uno de los lugares centrales de la película. ¿Cómo pensaste este lugar en relación con Alex?


Naturalmente, en una historia como esta, ¿dónde hubo mayor confrontación? ¿Qué departamento o ciudad se desangró más? Fue Ayacucho. Entonces no había vuelta que dar: había que ir a Ayacucho. Y cuando digo que había que ir a Ayacucho, hay también una cuestión visual. Ayacucho no es una imagen memorable e identificable como podría serlo Cusco. No es iconográficamente reconocible. Tengo un plano de la Plaza de Armas, pero para quien no conoce Ayacucho no dice demasiado. Lo otro podría haber sido cualquier serranía, pero para nosotros era importante estar ahí.


¿Pudo haber sido otro lugar de la serranía?


Podría haber sido Huancayo o cualquier otro pueblo. Pero había algo interesante en tener que ir y realmente filmar en esa ciudad, en una ciudad que sabemos todo lo que significa y todo lo que fue.


Está la carga simbólica.


Sí, simbólica, psíquica, energética y emocional.


La ausencia materna incluso me hizo pensar un poco en Cría cuervos, con esa figura de la madre desaparecida y el padre militar en un contexto de transición española.


Me encanta conversar con cinéfilos. Cría cuervos fue una película fundamental en mi vida. Yo era un jovenzuelo que miraba cualquier cosa hasta que un buen día aparecí en un ciclo de Carlos Saura. Cría cuervos fue la segunda película que vi de Saura; la primera fue Los zancos. Después de Cría cuervos no volví a dejar el cine. Me volví cinéfilo de la noche a la mañana. De pronto ya estaba yendo a la filmoteca todos los días, dos veces por día.


Alguna vez, en terapia, tuve una especie de revelación. Me he olvidado exactamente de lo que asocié, pero sé que tenía que ver con esa administración infantil de la muerte. Y sí, algo de eso hay.


El personaje de Alex me parece especialmente interesante porque está a punto de convertirse en padre y, en el proceso de descubrir su propia paternidad, también redescubre su historia familiar y la relación con su padre.


Cuando trabajaba este personaje, evidentemente, si mi personaje está a punto de ser papá, hay unas simbologías muy evidentes. En el proceso de convertirte en padre necesitas desligarte de aquellos elementos de la paternidad que no te parecen buenos, que no quieres transmitir.


Alex es capaz, a diferencia de su hermana, de hacer un movimiento psíquico para no repetir esas transmisiones, para diferenciarse, para separarse del padre y de sus aspectos negativos. Y eso supone madurez.


Pienso también en el documental sobre el hijo de Pablo Escobar, donde el hijo reconoce que su padre era un asesino y un delincuente, pero no deja de quererlo. Incluso se encuentra con los hijos de las víctimas. Ama a su padre, pero lo reconoce. Eso es la madurez.


"Álbum de Familia" (2025). Fuente: IMDb
"Álbum de Familia" (2025). Fuente: IMDb

La familia también aparece como una figura de la polarización: un padre que representa una parte de la institución peruana, una madre ausente, una familia de clase media aparentemente tranquila, una hermana que intenta hacer oídos sordos y un hijo que busca desligarse de ciertas tradiciones para convertirse en un padre distinto.


Sí, y de una manera irresuelta, fragmentaria. Durante todo el proceso de construcción de esta película conocí un colectivo argentino llamado Historias Desobedientes, que agrupa a hijos de genocidas argentinos. Han publicado libros y muchas otras cosas. Compré esos libros y en uno de ellos encontré una frase que durante mucho tiempo fue el epígrafe del guion: «Lo que no se puede decir, tampoco se puede callar».


Eso es exactamente lo que encarna Alex. Cuando conoce todo esto, no lo puede decir, procesar ni ordenar en palabras, pero su cuerpo lo expresa. Empieza a sacudirse, tiene regurgitaciones, úlceras. Al final, incluso en la última escena, está con el cuerpo allí y se escapa. Hace ese acto último de diferenciación del padre, pero no llega a decirlo con la boca: lo dice con el cuerpo.


Tiene que ver, sin duda, con ese proceso. Y es también una reflexión sobre la paternidad.


El lugar de la memoria, además, es importante dentro de la película. Alex es un dibujante que trabaja en un proyecto para el Lugar de la Memoria.


Sí. Está haciendo una novela gráfica sobre el asesinato de gays en Tarapoto, una matanza cometida por el MRTA.


¿Cómo trabajaste internamente a Alex? Es un personaje que podría parecer más progresista dentro de su familia.


Yo no utilizaría la palabra «progresista», porque eso supone un nivel de ideología que él no tiene. En ningún momento verbaliza una posición ideológica. Lo suyo es visceral. No pasa por las ideologías.


Es como cuando encuentra esas fotos y su hermana le dice: «¿Qué haces con esa mierda?». Él empieza a investigar, a encontrar y a confrontar. Pero no va por las ideas. Es algo anterior a la ideología: una defensa personal de su hijo, de su familia y de su entorno.


¿Qué tal fue trabajar nuevamente con Lucho Cáceres? Ya es tu cuarta película con él y, además, ocupa un lugar central dentro de esta trilogía de la memoria.


Con Lucho esta es una de las veces en las que mejor ha fluido nuestro trabajo. Tenemos una relación antigua, no exenta de muchos conflictos, por el tiempo y por la confianza. Pero creo que en esta película tenía el absoluto convencimiento de que él era el personaje adecuado y que tenía el conocimiento para llevarlo.


A esto se le suma Emanuel Soriano.


Emanuel Soriano es el actor con el que trabajo el protagónico. Y, como suelo comentar estos días con cierta sorpresa, yo no era muy amigo de Emanuel Soriano al empezar la película. Trabajábamos y tal, pero ahora, durante la promoción, lo veo y pienso: “Este es el hermanito menor de Alex”.


Para esta película subió cerca de diez kilos para encarnar al personaje. Él es muy delgadito, muy frágil, y yo necesitaba que el personaje tuviera peso corporal porque era un treintón, pero además porque era un tipo sedentario. Quería sentirlo más cerca de la madurez.


¿Y cómo fluyó la relación entre Lucho Cáceres y Emanuel Soriano durante el rodaje? A sabiendas que iban a ser padre e hijo en la película.


Se conocen, por supuesto, y fluyó bien. Yo suelo trabajar de una manera que mantengo desde mi primera película: nunca un actor va a decir exactamente aquello que yo escribí. No me importa eso. Lo que me interesa y lo que termino descubriendo y apreciando es que el actor trabaje lingüísticamente sobre aquello que le propongo. Tú eres el actor, lees el guion y yo te digo: «¿Tú lo dirías así? ¿Qué cambiarías? ¿Cómo te fluye decir exactamente lo mismo con tus propias palabras?».


En ese proceso, el escritor y el actor reescriben literalmente todo el guion. Es un proceso que me toma por lo menos cuatro semanas, no de ensayos, sino únicamente de reescritura del guion.


¿Cómo dialoga esta película con las dos primeras de la trilogía? Parece ser que Álbum de familia puede tener un diálogo más directo con La piel más temida, porque ambas están narradas desde la perspectiva de un hijo que descubre aspectos de su historia familiar, más concretamente con la figura paterna.


Sí, ahora que lo dices me pongo a pensar. La piel más temida tiene una hija que se cuestiona menos, entre otras cosas porque no tiene vínculo con su padre. Cuando le dicen «ese es tu padre», es un dato que no está vinculado a su vida. No se conocen.


Y, claro, al no conocerse no hay lugar para el reclamo. Él es un ajeno en su vida y lo va a ser hasta el final. En realidad, ella no conoce a su padre; acaba conociendo a su abuela paterna, su linaje, algo más antiguo que tiene que ver con el vínculo con lo andino, que era algo que me interesaba trabajar.


"Álbum de Familia" (2026). Fuente: La República
"Álbum de Familia" (2026). Fuente: La República

Para cerrar, ¿qué viene después de la trilogía? ¿Con esto se cierra definitivamente?


La trilogía va a continuar de otra manera, no en cine sino en novela gráfica. Álbum de familia tiene una continuación que ya está hecha y se llama Mientras dure el silencio. Transcurre seis años después. También está en preparación la novela gráfica que continúa La piel más temida, que se llama El ardor de la ceniza. Vamos a ir terminándola. Y así se va a cerrar una obra que tiene que ver con todo esto.


¿Y otras películas?


Después no sé. Tengo un par de proyectos fílmicos. Acabo de perder uno, no pasé ni al pitching, y con un proyecto anterior tampoco llegué al pitching. Pero están alejados completamente de lo que hemos conocido hasta ahora.


Entonces, ¿son proyectos completamente distintos?


Sí, ya es otra cosa.




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