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“El diablo viste a la moda 2” (2026): Otra secuela innecesaria

  • hace 2 minutos
  • 5 min de lectura

Dos décadas después, El diablo viste a la moda 2 regresa para reflexionar sobre los cambios en la industria, aunque sin recuperar el encanto, la frescura y la personalidad de la original.


Por Andrea Boggiano CRÍTICAS / CARTELERA COMERCIAL

"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb
"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb

La moda está en absolutamente todo lo que vemos, consumimos y tocamos. Está explícita e implícitamente a nuestra vista y, a pesar de que no tengamos plena conciencia de ella todo el tiempo, definitivamente forma parte de nuestra vida diaria. 


En un mundo donde todo cambia día a día, la moda busca trascender más allá del instante. Se transforma y procura romper con lo establecido. Ese afán de permanencia nos brinda consuelo, como un suéter heredado de tu madre que aún guardas en el armario y que lleva más de treinta años contigo. Lo sorprendente es que podrías encontrar el mismo modelo en una tienda actual, porque la moda es así: cíclica. Y justamente así se siente la primera parte de esta película: como algo capaz de resistir el paso del tiempo. La segunda, no tanto.


El diablo viste a la moda fue una película basada en el bestseller de 2003 del mismo nombre, escrito por Lauren Weisberger. Lauren fue asistente de la directora de Vogue, Anna Wintour, durante once meses, lo que implicaba asumir una serie de tareas exigentes y, como ella misma ha calificado en entrevistas, “absurdas”. A partir de esta experiencia, Lauren decidió transformar su breve paso por el mundo de la moda en un libro. Aunque nunca confirmó al cien por ciento haberse inspirado en su exjefa para desarrollar a la antagonista de la historia, podría decirse que deja bastante claro que sí lo hizo. 


El personaje de Andrea Sachs, una joven periodista con grandes aspiraciones profesionales, decide postular a una importante corporación editorial y termina ingresando a una de las revistas que esta empresa posee. Runway es la revista de moda por excelencia de la época y está dirigida por una directora “malvada”: Miranda Priestly. 


Andrea siente que todo lo que hará en la revista no tiene nada que ver con aquello a lo que realmente aspira como periodista. Considera al mundo de la moda como algo frívolo y sin verdadero aporte para la sociedad. 


A lo largo de la primera película podemos observar cómo el personaje de Andrea se va transformando en todo aquello que antes criticaba. Se pierde a sí misma para tratar de encajar. Quiere pertenecer a un mundo del que antes se sentía ajena, obtener la aprobación de Miranda y convertirse en lo que los demás esperan de ella. Sobre todo, quiere ser alguien relevante. 


Después de haberse convertido brevemente en una villana, atraviesa un arco de redención. La vemos como una mujer más segura de sí misma, que comprende que lo único que desea es encontrar un trabajo que realmente le apasione. La película incluso parece sugerir que toda la presión laboral que sufrió terminó dejándole alguna enseñanza. 


"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb
"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb

La película está repleta de referencias pop, ropa de moda, nombres de diseñadores, música, lujo, maquillaje y estilo. Cuenta con una cinematografía muy limpia y, sobre todo, se siente viva. 


Los colores brillantes y la iluminación cálida se complementan con una dirección de arte impecable a cargo de Anne Seibel y Tom Warren, así como con el diseño de vestuario de Patricia Field, reconocida por su trabajo en la serie Sex and the City


La primera película se sentía como un par de zapatos únicos; la segunda nos deja solo con la caja. 


Y, a pesar de que la secuela estuvo a cargo del mismo director, David Frankel, se percibe una diferencia notable en aquello que ahora quiere transmitir. Sin embargo, nunca queda del todo claro cuál es su verdadera intención, ya que no llega a profundizar demasiado ni en los personajes ni en la puesta en escena. 


El personaje de Miranda, interpretado por Meryl Streep, sigue siendo prácticamente el mismo, salvo algunos cambios menores: ahora es más compasiva, aunque continúa siendo una jefa cruel. Andrea, interpretada por Anne Hathaway, parece no haber cambiado en absoluto más allá de su forma de vestir. 


En la secuela podemos ver cómo Andrea, supuestamente, ha evolucionado, pero termina regresando al mismo lugar del que partió. Incluso se siente más ingenua que cuando la conocimos por primera vez. Regresa a la revista después de casi veinte años, con menos viveza y todavía intimidada por Miranda. Esto resulta llamativo considerando que ya no vuelve como asistente, sino como editora principal. 


"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb
"The Devil Wears Prada 2" (2026). Fuente: IMDb

La película examina brevemente diversos temas interesantes a los que pudo sacarles mucho más provecho. Explora el contraste entre lo viejo y lo nuevo, tanto en las ideas como en la moda contemporánea. También aborda los nuevos valores laborales, la importancia de la empatía, las formas actuales de consumo y ofrece una breve, aunque acertada, crítica a los hábitos contemporáneos de lectura. Muestra cómo muchas personas ya no leen revistas, ni siquiera en formato digital. 


Observamos cómo lo viral se vuelve primordial para vender, mantenerse relevante y lograr que el contenido sea tendencia de manera constante, dejando así de lado uno de los valores fundamentales de la revista: el respeto por el artista. 


Andrea cuestiona el sistema actual hasta cierto punto, pero luego vuelve a desviarse y concentra toda su atención en conservar su trabajo a cualquier costo. Como consecuencia, el personaje termina volviéndose repetitivo y poco interesante. 


Es difícil no extrañar ni comparar esta secuela con la trama original, con su estilo y con la importancia que se le otorgaba a la moda para ser contemplada en los atuendos, los espacios y las conversaciones. Aquella película entrelazaba temas complejos de forma divertida y creativa, sin dejar nunca de lado el universo de la moda. 


Además, transmitía un mensaje muy poderoso: una crítica sutil al sistema que cuestionaba cómo muchas veces las mujeres se ven obligadas a competir entre sí en lugar de construir juntas dentro del ámbito laboral. 


Quizá el caso de esta secuela se parezca demasiado a la realidad actual, donde muchas producciones de grandes estudios que triunfan en taquilla parecen haber perdido elementos tan esenciales como el color en sus procesos de edición. Los planos lucen menos pensados y el apartado artístico se vuelve repetitivo por perseguir tendencias como el clean look y el minimalismo. 


Todo esto me hace sentir que últimamente existe un desinterés por contar nuevas historias en el cine comercial. Guiones poco pensados, personajes que carecen de profundidad y que resultan poco interesantes para el espectador. No nos llevamos nada de nadie. Todo se siente más frío, más impersonal. Dejando de lado el arte y enfocándose solo en lucrar, especialmente al intentar distorsionar la trama de una película que aún se consideraba icónica dentro de la cultura pop. Esta secuela era una oportunidad para explorar más allá de lo evidente en los personajes, pero se perdió el sentido de la misma durante la ejecución. 






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