Memoria: una conversación con Apichatpong Weerasethakul

El 15 de junio conversamos presencialmente, en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con el realizador tailandés. Nos encontramos con él después de la proyección de su filme Memoria, protagonizado por Tilda Swinton. Las palabras del director aclaran aquello que es oscuro y a la vez hipnótico en la película. Ésta se podrá ver nuevamente en la próxima edición del Festival de Cine de Lima, y estará disponible en la plataforma Mubi este viernes 5 de agosto.


Por José Carlos Cabrejo y Hitoshi Isa Kohatsu ENTREVISTA / MEMORIA

Fuente: Festival de Cine de Lima


La trama de Memoria (2021) parte de lo íntimo y onírico, e introduce elementos de ciencia ficción. La historia se plasma con un impresionante diseño sonoro, en medio de una exploración del espacios urbanos y rurales. Jessica (Tilda Swinton), una mujer escocesa que vive en Colombia, despierta cuando escucha un extraño sonido, un ruido fuerte e inexplicable que nadie más puede percibir. Ello la atormenta y decide buscar la ayuda de especialistas para poder entender lo que le está pasando. Eventualmente, logra encontrar conexiones personales con la gente que conoce, con quienes comparte sus experiencias. “El nombre del personaje de Tilda lo tomé de un personaje de la película de terror Yo anduve con un zombi de Jacques Tourneur”, contó Apichatpong, quien siempre tiene de un modo u otro al cine de géneros como inspiración.


Cuando viajó a Colombia, el paisaje le dejó una fuerte impresión. “Me sentí como un alienígena”, comentó el director. “Vi las inmensas montañas. Este sentido de escala y, por supuesto la arquitectura de la región y sus pinturas, son maravillosas. Parecen trasladarte a otro tiempo, como si entraras en contacto con otra civilización”. Así, fue pensando en una narrativa que vira mucho más hacia lo figurado. “En el primer boceto el elemento alienígena era más obvio, pero mientras más trabajaba los personajes, la locación alcanzó un carácter más metafórico y abierto. Fue una apuesta, porque no podíamos ver los efectos especiales, ni siquiera inmediatamente después de la edición. Creo que funcionó, porque creo que si yo fuera parte de la audiencia la propuesta debería fluir, cuestionar, incluso sorprender”.


Acercarse al país latinoamericano implicaba un singular alejamiento de Tailandia, su tierra natal: “Para mí todo empezó con querer alejarme de mi país. Hay tantas películas que quiero hacer. Siento que hay un punto en el que tenemos que hablar de la realidad del país, pero no podemos.”. En ese contexto, “Joe”, como muchos lo llaman, no pretendía encasillarse en géneros cinematográficos. “No puedo tener 50 o 60 años, y hacer una película de fantasmas o una comedia. Necesitaba tomar un descanso solo para explorar otro territorio”, señaló.


Colombia significó una visión de su cine desde otro ángulo. “Cuando estuve en el 2017, en el Festival de Cartagena, me hicieron un homenaje. Mostraron muchos clips de filmes pasados, y me sentí impactado por ello, sentí como si fuera mi funeral”, dijo entre risas. “Me quedé en Colombia, realicé mucha investigación, conversé con la gente. Tuve una condición similar a la del personaje de Tilda. Sentí un dolor similar antes y durante el viaje a Colombia. Incorporé ese síntoma a los encuentros que tuve con la gente”, contó.


Fuente: Festival de Cine de Lima


Recuerdo y violencia


En su último largometraje, el director introdujo ideas sobre el proceso del duelo, pero de una manera tal que abre espacio a la interpretación y el involucramiento personal del espectador. “Siento que el filme es lo suficientemente abierto como para que uno llene el espacio con su propia historia y luto. En ese sentido, es una película sobre la aceptación”, agregó. Así, halla un punto en común entre Colombia y Tailandia: la memoria de un pasado violento: “Durante la mitad de mi viaje a Colombia tuve la oportunidad de ver una gigantesca exhibición de fotografías, en la que se hallaban imágenes de cadáveres y funerales en diferentes partes del país. Al final se mostraba una lista de la cantidad de muertos, y se indicaba a los responsables de los decesos, sea el gobierno o un grupo paramilitar. Estaba muy conmovido por esta aceptación, por el acto de confrontar el pasado y honrar a quienes partieron, por el intento de comprender qué sucedió en Colombia y cómo superarlo. En Tailandia no lo hemos logrado todavía. Aún no hemos confrontado en nuestro país lo que nos ocurrió, así como la narrativa falsa que el Estado nos impone. Creo que una vez que aceptemos cuántos muertos o cuántas mentiras el Estado nos ha dicho, lograremos superar esta situación. Ese es un aspecto esencial en Memoria”.


El futuro del cine


La película de Apichatpong Weerasethakul se preocupa por el pasado, pero ello no quita que el director reflexione sobre el futuro del cine y sus cambios a través de la integración de nuevas tecnologías y la consciencia humana: “Creo que el cine tiene un vínculo muy cercano con la manera en que soñamos. A través de la noche uno sueña en tres o cuatro etapas. Se repiten bucles a lo largo de la noche, y cada uno dura 90 minutos. Es como la duración clásica de una película. Y siento que vamos al cine en la misma manera en la que necesitamos soñar. En la sala, en la oscuridad, uno habita otro reino, se convierte en alguien más”. En efecto, esta vinculación con los sueños planteada por el realizador se expresa en el largometraje y en cómo la protagonista procesa su realidad: “El personaje de Tilda Swinton se vuelve metáfora. Se transforma en cine. Como una cámara, colecciona imágenes y sonidos”.


Para “Joe”, la relación cine-sueño se profundizará en los próximos años. “El desarrollo del cine trata de lograr este estado onírico, ya sea en blanco y negro, en color, o en lo que es el cuadro. Por eso creo que el cine está hermanado con el sueño. Creo que desarrollaremos algo en el futuro que no podemos imaginar, pero que nos acercará mucho más a lo que son los sueños”, finalizó.