30 FICL: “Calle Cuba” (2026) la luz entre las grietas
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Cuatro mujeres enfrentan las dificultades de la vida cotidiana en La Habana mientras buscan una forma de alcanzar la libertad y construir un futuro distinto.
Por Marcelo Paredes FESTIVALES / 30 FICL

Siempre se dice que, incluso dentro de aquello que puede parecer oscuro, es posible encontrar un rayo de luz, por más pequeño que sea. Aun cuando se está en un lugar donde las oportunidades parecen mínimas, resistir puede convertirse en una forma de no caer en la desolación absoluta. Esa es la idea que Vanessa Batista parece querer explorar en Calle Cuba, documental situado en una calle de La Habana donde distintas historias de personas reales se cruzan a partir de problemas igualmente concretos, pero también de un deseo compartido por encontrar una vida mejor.
Creo que es en esa búsqueda donde Calle Cuba encuentra algunos de sus mejores momentos. El intento de alternar los problemas de sus protagonistas con el registro de sus vidas cotidianas permite que no sean definidas únicamente por las dificultades que enfrentan. Sin embargo, esa misma aproximación comienza a presentar un problema cuando la autenticidad que el documental parece perseguir deja de sentirse con la misma fuerza. No se trata de afirmar que las experiencias mostradas no sean genuinas ni de acusar a la película de haber planificado determinadas situaciones. De todos modos, resulta difícil ignorar que ciertos diálogos y discusiones, sumados a la posición de la cámara, el montaje o, incluso, la manera en que algunas personas actúan frente a ella, provocan que determinados momentos pierdan parte de la naturalidad que parecían tener.
Batista busca que empaticemos con ellas permitiéndoles relatar sus propias situaciones y los momentos difíciles que atraviesan, pero no se limita únicamente al testimonio. También intenta retratarlas desde la cotidianidad, siguiéndolas por las calles y observando diversos elementos de su entorno que permiten comprender mejor las condiciones en las que viven. Si algo comparten estas cuatro protagonistas es, precisamente, el deseo de mejorar sus vidas y alcanzar algún tipo de libertad. No necesariamente se trata de una libertad vinculada al espacio o de abandonar físicamente el lugar donde se encuentran, sino de liberarse de aquello que parece mantenerlas atadas a un estado que ninguna considera el más propicio para sí misma.
Creo que es en esa búsqueda donde Calle Cuba encuentra algunos de sus mejores momentos. El intento de alternar los problemas de sus protagonistas con el registro de sus vidas cotidianas permite que no sean definidas únicamente por las dificultades que enfrentan. Sin embargo, esa misma aproximación comienza a presentar un problema cuando la autenticidad que el documental parece perseguir deja de sentirse con la misma fuerza. No se trata de afirmar que las experiencias mostradas no sean genuinas ni de acusar a la película de haber planificado determinadas situaciones. De todos modos, resulta difícil ignorar que ciertos diálogos y discusiones, sumados a la posición de la cámara, el montaje o, incluso, la manera en que algunas personas actúan frente a ella, provocan que determinados momentos pierdan parte de la naturalidad que parecían tener.

Por supuesto, es perfectamente posible que aquello haya sucedido exactamente de esa manera y que esa sensación responda únicamente a las circunstancias del momento. No obstante, creo que es un aspecto que podría haberse cuidado mejor desde la forma cinematográfica, precisamente porque el documental depende en gran medida de la cercanía que establece con estas mujeres y de nuestra capacidad para involucrarnos en sus experiencias. Cuando determinados instantes empiezan a percibirse de una manera menos espontánea, esa proximidad se debilita y afecta el interés que inicialmente despiertan sus historias.
Algo similar sucede con la estructura. La idea de liberarse, de encontrar esa pequeña luz dentro de unas circunstancias adversas, termina siendo bastante clara en buena parte de la película y se percibe con mayor fuerza hacia el final, cuando las distintas historias buscan alcanzar algún tipo de cierre. El problema está en todo aquello que ocurre durante buena parte del desarrollo intermedio. Allí predominan testimonios que se van intercalando entre las protagonistas y que, en numerosas ocasiones, terminan cayendo en divagaciones. Aunque permiten conocerlas y comprender las dificultades que enfrentan, la manera en que se acumulan hace que el relato pierda parte de la contundencia que parece buscar.
Mi problema con el filme reside ahí. Se trata de un documental bien intencionado que parece comprender aquello que quiere contar y que, además, tiene a su disposición cuatro protagonistas interesantes, cada una con objetivos definidos y con suficientes elementos alrededor de sus vidas para desarrollar esas búsquedas. Lamentablemente, es en la ejecución donde la propuesta no termina de plasmar todo ese potencial. La combinación entre cotidianidad y testimonio pierde fuerza conforme avanza el metraje, mientras las divagaciones del desarrollo reducen progresivamente el interés que habían despertado estas mujeres y sus respectivos conflictos.
Por eso, cuando las historias finalmente buscan cerrarse y aquella idea inicial de encontrar una luz dentro de la adversidad se vuelve mucho más evidente, la película no consigue alcanzar toda la catarsis que podría haber generado. Las protagonistas, sus deseos y los obstáculos que las rodean ofrecían material suficiente para llegar a un resultado más contundente, pero no terminan de ser aprovechados en toda su dimensión. Calle Cuba sabe qué quiere decir y desde qué personas quiere hacerlo; el problema es que la manera elegida para articular esas experiencias no consigue otorgarles toda la fuerza que parecían prometer.

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