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30 FICL: “Nuestro cuerpo es una estrella que se expande” (2025), hiperfijación cutánea

  • hace 3 horas
  • 3 min de lectura

Parte de la Competencia Latinoamericana Documental del 30 FICL, la ópera prima de Semillites y Tania Hernández tropieza en su noble intención por visibilizar narrativas transgénero.


Por Nilton Arana FESTIVALES / 30 FICL

"Nuestro cuerpo es una estrella que se expande" (2026). Fuente: DA Film Festival
"Nuestro cuerpo es una estrella que se expande" (2026). Fuente: DA Film Festival

Si hay algo que destacar en el presente siglo es la democratización del audiovisual. Más allá de producciones irregulares o directamente fallidas, los documentales LGBT+ surgen para contrastar el dominante modelo occidental y heteronormativo, adaptando sus códigos a narrativas menos impersonales.


Recurrentes en el ámbito festivalero, es posible entrever patrones propios de una fórmula genérica. De sensibilidad sociopolítica antes que cinematográfica, son filmes que priorizan la palabra y que ilustran desde la performance escénica (vogue, drag, baile contemporáneo) una reiteración discursiva, con testimonios que rozan la solemnidad y el victimismo para generar conciencia en el espectador.


Aunque lo tratado responda a problemáticas ciertamente relevantes (conmovedoras incluso), es en la ejecución donde los enfoques temáticos se potencian, elevando estos “panfletos” a experiencias menos complacientes para su nicho ideológico. Ya sea mediante contrapuntos en el montaje, tonalidades optimistas o diálogos no expositivos, es posible luchar por una causa social sin caer en tropos facilistas.


Ello prometían los primeros minutos de Nuestro cuerpo es una estrella que se expande, primer largometraje de Semillites y Tania Hernández. Planos detalle de sus cuerpos se alternan con terrenos desérticos, en un montaje experimental que entiende la tierra como equivalente de sus pieles marrones, de la herencia indígena que complementa su identidad trans.


En ese entendimiento de lo no hegemónico, la geografía accidentada marca similitudes con los poros, las imperfecciones; una figura potente que la película desgasta en su corta duración. Piel y selva, piel y tierra mojada, piel y montañas rocosas. Valga decir, además, que el testimonio de los padres se filma desde primerísimos primeros planos y que los jóvenes tratan de reproducir el color de su piel sobre una hoja de papel.


"Nuestro cuerpo es una estrella que se expande" (2026). Fuente: MUBI
"Nuestro cuerpo es una estrella que se expande" (2026). Fuente: MUBI

“¿No sientes que estamos yendo en círculos?” es una frase que encapsula bien la propuesta. Desde un plano cenital que permite apreciar el terreno salino (alusión directa a la piel blanca), este primer intercambio entre los protagonistas denota artificio: diálogos guionizados que restan naturalidad y carisma a sus interacciones y que pretenden dar profundidad a sus búsquedas más personales.


Alrededor de traumas pasados, la inconformidad con sus cuerpos encuentra catarsis en la expresión artística, siendo el filme el resultado de esa lucha. Tania recrea su cirugía de nariz mediante el montaje, mientras una torpe cámara en mano sigue la ilustración en la que Semillites plasmó su experiencia como hombre trans. Las voces son incesantes, enfatizan lo que ya se muestra en pantalla y sacrifican la poesía de una propuesta potencialmente evocadora.


Repitiendo su historia trans, una correcta pieza animada vuelve al origen de Semillites e integra internet como pieza fundamental. Aquí interesa la coexistencia de dos sensibilidades: una moderna, expresada en los recursos digitales y los discursos que pueblan el filme; otra tradicional, representada por lo analógico y las interacciones con familiares cisgénero.


No hay mayor representante de esa modernidad que el manifiesto sobre la mierda, conclusión que nace a partir de un comentario despectivo: «Tu piel es del color de la caca». Reapropiándose del insulto, hay un intento por empoderar a la disidencia latinoamericana que palidece ante la falta de construcción previa. Rozando lo risible, la coherencia y la cohesión se rompen en pos de expresarlo todo, de desfogarse a través del audiovisual.


La tradición se apoya en la presencia de padres y abuelas, en costumbres que los hijos mantienen a pesar de las distancias. Rodeados de macetas o en medio de la maleza, este entendimiento va acompañado del respeto por el origen, de abrazar la identidad campesina inherente a sus cuerpos. Por algo Semillites viene de “semilla”: alguien que se ha nutrido de la tierra (el espacio tradicional) para florecer como hombre trans.


Estirada hasta la saciedad, Nuestro cuerpo es una estrella que se expande resulta ingenua a pesar de sus nobles intenciones por recuperar narrativas culturalmente enriquecedoras. Hay poco que rescatar en una propuesta de temáticas complejas: el tratamiento superficial y la ausencia de rumbo hacen de esta ópera prima una fallida producción contracultural.




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