30 FICL: “Comparsa” (2025) la alegría como resistencia
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Comparsa convierte la alegría en una forma de resistencia frente a una tragedia que marcó a una comunidad de Guatemala.
Por Marcelo Paredes FESTIVALES / 30 FICL

Por definición, una comparsa es un desfile grupal. Es una manifestación colectiva que busca enaltecer a una comunidad para expresar una idea, un sentimiento o una causa, de modo que el público pueda comprender aquello que intenta transmitir. Y claro, aunque su desarrollo se dé comúnmente en un contexto de algarabía y celebración, eso no significa que deba ser una expresión superficial. También puede convertirse en una forma de contar una lucha, de hacer visible una necesidad y de comunicar aquello que, por distintas razones, no siempre encuentra otros espacios para ser escuchado.
Es desde esa idea que Vickie Curtis y Doug Anderson construyen Comparsa, un documental que acompaña la cuenta regresiva para que un grupo de chicas de Peronia, en Guatemala, lleve a cabo su desfile. Sin embargo, antes de llegar al evento en sí, la cinta también se detiene a presentar el contexto que da sentido a todo ese proceso. Lamentablemente, en esta zona del país centroamericano se cometieron crímenes en los que varias niñas fueron víctimas del fuego, una tragedia cuya voz necesitaba ser escuchada. Pero, como ellas mismas ya no pueden manifestarse, el documental decide aproximarse a esa realidad a través de distintas protagonistas, entre ellas Lesli y Lupe, quienes comparten sus propias historias y muestran cómo, de uno u otro modo, sus vidas terminan vinculándose con esa tragedia.
Al utilizar la comparsa como eje, el documental evita profundizar excesivamente en la dimensión más escabrosa de los crímenes y, en cambio, decide explorar el proceso de preparación mediante el cual estas jóvenes buscan expresar lo que sienten. Lo hacen desde la alegría, el canto, el baile y la fiesta. De hecho, una de ellas expresa, en un momento del filme, que en un mundo donde constantemente se pone el foco en los aspectos más negativos de este tipo de hechos, casi nunca existe un espacio para expresarlos desde una emoción distinta, una más esperanzadora, idea que termina convirtiéndose en el verdadero motor de la película.

A ello se suma la enorme naturalidad con la que todo está filmado. Los espacios se sienten completamente reales, tanto por el estado de ánimo que transmiten sus protagonistas como por la forma en que esa alegría se expresa de manera espontánea. Pero, al mismo tiempo, nunca desaparece la sensación de que el peligro sigue presente debido a la gente que continúa rondando esos lugares. Esa convivencia entre celebración y amenaza termina otorgándole autenticidad al filme y hace que el entorno se perciba vivo.
No obstante, incluso reconociendo esas virtudes, considero que el dúo de cineastas falla al no tomar mayores riesgos y quedarse en el mismo terreno durante todo el metraje. Muchas de las fortalezas del documental provienen de las propias pistas que ofrece el entorno y de la naturalidad con la que este permite comprender el contexto. No obstante, la película parece confiar casi exclusivamente en ello y no encuentra demasiadas formas de desarrollar esas nociones. Da la impresión de que existe una falta de inventiva para construir un discurso que, si bien transmite un mensaje completamente válido e incluso necesario, no logra ir mucho más allá de esa intención inicial.
Porque, como suele ocurrir, tener un mensaje importante no basta, por sí solo, para convertir una película en una obra que destaque en todos sus aspectos. Es por eso que Comparsa, aun con varios elementos valiosos y con una aproximación genuinamente sensible hacia sus protagonistas, termina dejando la sensación de que habría funcionado mejor si hubiese encontrado una manera más adecuada de incorporar también las dimensiones más críticas de un asunto tan complejo como el que aborda. De esa forma, ninguna de las facetas que presenta habría dado la impresión de quedarse en la superficie. Ahí es donde, para mí, se encuentra su principal debilidad: ofrece un tratamiento que termina siendo, a lo mucho, didáctico y, sobre todo, reiterativo, precisamente porque nunca consigue equilibrar del todo su impulso celebratorio con la profundidad que una problemática como esta parecía exigir.

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