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30 FICL: “Comparsa” (2025), abrazar el fuego

  • hace 28 minutos
  • 4 min de lectura

La ópera prima de Vickie Curtis y Doug Anderson, parte de la Competencia Latinoamericana Documental del 30.° Festival de Cine de Lima, retrata cómo el arte puede convertirse en un acto colectivo de memoria, resistencia y esperanza.


Por Nilton Arana FESTIVALES / 30 FICL

"Comparsa" (2026). Fuente: IMDb
"Comparsa" (2026). Fuente: IMDb

Considerando los últimos años, no es sorpresa que la línea política del Festival Internacional de Cine de Lima siga apostando por películas de filón progresista, siendo la cultura uno de los muchos rubros atacados por la creciente ultraderecha en nuestro continente.


A pesar de las claras distancias temáticas, es en la ejecución de estas propuestas donde más se notan las similitudes: lo reiterativo y enfático de sus denuncias, lo dramatizado de sus testimonios y una visión derivativa que presenta las problemáticas entre lágrimas y diálogos solemnes.


Aunque se podría argumentar una labor introductoria o de conciencia social, el público asiduo a estos eventos suele estar al corriente de lo denunciado, sirviendo más para ratificar dichas perspectivas que para formar nuevos espectadores, ya sea por desinterés, visiones opuestas o falta de accesibilidad.


Sobre Comparsa (2025), muchas de las manías nombradas existen en la ópera prima de Vickie Curtis y Doug Anderson, desembocando en rincones ya conocidos, pero con un giro particular: cambiar el mal llamado victimismo por lo celebratorio, la esperanza de una Guatemala segura para las mujeres del porvenir.


Desde Ciudad Peronia somos testigos de la desigualdad, de niños y jóvenes que han encontrado en la expresión artística sanación y sentido. A lo largo de 30 días seguimos a este grupo de adolescentes, quienes deciden montar un desfile feminista en nombre de aquellas que ya no están, pero que siguen luchando día a día.


Siendo detonante la tragedia del Hogar Seguro, albergue donde 41 niñas fueron quemadas tras intentar escapar de sus abusadores, la película resignifica las llamas lejos de la desgracia, convirtiéndolas en símbolo comunitario y de fuerza interior. «No es el fuego que las mató, sino el Estado», clama Lesli Canela, activista de 22 años que, junto a su hermana Lupe y la directora Marta Chicoj, organiza las filas de «Peronia Adolescente» frente al festival que se avecina.


"Comparsa" (2026). Fuente: Calgary Hispano
"Comparsa" (2026). Fuente: Calgary Hispano

Encendiendo velas y haciendo de tragafuegos, la construcción del espectáculo se alterna con duras experiencias de vida, evitando el paternalismo y la miseria en pos de notas más horizontales.


Con la empatía como punto de inflexión, el inicio recoge a un grupo de chicas pintando sus brazos. Amarillo, naranja, rojo: cierran los ojos mientras recuerdan la masacre, nombres que luego serán escritos en sendas alas de mariposa. Son capullos que esperan germinar en un entorno hostil, sea mediante la performance, el canto, la pintura o la sola razón de sentirse acompañadas y entendidas.


Entre esas expresiones destaca el body paint, donde el cuerpo, cual lienzo, imprime la memoria en una potente escena que revive el relato entre voz y pinceladas. Mímesis de quemaduras, sangre y cenizas; de un árbol pensado para fugarse, verde figura que se reaviva a puertas del centro juvenil (crecen plantas, nueva vida, nuevas oportunidades) y en un cierre optimista, pero sincero (bajo el abrazo de sendas copas arboladas).


Fuera de este lugar, la cámara genera contraste con el resto de la comunidad: se abre y se detiene en espacios ajenos a la organización. Un carro de policía ocupa el primer término de un plano, la fuerza que oprime al pueblo. En otro, el peso visual opone la presencia de una niña y su hermano menor con la de un vagabundo desparramado en la acera, dos universos que conviven en un mismo entorno.


"Comparsa" (2025). Fuente: The Main Cinema
"Comparsa" (2025). Fuente: The Main Cinema

Por lo mismo, y como es costumbre, las «cabezas parlantes» se quedan cortas frente a las experiencias palpables en pantalla. De primeras, visitar la casa de la familia Canela profundiza en su fuerte sentido comunitario, en aquello que las hermanas buscan desde su arte pese a las carencias. Con cámara en mano, esta cercanía se repite al cubrir la vida de otra chica que, siendo menor de edad, ejerce como ama de casa, empoderada por las oportunidades que Peronia Adolescente le brinda fuera de su hogar.


En esa línea, destaca el enfrentamiento entre Lesli y un borracho a puertas del recinto, momento genuino que vislumbra la dinámica de resistencia que estas mujeres imprimen en sus vidas. Complementa la escena en la que Marta Chicoj ayuda a una niña que ha sido acosada, ejerciendo como una segunda madre en ese espacio hostil.


Si bien momentos y testimonios similares abundan en el filme, se logra un equilibrio irregular con el espíritu juvenil de los personajes. Autodenominada artista circense, Lesli Canela impregna energía y despierta sonrisas en sus interacciones, invitando a los niños al juego y a colaborar en el festival. El resultado surge en los 15 minutos finales, honrando a las mujeres fallecidas desde un activismo fortalecido, explosivo y menos lacrimoso.


De valor sociopolítico antes que cinematográfico, Comparsa resulta mejor pulida que otras propuestas del rubro, denunciando el abuso sin dejar de sonreírle a las oportunidades. Entre destellos de potencia visual y personalidades carismáticas, tratar estos temas nunca deja de ser importante, sobre todo si la ejecución vira hacia enfoques menos genéricos, aunque no por ello novedosos.




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