30 FICL: “El Partido” (2026) impriman la leyenda
- 4min
- 3 min de lectura
Aparenta ser un documental sobre la icónica definición de los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA de 1986, pero es mucho más que eso.
Por Gustavo Vegas Aguinaga FESTIVALES / 30 FICL

Juan Cabral y Santiago Franco dan el pitazo inicial de la 30.ª edición del Festival Internacional de Cine de Lima con El Partido (2026), una película que disecciona el encuentro futbolístico más recordado de la historia con, justamente, los dos goles más famosos de todos los tiempos. En la introducción escuchamos a Diego Armando Maradona decir, a través de material de archivo, que no involucren la política en el juego, que es "solo fútbol". Cabral y Franco, sin embargo, se encargan de anular al mítico número 10. Al menos en esa declaración.
Resulta provechosa toda la parte inicial, donde se explica el contexto histórico del partido: la rivalidad nacida en 1966, con insultos de por medio, y la década de 1980 atravesada por la Guerra de las Malvinas; todo como una olla a presión que terminaría por explotar el 22 de junio de 1986. Destaca también el esfuerzo de los directores por no construir una película exclusivamente alrededor de Maradona, por más titánica que resulte esa tarea, siendo él la figura indiscutible del encuentro.
Por ese motivo cobran importancia los testimonios de algunos de los protagonistas, como Ruggeri, Valdano y Burruchaga, por el lado argentino, y Lineker, Barnes y, sobre todo, el arquero Shilton, por el inglés. Si Maradona era considerado un dios, el documental parece plantear la siguiente idea: ya se han hecho múltiples películas desde la perspectiva de Jesús, ¿por qué no adoptar el punto de vista de los apóstoles o incluso del sumo sacerdote y los romanos? Perdonen lo hereje, por cierto.
Sería injusto, por más verdadero que resulte, decir que los insertos testimoniales carecen de la gracia, la fuerza y la mística del archivo del partido con las jugadas, los relatos y los goles. La potencia audiovisual de ambas partes genera un contraste marcado, así como un complemento para entender la guerra que se llevó a cabo en ese césped durante 90 minutos. Sin embargo, hay momentos dotados de una carga emocional tremenda, como el reclamo eterno del arquero Shilton, la principal víctima de "El Diego".

El trabajo de montaje se aprecia a medida que logran encajar esos 90 minutos (y esas décadas de enemistad, con una guerra de por medio) en otros 90 minutos de material fílmico. El archivo recopilado es editado y manipulado con la gracia de quien construye un thriller o reconstruye un crimen. Todo funciona para contar de nuevo esos cuartos de final de una manera minuciosa, reconstruida y, por lo mismo, nueva. Desde las historias de los técnicos hasta la camiseta azul de Maradona (quizá cansen los símiles religiosos, pero ese vendría a ser su santo sudario), todos los elementos de aquel día adquieren una nueva dimensión, sobre todo cuando, por obra y gracia de la diosa fortuna, Argentina e Inglaterra se enfrentaron una vez más en el pasado Mundial norteamericano.
Hay decisiones de Cabral y Franco que llevan consigo una carga simbólica disfrutable. Por ejemplo, vemos a los jugadores sentados frente a la pantalla como espectadores de aquello que vivieron en carne propia. No es casualidad que estén todos del mismo lado, enfrentados a la imagen proyectada, al recuerdo, a lo inmortal. De ahí que el blanco y negro los equipare. Ya no hay colores; es decir, no hay camisetas ni bandos. No hay rivalidad. War is over.

Ahora bien, los fanáticos de las películas de vaqueros habrán identificado la referencia fordiana del título de este texto y, pues, queda claro que la leyenda de Maradona fue mucho más grande que todo lo que hizo, no hizo o no debió hacer. ¿El gol con la mano merecía ser invalidado? Importa más la hazaña que la verdad "objetiva". El hombre alcanzó la inmortalidad con un gesto ilícito y, a decir verdad, lo encuentro poético. El fútbol, bien dicen, se gana con goles (no con buenas intenciones). En fin.
La "mano de Dios", entonces, quebranta la confianza del rival. Otros dirían que va contra la "ley de Zeus", o que Maradona desafió a los dioses. En tiempos en que La Odisea (2026) anda en boca de todos, conviene sopesar que hemos preferido, por miles de años, el mito heroico con cíclopes, sirenas y demás criaturas antes que un viaje de retorno plano y sin emoción. Lo mismo sucede, y ya escapa de mis juicios, con las polémicas del popular "barrilete cósmico". Pero eso ya es de otro partido.

kkk-02.png)