“La Odisea” (2026): El canto de los que no sabían escribir.
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Entre el espectáculo técnico y la relectura del mito clásico, La Odisea propone una reflexión sobre la oralidad, la escritura y la forma en que las historias sobreviven al paso del tiempo.
Por Macarena Céspedes ESPECIAL / CARTELERA COMERCIAL

"Aquel varón de multiforme ingenio" es como Homero presenta a Odiseo en los primeros versos de un poema que, durante siglos, no existió como texto, sino como voz. La Odisea nació y se transmitió oralmente mucho antes de convertirse en papiro. Era cantada por aedos que ajustaban el ritmo, el énfasis e incluso la trama según el público que tuvieran frente a ellos. Sobre esa tensión (entre lo que se canta y lo que se escribe, entre quién puede dejar registro de sí mismo y quién no) Christopher Nolan construye su adaptación de 2026, y también la pregunta que sostiene la película. En los últimos segundos, cuando Penélope le pregunta a Odiseo por qué las historias solo se cantan, él responde que el canto es lo único que les queda a quienes nunca aprendieron a escribir para no ser olvidados.
Esa idea explica una de las decisiones de casting más comentadas, y quizás incomprendidas, de la película: Travis Scott. Que interpreta a un bardo que abre la cinta narrando la caída de Troya. Buena parte de la crítica, previo al estreno, leyó la elección como un capricho publicitario. Aceptar el rap como heredero legítimo de la poesía oral, ese arte que gran parte de la intelectualidad mira con rechazo, es la manera que tiene Nolan de mostrarnos el verdadero nivel de la épica homérica. Un arte que perteneció a la voz y a la memoria colectiva.

En cuanto a la fidelidad al mito, Nolan no se toma libertades donde no las necesita. La transformación de los hombres de Odiseo en cerdos a manos de Circe ocurre exactamente como la narra Homero en uno de sus cantos, lo que deja abierta una pregunta más interesante que discutir la fidelidad de la escena: ¿qué traducción utilizó Nolan como base para decidir conservarla sin suavizarla ni reinterpretarla? La sonorización y la colorización mantienen ese mismo nivel de precisión a lo largo de todo el metraje. Zendaya, en el papel de Atenea, cumple una función mucho menos ornamental de lo que sugería su presencia en los pósteres promocionales. Es ella quien sostiene el peso simbólico del liderazgo de Odiseo durante el viaje, funcionando más como una guía moral que como una aparición divina.
La escala de producción es difícil de exagerar. La Odisea (2026) es la primera película de ficción rodada íntegramente en cámaras IMAX, lo que obligó a Nolan a rediseñar el equipo de filmación desde cero. En una entrevista con el diario New York Times contó que, apenas terminó Oppenheimer (2023), llamó a sus contactos en IMAX para decirles que si alguna vez iban a hacer una película enteramente en ese formato, sería esta, y que de ahí nació un sistema tipo “blimp” pensado para insonorizar las cámaras. Que si bien, hace insonora el zumbido mecánico del motor de las cámaras IMAX, termina siendo una carcasa gigante de un peso considerable. Y aquí surge un gran problema para los cineastas que osen usar estas bestialidades. Al ser el forro que recubre a la cámara del sonido tan estorboso a la vista, se tuvo que optar por un sistema de espejos para simular las miradas entre los actores que necesitan verse en orden para interpretar a sus personajes.

Sin embargo, lo más memorable de la película no reside en el despliegue técnico que hacen posible los espejos o el nuevo sistema blimp, sino en sus momentos más contemplativos. La secuencia de Odiseo a la deriva sobre una balsa, acompañado por delfines reales mientras la música de Ludwig Göransson alcanza uno de sus pasajes más hipnóticos, resume con claridad la propuesta estética del filme. Es ahí donde La Odisea se vuelve, al mismo tiempo, deslumbrante en lo visual y profundamente humana en lo emocional. Nolan construye un relato menos interesado en la majestuosidad de los dioses que en las consecuencias humanas de la guerra. Convierte la victoria en Troya en la mayor tragedia personal de Odiseo, explora la culpa que arrastra como líder y termina demostrando que la memoria (al igual que la historia) nunca ha sido neutral, pues siempre depende de quién canta y de quién escucha.

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