30 FICL: “Fjord” (2026), Cargando la cruz del inmigrante.
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La ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2026 llegó a Lima en el marco del 30 Festival de Cine Internacional de Lima. Se posiciona como una de las películas más destacadas del año y como un título que seguramente tendrá presencia durante la temporada de premios.
Por Daniel Pérez Sibaja FESTIVALES / 30 FICL

Cristian Mungiu vuelve a ganar una Palma de Oro tras conseguirla con Cuatro meses, tres semanas y dos días en 2007. Aquel drama destacó por su retrato incómodo de la violencia y la supervivencia en la Rumanía del dictador Nicolae Ceaușescu. La última película del cineasta rumano fue R.M.N. (2022), con una historia de tono sobrio sobre la xenofobia. Tras un paso relativamente discreto para la crítica y el público, Mungiu vuelve a agitar el avispero con Fjord.
La película se centra en los Gheorghiu, una pareja rumano-noruega profundamente religiosa que se instala junto a sus cinco hijos en un pueblo noruego situado en un fiordo. Cuando Elia, una de las hijas, aparece en el colegio con algunos moretones en el cuerpo, la comunidad comienza a sospechar de los métodos de crianza de sus padres y se desencadena una investigación.
Nuevamente, el director supo despertar el debate alrededor de los conceptos que introduce la trama, tales como la migración, la religión y las visiones del conservadurismo frente al progresismo contemporáneo. Ya desde su estreno en el festival se generó conversación alrededor de estos temas, con una clara polarización según el sesgo político de cada espectador.
La mayoría de opiniones coinciden en que las temáticas de la película atañen a la realidad actual de Europa, en un mundo globalizado donde las culturas parecen entrelazarse y friccionar cada vez más dentro del día a día.
Las opiniones de la crítica se han dividido entre aquellos que la clasifican como “tramposa” y consideran que trata con “condescendencia” la postura progresista, mientras que otros han considerado que el filme es brillante a la hora de retratar los temas actuales.
Justamente, considero que la nula ambigüedad en la postura que toma la película (en lo cual profundizaré más adelante) ha abierto la puerta a esta polarización en la percepción del público. Más allá del conservadurismo y el progresismo, considero que hay otras lecturas interesantes que se pueden hacer sobre Fjord.

Si bien hay una noción clara de violencia vinculada a la crianza religiosa, el punto del conflicto recae en ser ajeno al entorno. A pesar de que es interesante el juego de colocar a la visión progresista como la mano dura frente a un conservadurismo que cumple el rol de víctima, creo que podríamos cambiar la ideología de cada postura en la película y seguramente permanecerían las fricciones.
Las posturas religiosas cumplen un rol actancial. Podría tratarse de una familia musulmana en un pueblo de Japón, o de una familia budista en Siria. En ambos casos, el desarrollo del conflicto a partir de la barrera cultural podría ser el mismo.
El filme presenta varias escenas donde se denota la diferencia de conceptos y nociones entre la familia Gheorghiu y el resto del pueblo, siendo la violencia la más evidente. Tras las acusaciones, el entorno parece coincidir en que la familia es violenta y opresora, resaltando su país de origen y catalogándola como bárbara. En contraposición, el personaje de Noora (Henrikke Lund-Olsen), refleja un comportamiento violento y autodestructivo, pero esto ocurre sin mayor repercusión o reacción por parte del pueblo y pasa desapercibido, mientras que la familia debe soportar un escarmiento ante las sospechas del entorno.
Más allá de las posturas y los matices que presenta para hablar de las falencias del primer mundo, queda claro que los inmigrantes son obligados a adaptarse a una nueva sociedad y que serán culpables hasta que se demuestre lo contrario. Se enfrentan a un sistema que avanza sobre ellos como una avalancha.
Otra percepción que mantiene cierta parte de la crítica gira en torno a la ambigüedad de la película, o lo que muchos consideran una impostura por parte del director.
Muy al contrario de esto, considero que la película es clara en su retrato de la familia como víctima de la situación, llegando al extremo de que los personajes del pueblo se vuelven irritantes para el espectador ante la hostilidad con la cual tratan a la familia. Más adelante en la trama vemos un conjunto de escenas durante un juicio, donde justamente el juego de provocaciones y rechazo que emite el pueblo hacia la familia se vuelve más evidente.
Al comentar estos fragmentos con otras personas, surgieron las comparaciones con Anatomía de una caída (Anatomy of a Fall, 2023). Sin embargo, Fjord no goza de los mismos matices ni permite una interpretación similar, al posicionar justamente a los Gheorghiu como las víctimas de la disputa. No existe ese juego de interpretar quién está diciendo la verdad realmente, lo cual podría haberle sumado una capa más interesante a la cinta.

La ambigüedad no reside en quién es la víctima y quién el victimario del conflicto, sino en lo relativo que se vuelven las nociones de cada grupo. Queda claro que “el otro” será aquel que está mal.
Se vuelve irónico cómo los vecinos de los Gheorghiu discuten sobre las reprimendas de la familia y cómo no darles libre acceso a internet a los hijos es un acto de violencia, mientras el padre pierde los estribos en una discusión con su hija y golpea fuertemente la mesa ante el silencio y la incomodidad de su hija y esposa.
En cuanto a la interpretación, tanto Sebastian Stan como Renate Reinsve se roban cada minuto en pantalla, reflejando el constante dolor, la angustia y la furia que experimentan ambos esposos durante todo el conflicto.
En el caso de Reinsve, quién ha acertado con creces en sus últimas elecciones de proyectos, desde interpretaciones de cine autoral como Valor sentimental (Sentimental Value, 2025) hasta su apuesta por el terror comercial en Backrooms (2026), su participación resalta en una de las primeras escenas en las que se inicia la problemática de la trama, cuando los servicios sociales acuden a su casa. En este fragmento se aprecia la naturalidad en la angustia de una madre que no termina de entender qué está ocurriendo.
Por otro lado, Stan ofrece una interpretación que muy probablemente será digna de varias nominaciones y galardones durante la temporada de premios. Al contrario de la madre, el padre muestra una ira contenida, como quien se muerde la lengua al ser consciente de que la situación solo empeorará por decir tan solo una palabra de más.
La última película de Mungiu resalta por ser un comentario con una postura clara sobre la realidad de un mundo globalizado, donde la cultura de origen puede convertirse en una cruz con la que se deberá cargar ante el rechazo del entorno y donde las comodidades del primer mundo se evidencian como una fachada cuando la ley es impuesta por una visión unilateral.
Sin presentar un mayor despliegue técnico, con una propuesta natural, casi de falso documental, y con actuaciones donde la tensión y las emociones contenidas son el principal atractivo, Fjord es una película que resalta más por las temáticas y los debates que plantea que por la historia en sí misma. No porque esta falle en su cometido, sino porque su tema resulta más fuerte por sí mismo.

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