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30 FICL: “La muerte no tiene dueño” (2026), sombras del pasado

  • hace 15 minutos
  • 3 min de lectura

El regreso a una tierra marcada por la violencia y el pasado colonial se convierte en un conflicto sobre la pertenencia, la herencia y las heridas aún abiertas de Venezuela. Contiene spoilers.


Por Gustavo Vegas Aguinaga FESTIVALES / 30 FICL

"Dead Has No Master" (2026). Fuente: IMDb
"Dead Has No Master" (2026). Fuente: IMDb

La muerte no tiene dueño (2026), nueva cinta de Jorge Thielen Armand, coloca en el centro de su relato a Caro (Asia Argento) como la nueva heredera de un cacaotal en Venezuela al que debe regresar para reclamarlo. El filme arranca con secuencias oníricas de abusos y violencias, la memoria colonial del lugar y la familia. Así, el retorno de Caro no es solamente geográfico, sino también histórico. Thielen Armand busca entrar por una herida todavía abierta de Venezuela y hurgar en ese pasado que sigue latiendo.


De este modo, la protagonista enfrenta un sinfín de obstáculos para lograr su cometido. En primer lugar, su otredad como extranjera o casi apátrida, la barrera del lenguaje y su desconexión con el lugar que busca retomar. “¿Dónde estabas cuando había que reparar una puerta o colocar una bombilla?”, le reclaman. En segundo orden, la plantación y la hacienda están tomadas por los antiguos trabajadores, la mano de obra empleada por el patriarca fallecido. Allí, la disyuntiva de la película: ¿merece Caro recuperar sus tierras por decretos legales o son los sujetos obreros quienes ya las trabajaron y, por ende, dueños de las mismas?


Esta tensión se traduce en el ambiente caluroso, donde los personajes sudan constantemente y se impacientan, y pareciera que estar en ese lugar que albergó violencia hará que todo explote en algún momento. Siempre están al borde del colapso. La cámara enfoca a los personajes terrosos, manchados, como si la sangre y la violencia formaran parte de la piel. Lo mismo con la iluminación nocturna, siempre a velas, que evoca una época anterior y una penumbra moral. Thielen Armand emplea distintos recursos para acrecentar los ánimos en conflicto hasta que exploten.


"Dead Has No Master" (2026). Fuente: IMDb
"Dead Has No Master" (2026). Fuente: IMDb

La inmensidad de la hacienda se presenta como amenaza, como si Caro estuviera siempre en peligro. Así, se trabaja una atmósfera sonora rica en los ruidos de la selva y de la calle, pero también con la bulla casi fantasmal que atormenta la soledad de la mujer. Lo mismo con lo visual: los espacios de la casa se hacen largos y hondos, habitados y vacíos al mismo tiempo, suyos y ajenos. Incluso en la calle, la cámara la reduce y la coloca al centro de la mirada de otros posibles enemigos, tal como sucede con la comisaría, donde su figura resulta apocada frente a la unidad entre los pobladores y el malestar que genera su misión de “despojar” a gente de un hogar.


La lectura neocolonialista que alberga la película sale a flote bastante rápido conforme Argento sataniza a los hospedados y a Sonia (Dogreika Tovar), otrora ama de llaves que ahora cuida del pequeño Maiko. Así, su identidad europea choca con este nuevo mundo. Por ejemplo, cree que Maiko se llama “Michael” y su nombre es un error, cosa que le costará caro más adelante. El choque entre la protagonista y todos los demás personajes es constante, así como los ecos violentos en forma de pesadilla que la azotan. Por este lado, el filme se refugia en lo simbólico y metafórico, regresa a la ensoñación, al largo trazo de barbarie que precede a la película misma y va y viene y se deja ir…


Hacia el final es cuando ese ritmo aletargado se abre paso a tajo limpio por la selva frondosa y regala una dosis de acción necesaria para contrarrestar un poco la pesadez. Si bien Thielen Armand no renuncia a las significancias (es finalmente un niño quien da el tiro de gracia y, por ende, heredará la violencia), aunque ahora con mayor relevancia: la casa queda vacía y cubierta de sangre; las puertas terminan abiertas a cualquier otro que se le ocurra aparecerse. ¿Hablará el cineasta sobre la actual Venezuela? Con un baño de sangre impuesto por intereses extranjeros para vender algo propio de los pobladores, cabe la posibilidad.


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