“Al margen de la ley” (2017): la primera aventura del Policía Monstruo
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Antes de consolidarse como una de las franquicias policiales más populares del cine surcoreano reciente, Ma Seok-do debutó en Al margen de la ley (2017), un thriller que establece las bases tonales y narrativas de la saga: violencia directa, humor ocasional y un protagonista de fuerza imponente.
Por Sebastián Zavala CRÍTICAS / PRIME VIDEO

Cuando escribí sobre Fuerza Bruta (2022) hace casi tres años, señalé que quedaba pendiente regresar al origen del personaje en The Outlaws (Beomjoidosi, 2017), también protagonizada por Don Lee. Aunque la revisión se hizo esperar, finalmente es posible apreciar el primer caso cinematográfico del detective Ma Seok-do, curiosamente inspirado en un hecho real. Al margen de la ley (disponible en Prime Video) funciona como el prototipo de lo que posteriormente desarrollarían sus secuelas: un thriller policial eficiente, de ritmo sostenido y violencia explícita.
Inspirada en la captura de una red de criminales chino-coreanos en Seúl en 2004, la película presenta a Ma Seok-do (Don Lee) como un agente capaz de imponer orden con contundencia física desde su primera aparición, cuando interviene en una violenta disputa en el Barrio Chino de la ciudad. Es así cómo el llamado “Policía Monstruo” es establecido como una fuerza de la naturaleza; como un tipo gigante, eficiente y agresivo, que aprecia a sus amigos y disfruta del buen trago, pero también está siempre enfocado en el trabajo.
El conflicto principal se activa tras un acuchillamiento que conduce a Ma a mediar entre las dos principales bandas criminales chino-coreanas de la zona. La frágil estabilidad se rompe con la llegada de Jang Chen (Yoon Kyesang), un líder despiadado que busca expandir rápidamente su dominio mediante métodos particularmente brutales. Ante la escalada de violencia, el capitán Jeon (Choi Gwi-hwa) encomienda a Ma la misión de desarticular ambas organizaciones, en medio de presiones institucionales y aspiraciones de ascenso.

No hay dudas de que hay ciertos detalles culturales en Al margen de la ley que podrían resultar por lo menos curiosos para el espectador occidental promedio; eso es algo normal a la hora de ver una producción coreana. Sin embargo, lo más polémico radica en la representación de los métodos policiales. Ma Seok-do recurre con frecuencia a la fuerza física y a prácticas coercitivas durante los interrogatorios. La película presenta estas acciones como parte habitual del ejercicio policial, naturalizando conductas que, desde otros contextos, podrían considerarse problemáticas.
En general, y cómo se vería posteriormente en Fuerza Bruta, la violencia es tratada como un aspecto regular en la vida de un policía de Seúl; no solo porque debe lidiar con ella, sino también porque la emplea prácticamente todo el tiempo. Es por eso que Ma Seok-do se convierte en el Policía Monstruo; un tipo que ejecuta todo tipo de tácticas agresivas, desde cachetear a gente (lo cual hay que admitir, sí es gracioso) hasta perseguirlos y pelear con ellos, para resolver crímenes. Lo que resulta interesante en Al margen de la ley, además, y lo que la diferencia claramente de producciones norteamericanas, es que no hay armas de fuego. Nadie carga pistolas, y nadie se mete en tiroteos. La mayor parte de la violencia se lleva a cabo con navajas y hachas, lo cual resulta en víctimas siendo despedazadas y hasta desmembradas, y no hace más que convertir a los villanos en figuras tremendamente odiosas.
Y es ahí donde radica lo genial de las caracterizaciones en Al margen de la ley: sí, puede que los policías sean agresivos y hasta corruptos, pero los criminales son peores. Ma Seok-do cachetea a la gente y los llama idiotas, pero Jang Chen y su gente desmiembran personas. La postura del filme, de hecho, parece ser que estos criminales son tan excesivamente violentos, que la única manera de lidiar con ellos es con más violencia. No hablando, no razonando y mucho menos calmando las aguas, sino más bien tratándolos con agresividad para espantarlos y finalmente aprisionarlos. Esto resulta en una pelea final que, sin llegar a estar al nivel de un combate similar en Misión Imposible: Repercusión (2018), funciona gracias a lo visceral que resulta.

Por supuesto, si Al margen de la ley funciona, es en gran parte gracias al trabajo de Don Lee. Puede que el personaje de Ma Seok-do sea ahora bastante famoso, pero es en este filme donde comenzó, y por ende, donde se evidencia que su figura ha sido construida para ser percibido como un mastodonte invencible; como una representación de la agresión de los “buenos”, quienes actúan a favor de la gente regular (y en el caso de esta cinta en particular, incluso con la ayuda de estos últimos). Don Lee le otorga al personaje una palpable mezcla de intimidación y carisma, haciendo que el Policía Monstruo no se perciba como una figura meramente amenazante, sino más bien como un oso de peluche cuyo hobby es cachetear a la gente.
Interesante regresar después de un tiempo a ver la primera entrega de esta serie de filmes. Lo que comenzó como un thriller relativamente sencillo basado en hechos reales, posteriormente se convirtió en una saga longeva y popular (la cual pronto estrenará una quinta parte, dicho sea de paso). Y al ver Al margen de la ley, resulta fácil darse cuenta porqué. Lo que tenemos acá es un thriller que mezcla tonos en general con éxito (ciertas escenas son graciosas, hasta caricaturescas, mientras que toda la violencia es presentada de forma explícita y sangrienta), y que destaca gracias a la notable caracterización de su inmenso protagonista. Al margen de la ley no está al mismo nivel que varias de sus secuelas, pero como el comienzo de esta importante franquicia, todavía funciona bastante bien.

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