“The Drama” (2026): Elige bien a tu pareja y… ¿a tu dj?
- hace 6 horas
- 6 Min. de lectura
En The Drama, Kristoffer Borgli cuestiona el ideal romántico a través de la ansiedad y la duda, apoyándose en el uso del sonido y la música como claves para revelar la inestabilidad emocional de sus personajes.
Por Andrea Boggiano CRÍTICAS / CARTELERA COMERCIAL

Kristoffer Borgli nos trae una nueva forma de entender las películas de romance a través de una premisa incómoda que todos se han planteado en algún momento: ¿realmente conoces al amor de tu vida?
Borgli, junto a A24, nos muestra a una pareja que aparenta encontrarse dentro de lo normal y establecido (hasta cierto punto). Charlie es interpretado por un tímido e incómodo Robert Pattinson, y Emma es interpretada por una misteriosa y controversial Zendaya. Personajes con personalidades en las que, en los últimos tiempos, los actores parecen haber encontrado un espacio de comodidad creativa, especialmente en sus papeles protagónicos más recientes.
Charlie y Emma se presentan ante nosotros como dos jóvenes enamorados que se han conocido a través de una torpe interacción, propiciada por Charlie, en una cafetería. Una interacción propiamente sacada de alguna novela adolescente, pero que funciona.
La joven pareja decide comprometerse después de dos años de noviazgo y está totalmente convencida de que son la media naranja del otro, o medio limón, como prefieran verlo.
Ambos parecen ser divertidos, económicamente estables y viven en el departamento de ensueño que parece sacado de un tablero de Pinterest, pero, sobre todo, están ¿felices?
Felicidad: una palabra que parece ajena hoy en día si pensamos en la forma en la que funcionan las relaciones actuales, ya que muchas de ellas están basadas o se sostienen en lo que Bauman establece como modernidad líquida. Teoría que puede trasladarse a las relaciones amorosas actuales, entendiendo que ciertas personas buscan un cambio constante en lo que respecta a su vida amorosa, casi como si se tratase de ropa interior: poco duradera, compuesta prácticamente por plástico, casi efímera, no permanente.
La fugacidad se vuelve clave para convencer al otro de manera intensa de que sí existe algo, pero que pronto se desvanecerá.
Pero Emma y Charlie han logrado convencer a todos, en una primera instancia, de que la teoría se equivoca y que son la excepción. Hasta que, un día, durante los preparativos de la boda, toda esa felicidad es interrumpida por una conversación incómoda entre “amigos”.
En la degustación de platos para la boda, Emma hace una confesión inesperada ante la pregunta que plantea Rachel, su dama de honor: ¿qué es lo peor que has hecho en tu vida?
Esto nos plantea un dilema moral como espectadores y dentro de la propia historia: ¿podemos confiar en Emma?

En algún momento de su adolescencia, Emma pensó que debía matar a todos sus compañeros de clase en un mass shooting. Estuvo varios meses preparándose para ello, incluso practicando con el arma de su padre. Esto la llevó a sufrir un accidente y quedarse sorda de un oído.
Evidentemente, este es un tema controversial no solo para la conversación entre amigos, sino también una realidad y un debate activo en Estados Unidos debido a las irregularidades en el uso, compra y venta de armas en el país, que cobran miles de vidas cada año en diferentes escuelas.
Tras la repentina e incómoda revelación, surgen muchas preguntas para Charlie y para la pareja de amigos que los acompañan, Rachel y Mike. Vemos cómo la figura de Emma (esposa buena, graciosa y amable) se desfigura y se tiñe de violencia ante los ojos de Charlie.
Es entonces cuando empiezan los cuestionamientos internos de Charlie, y vemos, desde su punto de vista, cómo la ansiedad lo va consumiendo, arrastrándonos también como espectadores. A lo largo del film contemplamos el sinfín de posibilidades que él se plantea y cómo el mundo perfecto que habían construido se ve arrebatado por los nuevos miedos tras la confesión de Emma, algo que no podrán superar antes de la boda.
Sus miedos se representan en la figura de una Emma más joven, portando un arma junto a él en diferentes escenarios. Conducido por la ansiedad, Charlie llega hasta el punto de tomar una decisión impulsiva: serle infiel a Emma unos días antes de la boda. Todo esto se ve reforzado visualmente a través de un montaje con cortes rápidos, planos abiertos y zooms incómodos que nos hacen sentir que alguien más observa a los personajes.
Hasta este punto de la historia, podríamos concluir que, en efecto, es una simple película de drama, pero todo cambia si realmente escuchamos con atención.
Para entender mejor este punto, y porque creo que existe cierta genialidad en The Drama, hay algunos elementos a nivel sonoro que me capturaron y me permitieron comprender con mayor profundidad la historia. Destacando que, en efecto, sí importa el DJ de tu boda… o, bueno, de tu película.
El personaje de Emma no escuchaba de un lado; más específicamente, no escuchaba por su oído derecho (o eso creo; si me equivoco, perdón). Esto me hace pensar en la forma en que escuchamos su versión de la historia. Por ejemplo, cuando ella habla de su infancia, la vemos imaginada o narrada visualmente por Charlie, no por ella misma. Esa decisión nos muestra que, en realidad, ella no es dueña de su propia narrativa, ni de cómo la perciben los demás o el público. Vemos la mitad de la verdad, de la misma manera en que ella escucha a la mitad.

Al tener únicamente la perspectiva de Charlie, solo vemos el imaginario que él ha construido sobre Emma.
Sin embargo, no podemos culparlo por completo por las ficciones que crea para calmar o alimentar su ansiedad, porque, a pesar de todo, solo es un chico enamorado. Incluso cuando no logra conciliar ese amor con la gravedad de la confesión de Emma. Es eso lo que lo vuelve un personaje real para el público.
Si retomamos una de sus revelaciones iniciales, su reacción resulta aún más comprensible. En una de las escenas más íntimas del film, vemos a ambos en un plano conjunto cerrado. Charlie, sentado al borde de la cama, le confiesa al oído de Emma (en el cual es sorda) cuánto la ama: un amor tan intenso que “duele”. Ella no puede escucharlo realmente, por lo que la confesión es, en realidad, para el público. Y es esa confesión su condena hasta el final: amar profundamente a alguien a quien ya no sabe cómo entender.
Pasando ahora al segundo elemento musical de gran relevancia: “sin un buen DJ no hay una buena boda”. Ni tampoco una buena película.
La música, en muchos casos, puede ser un acompañante o un enemigo. En este caso, se convierte en un acompañante, un personaje secundario que sigue a los protagonistas en su ansiedad. Una especie de leitmotiv aparece cada vez que vemos cómo Charlie es llevado al extremo por sus emociones o cuando se genera tensión entre la pareja. Visualmente, se percibe una constante persecución, como si la cámara fuese alguien que los acusa por sus errores.
En total, tenemos una composición de quince piezas del género clásico, ejecutadas y compuestas por Daniel Pemberton, conocido por su trabajo en bandas sonoras de películas como Project Hail Mary (2026), Materialist (2025), Spider-Man: Across the Spider-Verse (2023), Ocean’s 8 (2018) y Metropolis (2010), entre otras.
Él es nuestro DJ, pero además cumple un rol clave: reforzar y transmitir la ansiedad de los personajes, haciéndonos partícipes de ella. A esto se suman canciones extradiegéticas como “I Want to Lay with You” de Shira Small, que aporta una sensación de nostalgia, o “Inside Out” de Jesse Rae, utilizada por Emma para provocar o calmar a Charlie en medio de una discusión. Es también la canción que él escucha después de la boda, cuando todo se da por perdido. De esta forma, la música anempática genera un contraste interesante frente a las emociones de los personajes.
La música juega un rol clave en el mood de la historia y aporta no solo una atmósfera, sino que nos permite desbordarnos emocionalmente al igual que los protagonistas.
Regresando a la figura del DJ, uno de los consejos que recibe la pareja es contratar a uno bueno para la boda. Sin embargo, casi al inicio de la película, los protagonistas ven a la DJ fumando heroína en la calle. Podría interpretarse como un adelanto, un mal augurio de lo que le espera a la pareja.
Para ambos, esto genera incomodidad, pero es Charlie quien se muestra más reacio a mantenerla, mientras que Emma se muestra más indiferente. No es hasta casi el final, cuando todo se desborda entre ellos, que ella decide hablar con la DJ, mientras Charlie cambia completamente de postura. Ya en el “gran día”, él contrata a un nuevo DJ, quien termina reforzando la sensación de que todo está saliendo mal.
El desenlace se repite como un disco rayado, insistiendo en una promesa que ya no puede renovarse y dejando claro que el matrimonio no prosperará, aun cuando ambos intenten redescubrirse.

kkk-02.png)



Comentarios