“Better Call Saul”: el abogado Joker y otros parásitos

Actualizado: may 7

La serie protagonizada por Bob Odenkirk, precuela y spin-off de Breaking bad, revela interesantes diálogos con películas como Joker o Parásitos. Estas cintas, al igual que Better Call Saul hablan de las diferencias de clase a través de sutiles coincidencias.


Por José Carlos Cabrejo CRÍTICA / NETFLIX

Fuente: Universidad de Lima


Del mismo modo que en Breaking bad Walter White se convierte en Heisenberg, en Better Call Saul vemos a Jimmy McGill transformarse en Saul Goodman, una vez que recupera su licencia de abogado, perdida después de cometer actos infames, pero que sin embargo no nos impiden que sigamos con adicción sus aventuras.

Jimmy McGill ve el mundo como un gran casino. Se deja atrapar por el riesgo, la apuesta, el azar, a pesar de que eso pondría en peligro no solo su vida sino la de aquellos a los que quiere. Pero, más allá del espíritu lúdico de este personaje, sigue una ruta excéntrica entre los mundos de los ricos y de los pobres, de los privilegiados y de los marginados, de los que tienen oportunidades y de los que no tiene ninguna.


Los parásitos

En la película Parásitos (2019) de Bong Joon-ho, las diferencias de clase se representan a través de espacios. Si la humilde familia de Ki-taek (Kang-Ho Song) vive en un estrecho semisótano de paredes con moho y ropa amontonada, la lujosa casa de los Park está caracterizada por la radiante iluminación que atraviesa sus puertas de vidrio, así como por la sobria espacialidad que la profundidad de campo acentúa. Los pobres se disfrazan de personas dedicadas a distintos oficios para infiltrarse en aquella casa, a la que succionan económicamente para sobrevivir.

Jimmy llega a tener una estrecha oficina, tan atiborrada de objetos como el hogar de Ki-taek, al interior de un spa de colorido kitsch. Sin embargo, gracias a su talento para lidiar con los problemas legales de mujeres de la tercera edad, logra infiltrarse como hombre de leyes en ostentosos y elegantes bufetes, en los que el dinero circula en cantidades millonarias y la luz ingresa intensamente por puertas o ventanas como en la casa de los Park. Pero Jimmy no se introduce en estos espacios para cumplir con los trabajos que le encargan. Los estropea, los obstaculiza, los sabotea, y lo hace actuando como un parásito, extrayendo el máximo de dinero posible al amparo de los contratos que ha firmado.


Un personaje tan fascinante como Jimmy es Kim Wexler (Rhea Seehorn), quien siente una profunda sintonía con las trampas que Jimmy tiende a los ricos abogados (relaciones de poder plasmadas de forma cómica y que traen a la memoria la novela picaresca, lo que también acerca la serie a la película de Bong Joon-ho) y que finalmente imita. A pesar de trabajar de forma exclusiva para un banco que le da una paga que sostiene con creces su economía, se asocia con Jimmy para boicotearlo, con el objetivo de ayudar a un hombre que están a punto de echar de su casa para demolerla. Detrás de su imagen seria y formal, se esconde alguien que actúa de forma parasitaria al igual que Jimmy. Parafraseando una expresión que realiza Gus Fring (Giancarlo Esposito) en uno de los capítulos de la serie, “muerden la mano que les da de comer”.

Fuente: La Nación


Los payasos

Del mismo modo que Kim usa un disfraz para introducirse en espacios de poder con la intención de succionarlos y hacerles daño desde el interior (incluso el dinero que gana le da tiempo para ayudar a gente de escasos recursos en procesos judiciales), es obvio que en realidad el disfraz del protagonista es Jimmy McGill y no Saul Goodman. Se viste con ternos sobrios y convencionales para camuflarse en los bufetes y realizar actos que van en contra de los ricachones dedicados al mundo de las leyes.

Su verdadero yo es Saul Goodman, ese abogado de ternos más coloridos que el propio arcoíris, identificado con traficantes de drogas, prostitutas y otros personajes que se encuentran en los márgenes, y no con personajes como su hermano Chuck (Michael McKean), un abogado de altísimo prestigio.

Jimmy McGill es la máscara, la “persona”, del personaje. Si bien los trajes multicolor hacen ver al protagonista como un bufón, un payaso, un freak, es una imagen que hace las veces de un espejo. Él más bien se siente reflejado en esos personajes marginales a lo que defiende. En ese sentido, actúa como el Joker. En la película de Todd Phillips del año pasado, el personaje interpretado por Joaquim Phoenix también se identifica con aquellos personajes que no se sienten integrados al sistema. Al igual que él, son unos “fenómenos”.


Y son esos mismos “fenómenos” los que permiten el escape del Joker después de asesinar a un conductor de televisión. En medio de dantescas protestas, impactan con un vehículo el patrullero en que el personaje de Phoenix es llevado a la comisaría. Recogen su cuerpo inerte como si fuera el de Cristo después de morir en la cruz, y lo observan esperando su “resurrección”. Es alabado como un personaje mesiánico. Y justamente, en una secuencia de la última temporada de la serie, Saul Goodman también se perfila como un salvador de sujetos afines.

Fuente: Fuera de Series


En dicha secuencia, aparece al interior de una carpa similar a la de los circos. Saul regala celulares que con solo un botón permiten una comunicación inmediata con él, y ofrece sus servicios con el 50% de descuento. Por ello, y a pesar de pertenecer a registros audiovisuales tan distantes, Saul Goodman se convierte en un vengador circense al igual que el Topo de Jodorowsky, dispuesto a hacer pagar caro a los distinguidos miembros de esa sociedad que humilla y vulnera a sus apreciados freaks.

Como Joker, Better Call Saul abre una mirada crítica de los Estados Unidos de Norteamérica y su relación con el “otro”. Ello explica que Saul Goodman transite por espacios dirigidos por migrantes. Véase la comodidad con que el protagonista asienta su oficina en un spa manejado por una mujer de origen asiático, o los negocios que realiza con el mexicano Lalo Salamanca (Tony Dalton), a pesar de ser un narcotraficante que, al igual que Gus Fring, atemoriza con el silencio, la mirada y con una luz cenital que lo envuelve en sombras de inquietante densidad.

Goodman, como los personajes de las películas de Bong Joon-ho y Todd Phillips, sabe reconocer arquitecturas y recorrerlas con máscaras, para alimentarse del sistema y a la vez atacarlo de forma burlesca.





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