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Cannes 2026: las películas que vimos y esperamos ver en Perú

hace 19 minutos
18 min de lectura

Entre grandes autores, propuestas de género y producciones provenientes de distintas partes del mundo, esta edición dejó una programación potente. Mientras que algunos títulos llegaron al circuito peruano de festivales o a la cartelera comercial, otros esperemos que también lo hagan.


Por José Carlos Cabrejo, Carla Beatriz Gonzales y Daniel Pérez Sibaja


ESPECIALES / CANNES 2026

"Teenage Sex and Death at Camp Miasma" (2026). Fuente: IMDb
"Teenage Sex and Death at Camp Miasma" (2026). Fuente: IMDb

COMPETENCIA OFICIAL


Nagi Notes (Kōji Fukada)


La película tuvo una buena recepción tanto entre la crítica como entre el público. Lo que más destaca son sus actuaciones, especialmente la de su protagonista, Yuri (Shizuka Ishibashi) una arquitecta divorciada que viaja desde Tokio hasta el pequeño pueblo de Nagi para visitar a su antigua cuñada, Yoriko (Takako Matus) una escultora. Lo que inicialmente parece una breve pausa en su vida termina convirtiéndose en una experiencia de introspección, marcada por los recuerdos y la tranquilidad de un entorno alejado de la ciudad.


Fukada apuesta por un ritmo pausado y una puesta en escena contemplativa, donde los silencios, los gestos y los espacios se vuelven los principales conductores de la historia. La película se interesa por los vínculos que permanecen a pesar del paso del tiempo, así como por la dificultad de desprenderse del pasado y encontrar un nuevo lugar en la vida. A grandes rasgos, recuerda a otros trabajos del director como Harmonium (2016), donde el manejo de los silencios y la construcción de sus personajes se vuelven parte de un viaje profundamente emocional e inmersivo (CBG).


"Nagi Notes" (2026). Fuente: IMDb
"Nagi Notes" (2026). Fuente: IMDb

La Vie d’une femme (Charline Bourgeois-Tacquet)


Dentro de la competencia francesa, La Vie d’une femme sobresale por la potencia de la actuación de Léa Drucker. La película sigue a Gabrielle, una cirujana de 55 años y jefa de servicio de un hospital público, cuya vida gira casi por completo alrededor de su profesión y de las responsabilidades que mantiene con su familia. La llegada de una novelista que pasa unas semanas en su servicio para documentarse para un libro altera poco a poco la rutina que Gabrielle ha construido.


Su tono cómico abarca los altibajos emocionales propios de esta etapa de la vida, ofreciendo una protagonista llena de matices que Léa Drucker enfatiza a través de una gran potencia actoral. Al contrario que otras películas dentro del festival, La Vie d’une femme evade la sutileza para contar una historia con una profunda alma feminista, interesada en el deseo, el envejecimiento, la independencia y la posibilidad de cambiar incluso cuando se ha construido una vida aparentemente estable. Bourgeois-Tacquet pone así en tensión el exigente mundo profesional de Gabrielle con aquello que ocurre cuando una presencia inesperada irrumpe en su cotidianidad.


Lo interesante es que el guion no se limita a plantear esa transformación, sino que profundiza en aquello que significa para su protagonista abrirse a lo inesperado sin renunciar a la mujer que ha decidido ser. Es, además, una historia profundamente actual, que reivindica una representación de la mujer madura alejada de los papeles tradicionalmente asociados al sacrificio y la renuncia. Se pudo ver en el Festival de Cine de Lima y esperamos que se estrene en la cartelera comercial (CBG).



Fatherland (Paweł Pawlikowski)


Si hay que destacar una de las películas más interesantes del festival, Fatherland, de Paweł Pawlikowski, está entre ellas. La película sigue a Thomas Mann y a su hija Erika durante su regreso a Alemania en 1949, después de dieciséis años de exilio. Ambos atraviesan un país todavía marcado por las ruinas de la guerra y dividido entre las zonas de ocupación estadounidense y soviética. Este viaje funciona como el punto de partida para explorar una relación familiar compleja, atravesada por las diferencias de carácter, el pasado y las heridas que dejó el exilio.


La fotografía en blanco y negro, nuevamente a cargo de Łukasz Żal, está dotada de una sensibilidad y un cuidado estético maravillosos. Sandra Hüller vuelve a demostrar su enorme capacidad interpretativa como Erika Mann, mientras que Hanns Zischler construye a un Thomas Mann marcado por una personalidad fuerte, solemne y, por momentos, apática. Lo interesante recae en que la película adopta principalmente el punto de vista de la hija: su mirada permanece distante y empequeñecida frente a este hombre que ocupa un lugar dominante, no sólo ante sus ojos, sino también frente al escenario de una Alemania que intenta reconstruirse después de la guerra.


Esta elección modifica nuestra percepción de la relación y permite que Pawlikowski trabaje el vínculo familiar desde una posición mucho más íntima. El viaje por las ruinas del país se convierte así en un recorrido emocional en el que las tensiones entre padre e hija conviven con el afecto y el dolor. La película llegó a Perú a través del Festival de Cine de Lima (DPS).



Historias paralelas (Asghar Farhadi)


Es quizá la película menos lograda de su filmografía. La historia de Sylvie, una escritora que busca inspiración para escribir su próxima novela al espiar a sus vecinos. Farhadi construye la propuesta alrededor de una idea interesante: es como mirarse al espejo, una misma historia que se cuenta desde perspectivas diferentes. Farhadi siempre ha trabajado muy bien las situaciones de tensión y la manera en que el miedo se instala progresivamente en sus personajes. Aquí, sin embargo, esa tensión no termina de transmitirse.


En algún momento, el espectador puede sentirse perdido dentro del guion. Sus dos horas y veinte minutos terminan sintiéndose demasiado largas y la experiencia resulta agotadora y poco disfrutable. Hay elementos que sí funcionan: París, los apartamentos y la manera en que algunos espacios parecen construir una especie de juego de miradas que, por momentos, recuerda a La ventana indiscreta. Pero estos aciertos no consiguen compensar las dificultades del conjunto. Se pudo ver en el Festival de Cine de Lima (CBG).



All of a Sudden (Ryūsuke Hamaguchi)


Lo último del realizador japonés dialoga de manera fascinante con sus dos títulos anteriores. En esta historia sobre una mujer francesa que trabaja como directora de una residencia de ancianos y conoce a una directora de teatro japonesa, Hamaguchi vuelve a explorar la muerte y el duelo como en Drive my car, y el horizonte del capitalismo al igual que en El mal no existe.


En sus más de tres horas de metraje, All of a Sudden posee una cualidad entre hipnótica y zen en la fijeza de su cámara o en la serenidad de sus recorridos. Nos sentimos absorbidos en la relación que no solo se construye entre los personajes de las actrices Virgine Efira y Tao Okamoto (premiadas en Cannes), sino con aquellos pacientes afectados por limitaciones físicas y cognitivas.


Por un lado, está la corporalidad, en esos roces y hasta masajes entre los personajes que son modos de afecto, pero a veces incluso de sugerencia erótica; por otro, ese humanismo de la película, que medita sobre las lógicas económicas del mundo, que se pueden subvertir para reivindicar a ese ser humano afectado por su salud y acaso al borde de dejar la vida que aún lo retiene.


Otro protagonista en la cinta es la naturaleza: el atardecer o la llegada de la noche, la niebla o los árboles, el bosque o el cielo despejado, crean un clima animista. Es un entorno que parece sentir lo que sienten los personajes, y lo que sentimos, como lo hacen también esas escenas de puesta teatral que calan hondo en nuestra reflexión sobre la ficción y en la emoción que nos despiertan esos seres queridos que podríamos perder.

All of a Sudden es una entrañable y vital celebración de la muerte, y uno de los mejores filmes del año (JCC).      


"All of a Sudden" (2026). Fuente: IMDb
"All of a Sudden" (2026). Fuente: IMDb

Gentle Monster (Marie Kreutzer)


La película nace después de que Marie Kreutzer leyera en 2020 una noticia sobre una red de abuso sexual infantil descubierta en Alemania. Más tarde, la temática adquirió una dimensión más cercana cuando el actor Florian Teichtmeister, con quien Kreutzer había trabajado en su anterior película, Corsage (2022), fue acusado de posesión y producción de material de abuso sexual infantil.


A partir de estas experiencias, Kreutzer se adentra en esta temática para jugar con la percepción de los personajes y trabajar la figura del monstruo sin mostrar nunca una verdadera faceta terrible. El monstruo siempre es gentil. La historia pronto se convierte en un juego de percepciones donde la realidad de Lucy (Léa Seydoux) comienza a desmoronarse cuando debe enfrentarse a la posibilidad de que su propia pareja oculte una faceta que desconoce. La película construye así un drama social que profundiza en las distintas caras de la maldad dentro de la cotidianidad y en aquello que puede permanecer oculto detrás de una apariencia aparentemente normal.


Con una actuación magistral de Léa Seydoux, Kreutzer consigue expresar su idea sin necesidad de convertir al personaje en una amenaza convencional. La inquietud nace precisamente de esa contradicción: el monstruo no tiene por qué parecer monstruoso (CBG).


"Gentle Monster" (2026). Fuente: IMDb
"Gentle Monster" (2026). Fuente: IMDb

Sheep in the Box (Hirokazu Kore-eda)


En el caso de Sheep in the Box, de Hirokazu Kore-eda, encontramos una preocupación evidente por el futuro y por la humanidad. La historia se centra en una pareja que acoge a un niño humanoide creado con inteligencia artificial tras sufrir una pérdida familiar. El deseo de llenar ese vacío y lidiar con la ausencia pronto se transforma en una nueva e inquietante dinámica familiar.


A través de sus 126 minutos, Kore-eda plantea preguntas sobre el duelo y los límites de la inteligencia artificial dentro de un drama familiar que mantiene varias de las preocupaciones habituales de su cine. Sin embargo, el director también sale de su zona de confort al incorporar elementos de ciencia ficción y construir un relato en el que la naturaleza y la artificialidad funcionan como dos fuerzas en constante contraste.


Aun así, la película propone más de lo que consigue concretar. Algunas de sus ideas sobre la pérdida, la tecnología y aquello que significa mantener vivo el recuerdo de una persona resultan interesantes, pero no siempre encuentran un desarrollo satisfactorio. Si bien no es una mala película, tampoco está entre lo mejor de la filmografía del director y puede sentirse como un paso atrás dentro de su carrera (CBG).



El ser querido (Rodrigo Sorogoyen)


Destaca por su manejo de las tensiones y por las actuaciones de Javier Bardem y Victoria Luengo, que construyen un drama íntimo sobre una relación paterno-filial marcada por heridas del pasado. La película adquiere progresivamente un tono agobiante, cercano por momentos al terror psicológico. Lo interesante recae en cómo la película cruza los límites de sus personajes y del género para transmitir el trauma y el resentimiento dentro de una relación conflictiva.


Precisamente, hay una secuencia relacionada con la repetición de una escena durante un rodaje, en la que la reiteración y la acalorada tensión van creciendo progresivamente a través de los minutos. En ella se refleja la capacidad de Sorogoyen para convertir la historia en una experiencia ansiosa, algo que también podemos encontrar en As Bestas.


En cuanto a las actuaciones, Javier Bardem se convierte en lo mejor de la película, con una presencia marcada y la figura de un ser intimidante y abusivo psicológicamente. En un momento, las similitudes de la premisa con la noruega Sentimental Value (2025) parecían que podían eclipsar la obra de Sorogoyen, pero la película logra tener una voz propia y abordar la temática del abandono y la culpa a partir de un drama asfixiante y excesivo por momentos (en el mejor de los sentidos) (CBG y DPS).



Paper Tiger (James Gray)


El realizador norteamericano vuelve a demostrar la amplitud de su recorrido al construir un drama criminal ambientado en los años ochenta, donde una familia queda atrapada en medio de las consecuencias de las decisiones de su pasado.


Adam Driver consigue un gran papel como un personaje nefasto, quien pronto se gana el rechazo del espectador a partir de una personalidad egoísta. Mientras que la ambientación de los años ochenta está muy bien trabajada desde el arte y la fotografía, transportándonos a la clase media de Queens durante aquella época.


Gray vuelve a colocar los vínculos familiares dentro de un contexto donde las decisiones personales terminan teniendo consecuencias mayores. El crecimiento del tono sombrío elabora una tragedia familiar con una sobriedad inquietante e intensa por momentos. Se pudo ver en el Festival de Cine de Lima (CBG).



Moulin (László Nemes)


Es una película que funciona y cuenta con buenas actuaciones, aunque no está entre las mejores de la competencia. La historia se centra en la llegada de Jean Moulin a la Francia de 1940, durante la ocupación nazi, con el objetivo de unificar a la Resistencia bajo el mando de De Gaulle.


Si bien hay elementos destacables en torno a una fotografía sombría y avasallante, pronto esa potencia visual y dramática termina diluyéndose en un relato deliberadamente lento, lo cual se vuelve uno de los principales problemas de la película.


Una particularidad que llamó la atención durante el desarrollo del festival es que László Nemes evitó responder algunas preguntas relacionadas con los conflictos bélicos actuales. Es una decisión que, si bien termina siendo ajena a la película hasta cierto punto, no deja de reflejar ciertas dificultades dentro del guion a nivel narrativo y en el desarrollo de sus personajes (CBG).


"Moulin" (2026). Fuente: IMDb
"Moulin" (2026). Fuente: IMDb

Fjord (Cristian Mungiu)


Entre las propuestas más polémicas apareció Fjord, una película atravesada por cuestiones religiosas y políticas que generó bastante discusión. Otro motivo que exacerbó la discusión fue su obtención de la Palma de Oro en esta edición del festival.


La última entrega de Mungiu cuenta la historia de los Gheorghiu, una familia noruega-rumana que se muda a un pueblo dentro de un fiordo en Noruega. La historia da un vuelco hacia el drama más íntimo cuando la familia empieza a experimentar una caza de brujas. La historia antepone la postura progresista y conservadora para elaborar un relato donde los inmigrantes son enfrentados ante el sistema de justicia noruego. Y en este último aspecto la película puede resultar esquemática y casi maniquea.  


La dirección conduce al espectador por secuencias donde la actuación de Sebastian Stan y Renate Reinsve resaltan la frustración, el dolor y la ira contenida de una pareja ante el rechazo sistemático que sufren. Acaso la humanidad que respiran estos personajes, y quienes los apoyan, es lo mejor que uno halla en Fjord, más allá de puntos de vista o cosmovisiones que podamos compartir o no. De cualquier modo, estamos lejos de la calidad de otros títulos de Mungiu, como 4 meses, 3 semanas y dos días o Graduación.


Se estrenó en Perú en el Festival de Cine de Lima (DPS).


"Fjord" (2026). Fuente: IMDb
"Fjord" (2026). Fuente: IMDb

Notre Salut (Emmanuel Marre)


Al igual que con Fjord, Notre Salut fue una de las películas que generó mayor discusión en Cannes. En esta ocasión, ocurre concretamente por la aproximación que realiza Marre sobre el régimen de Vichy y, particularmente, por la manera en que se retrata a los funcionarios que participaron en la maquinaria de colaboración. La película parte, además, de una historia familiar: Emmanuel Marre se inspira en su bisabuelo, funcionario de Vichy y autor de un tratado político titulado Notre Salut.


Swann Arlaud, conocido por su actuación en Anatomía de una caída, es notable por su sobriedad actoral, en un acoplamiento de su personaje a la perversa cotidianidad burocrática que no quita sus gestos íntimos de afecto y vulnerabilidad.


Lo destacado de la cinta es de qué manera el realizador puede mantener esa visión cálida en la recreación de la vida de un ser querido sin dejar de explorar sus luces y sombras (CBG).



The Man I Love (Ira Sachs)


Rami Malek se luce con una de sus mejores interpretaciones de los últimos años. La película de Ira Sachs se sitúa en el Nueva York de finales de los años ochenta y sigue a Jimmy George, un artista de la escena teatral del Downtown que enfrenta una enfermedad mientras intenta aferrarse al amor y a su deseo de seguir creando.


Más que construir un relato exclusivamente sobre la enfermedad, Sachs utiliza ese contexto para hablar de la necesidad de vivir intensamente frente a una muerte que se vuelve cada vez más cercana. El director se inspira en sus propias experiencias en el Nueva York de aquella época y en personas de su entorno que fueron afectadas por la crisis del VIH. Por eso, la película busca combinar la tragedia con momentos de celebración, música, sexo, deseo y creación artística. Este contraste entre ambos momentos adquiere mayor impacto gracias a una fotografía que oscila entre la naturalidad y la sobriedad, en consonancia con la vulnerabilidad y la emocionalidad de su protagonista. Se vio en el Festival de Cine de Lima (CBG).


"The Man I Love" (2026). Fuente: IMDb
"The Man I Love" (2026). Fuente: IMDb

Coward (Lukas Dhont)


La nueva película de Lukas Dhont es una propuesta interesante, sobre todo por las lecturas de género que permite realizar. La obra se sitúa durante la Primera Guerra Mundial, cuando Pierre, un joven soldado, conoce a Francis, quien organiza un espectáculo teatral para levantar el ánimo de sus compañeros y escapar de la brutalidad de la guerra, aunque sea por un momento.


Dhont se aleja del espectáculo habitual del cine bélico para concentrarse en las nociones de masculinidad. O lo bélico es un pretexto para abrir paso al melodrama, en ese juego que oscila entre la sonoridad tribal de la batalla y los gestos y miradas discretas entre dos hombres que se atraen. Ese deseo que repta entre el disfraz y la disciplina marcial es lo que marca con interés la cinta. Se pudo ver en el Festival de Cine de Lima (CBG).



Hope (Na Hong-jin)


En la última película del realizador de un clásico contemporáneo del folk horror como The Wailing, la policía surcoreana se ve enfrentada a una invasión extraterrestre. Lo que deslumbra de Hope es su relación con la actualidad y con los géneros.


Los aliens son en la historia de la ciencia ficción una metáfora de la otredad. En esta cinta, tienen una fuerza y una corporeidad bárbaras, pero su tránsito en el bosque y su textura arborescente los hace ver no solo como seres de cuentos de hadas (por ello, los relatos orales que describen su presencia), sino también como criaturas que habitan esta tierra y cargan con el estigma de ser distintos. Es una forma singular de acercarse a la destrucción del Otro, tan recurrente en las pantallas digitales todos los días.


Sin embargo, la narrativa de Hope opta por el juego carnavalesco de los géneros y el humor escatológico. Cierto que trabaja la monstruosidad del horror y de la ciencia ficción, pero a la vez deambula entre la acción trepidante del carsploitation y la física violenta del slapstick. Su ritmo es apabullante, y a la vez maneja el punto de vista de tal forma que puede ir variando a quiénes vemos como los héroes o los villanos.


Por ello, los chistes sobre lo abyecto, en medio de los relatos de miedo que abundan en Hope, retratan una humanidad que trata de acomodarse, con temor y humor, en su propia mierda, en sus desechos.


Se pudo ver en el Festival de Cine de Lima y esperemos que se estrene (JCC).



Minotauro (Minotaur, Andrey Zvyagintsev)


El director de Leviatán se acerca en esta cinta a un vínculo marital en el cual el esposo, un empresario ruso, descubre la infidelidad de su esposa. De este modo, la narración nos comunica entre susurros visuales cómo la vida de este sujeto termina siendo una réplica en miniatura de lo que el Estado ruso hace en tiempos de guerra.


Minotauro se encarna con fuerza en la contenida actuación de Dmitriy Mazurov, de acciones que pueden ser violentas, pero a la vez secas, parsimoniosas. Con fuerza se expresa en su acción la idea de un país que ha convertido en altar de sacrificio una situación cotidiana, casi invisible. Se vio en el Festival de Cine de Lima (CBG).


"Minotaur" (2026). Fuente: IMDb
"Minotaur" (2026). Fuente: IMDb

FUERA DE COMPETENCIA - PELÍCULA INAUGURAL


La Vénus Électrique (Pierre Salvadori)


Es una propuesta lúdica y simpática, ambientada en el París de 1928, que además representa bastante bien la presencia que tuvo el cine francés durante esta edición del festival. El duelo y la pérdida son el desencadenante de una comedia romántica en la que un pintor que ha perdido la inspiración intenta contactar con su esposa fallecida a través de sesiones espiritistas, sin saber que detrás de ellas se encuentra una impostora. A partir de este juego entre engaño, romance y creación artística, Salvadori construye una película de tono cálido y optimista, apoyada en los equívocos y en una puesta en escena de época. Sin embargo, no hay grandes sobresaltos ni elementos que destaquen especialmente en su desarrollo: se vuelve una experiencia agradable y ligera, aunque también algo predecible. Su tono contrasta con otras películas mucho más densas que pudieron verse en competencia (CBG).


"La Vénus Électrique" (2026). Fuente: IMDb
"La Vénus Électrique" (2026). Fuente: IMDb

UNA CIERTA MIRADA


Sexo, adolescencia y muerte en Camp Miasma (Teenage Sex and Death at Camp Miasma, Jane Schoenbrun)


La directora de I Saw the TV Glow ha realizado uno de los metafilmes más apasionantes de los últimos años. Pudo verse en el Festival Al Este y en cartelera comercial. Toma como referencia el slasher, y en particular la saga Viernes 13, para hablar de su dimensión erótica. La historia de una cineasta joven, que busca revivir una vieja saga (Camp Miasma) con la protagonista del filme original, asume un placer por ese cine que es pantagruélico y sexual, que es adictivo como las gomitas o el chocolate de las tiendas de grifo, o como la dimensión sexual queer que sutilmente se desprende de manera figurada en muchas de estas películas. ¿El POV que encarnaría el male gaze en cintas precursoras del slasher como Psicosis o en la primera película de la saga Viernes 13, acaso no sería más bien un queer gaze, en un caso, con un asesino que se viste como su madre, o en el otro, con una mujer, en busca de venganza por la muerte de su hijo, que usaría objetos filosos como medios fálicos de placer?


Schoenbrun logra detectar qué es lo que nos fascina de ese subgénero del terror, y lo hace con la química extraordinaria de sus actrices principales, entre miradas de atracción y gemidos, sea a través de las expresiones de inocencia y cohibición de Hannah Einbinder o por medio del verbo seductor de Gillian Anderson, convertida en una Gloria Swanson (estilo Sunset Boulevard) extraviada en el pasado glorioso del slasher. Todo en medio de un sentido del humor pop y climas extraños que deambulan entre Twin Peaks y Videodrome (JCC).



Everytime (Sandra Wollner)


Se llevó el gran premio de la sección. La realizadora austriaca hace una película sobre la pérdida por medio de la distancia de la cámara para acercarse a la tragedia, aunque también a través de la cercanía que ofrece lo fantástico, sin insertarse en el género de la forma convencional. En un viaje vacacional, se cruzan las líneas de tiempo (con reminiscencias de ese cine multiversal, pero en clave moderna) y un cromatismo del cielo, casi hipnótico, que captura una memoria que juega tanto con lo infantil como con la iconografía del videojuego. Película ideal para un double feature con Romería, de Carla Simón, cinta sobre seres queridos y ausentes que cruzan hacia el mundo de los dobles (JCC).


"Everytime" (2026). Fuente: Caimán Cuadernos de Cine
"Everytime" (2026). Fuente: Caimán Cuadernos de Cine

QUINCENA DE CINEASTAS


Red Rocks (Les Roches rouges, Bruno Dumont)


La última y notable película del realizador francés hace un original trabajo de worldbuilding en el que unos niños deambulan por un territorio costero, entre los roquedos y el Mediterráneo, como adultos. Es decir, su entorno acepta como legítima su conducta como mayores de edad. Esos tránsitos, que pueden ser leídos como ecos de una road movie, o en términos de luchas de pandilla que rayan en el género criminal, con femme fatale incluida, crean una atmósfera extraña que, por un lado, es de una improvisación actoral en frontera con el documental y, por otro, ve a la naturaleza como portal hacia otro mundo. Los espacios familiares aparecen como dimensiones de ocurrencias surreales, reminiscentes de Buñuel y en línea con viejos trabajos de Dumont como Petit Quinquin.


Red Rocks es una de las propuestas más originales de este año (JCC).



La libertad doble (Lisandro Alonso)


El slow cinema que trabaja el realizador argentino, en títulos como Fantasma, puede tener rasgos multiversales: sus personajes aparecen y reaparecen en otros mundos y escenarios. En esta ocasión, el protagonista de su ópera prima, La libertad, aparece en un reencuentro con un ser querido, quien sufre no solo un problema de carácter psiquiátrico, sino también un nuevo contexto político. Solo bastan unas pocas palabras y unas pocas imágenes para la crítica que hace el filme del gobierno argentino.


De cualquier modo, el poder de la última entrega de Alonso está en los afectos y en cómo se expresan en la contemplación, en el silencio y en esa conexión emocional con la naturaleza, que nos sumerge en un acto primario, que no entiende de burocracias y políticas. Como toda “película de multiverso”, hallarán una escena postcréditos. No se la pierdan (JCC).


"La libertad doble" (2026). Fuente: Cineuropa
"La libertad doble" (2026). Fuente: Cineuropa

Low Expectations (Lave forventininger, Elvind Landsvik)


Muchos han vinculado esta ópera prima al estilo mostrado por un realizador popular de la actualidad como Joachim Trier. Sin embargo, hay una mirada singular sobre esta historia de una joven y popular cantautora, interpretada por la estrella Marie Ulven, que se enfrenta a obstáculos emocionales para seguir creando y decide trabajar como asistente en una escuela. Esos sentimientos escindidos en miradas breves y en un cuerpo que se aferra a no levantarse adquieren fuerza en una cámara de leve temblor ante los diálogos, pero que no subraya, y en una música etérea que contrasta de forma atractiva con el carisma de personajes secundarios, entre el humor cinéfilo y la vulgaridad colegial (JCC).


"Low Expectations" (2026). Fuente: NFI
"Low Expectations" (2026). Fuente: NFI

SEMANA DE LA CRÍTICA


Viva (Aina Clotet)


Cannes también dejó espacio para otras cinematografías y formatos. Entre las películas españolas (y, en este caso, catalana) apareció Viva, debut como directora de Aina Clotet, quien además escribe y protagoniza la película. Presentada en la Semana de la Crítica, sigue a Nora, una mujer de cuarenta años que ha atravesado un cáncer de mama y que, después de la enfermedad, comienza a cuestionar la vida que llevaba hasta entonces. La película convierte esa experiencia en una búsqueda de intensidad: Nora quiere volver a sentir, experimentar y recuperar una relación con su propio cuerpo y su deseo.


Clotet recibió el Premio Fundación Louis Roederer a la Revelación de la Semana de la Crítica, confirmando la buena recepción que tuvo su debut. La obra resalta por ser una tragicomedia que rompe con ciertas convenciones para explorar la identidad femenina desde el contraste entre la ligereza y lo extremo (CBG).



La Gradiva (Marine Atlan)


Se alzó con el gran premio en su sección. Y es hasta ahora, sin lugar a dudas, uno de los mejores filmes del año. La directora de fotografía logra en su opera prima como cineasta, sobre unos estudiantes de secundaria de los suburbios parisinos que viajan a Italia, un tránsito entrañable entre el Eros y el Tánatos. El filme se desplaza entre el despertar sexual y el halo de tragedia del pasado.


Y lo hace siguiendo rutas geográficas y expresivas del Viaje a Italia de Roberto Rossellini, una obra maestra de la modernidad cinematográfica. Los muchachos deambulan, como la pareja dirigida por el maestro del neorrealismo italiano, entre las ruinas de Pompeya y Nápoles. Por un lado, hay un rastreo opaco del pasado, de espacios y fotografías que invocan seres del pasado y del más allá, encarnada en esa mustia contención del actor Colas Quignard, intercalada como espejo con esos recorridos entre moldes de yeso de esas vidas que se llevó la lava del Vesubio.


Pero por otro, está la movilidad de la cámara y el brillo magnético de la luz natural, que sigue a los chicos corriendo, bailando o discutiendo, como emanaciones de esa Francia diversa que también se siente en esa paleta de colores vivos. Es una cinta poderosa en el micromundo que actúa como sinécdoque, pero sobre todo como exploración íntima, vital y aciaga a la vez (JCC).         


"La Gradiva" (2026). Fuente: El antepenúltimo mohicano
"La Gradiva" (2026). Fuente: El antepenúltimo mohicano

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