“Cobra Kai” (2021): reconciliación y venganza

Recientemente, Netflix estrenó la tercera temporada de Cobra Kai, que continúa con la historia del antagonista de Karate Kid. Advertencia: el siguiente texto contiene spoilers.


Por Sebastián Kawashita CRÍTICA/NETFLIX

Fuente: El español

En el episodio 22 de la octava temporada de How I met your mother, Barney Stinson (Neil Patrick Harris) da su interpretación de la película Karate Kid, sobre cómo es que el verdadero protagonista de la historia no era Daniel LaRusso (Ralph Macchio), sino el mismo antagonista: Johnny Lawrence (William Zabka). Inspirada o no en dicho gag, esta visión hilarante se desarrolla en Cobra Kai, una serie que antes de posicionar héroes y villanos, nos da las dos caras de la misma moneda. Aquí, los personajes se encuentran en lo que parecer ser una pelea continua y sin fin.


34 años después de perder la final del torneo de Karate All Valley en 1984, Johnny Lawrence vive en el olvido: divorciado, distanciado de su hijo Robby Keene (Tanner Buchanan), durmiendo en un apartamento paupérrimo y trabajando en un puesto que odia. Muy distinto a su antiguo rival, Daniel LaRusso: dueño exitoso de una cadena concesionaria de automóviles, casado y con dos hijos. Un día, Johnny conoce a Miguel Díaz (Xolo Maridueña), un muchacho que sufre de bullying, a quien salva del ataque de unos brabucones. Johnny aceptará a Miguel como alumno para reformar la academia de Karate a la que alguna vez perteneció: Cobra Kai.


A simple vista, la producción original de Youtube Originals (eventualmente adquirida por Netflix) pareciera rendir tributo no solo a su fuente predecesora, sino también a toda una generación anterior. Desde los flashbacks que nos remontan a los momentos finales de Karate Kid, hasta la música ochentera recurrente. No obstante, nos damos cuenta de que estos “homenajes” están ahí más allá de una decisión creativa. Aquel rock no es un sonido extradiegético, viene de la radio misma del automóvil de Johnny. Los recuerdos del torneo fallido son las remembranzas que invaden la cabeza del protagonista. Johnny Lawrence está atado a una época muy distante y a una herida que está lejos de cerrarse.


Fuente: El confidencial

Es el enfrascamiento lo que le permite ver a Johnny cómo los tiempos han cambiado. Como dice: “en mi época, si molestabas a alguien, lo hacías de frente… Ahora se esconden detrás de una computadora”. Retomar el dojo es su vía de escape de una actualidad a la que ya no pertenece. Bajo la filosofía de “Golpea primero. Golpea fuerte. Sin piedad”, enseñará la “rudeza” como modo de supervivencia. Filosofía que no demorará en encontrar a sus detractores, tales como Daniel Larusso.


La serie rompe con el paradigma de los personajes absolutos. Johnny Lawrence está lejos de ser un protagonista virtuoso. Es antipático, grosero e impulsivo, pero entendemos que la relación distante con sus padres y las exigencias duras de su sensei lo convirtieron como tal. Así mismo, Daniel Larusso tampoco es el modelo a seguir. De ser la víctima de bullying, pasa a la defensiva ante cualquier signo de amenaza. Esta actitud aviva el resentimiento hacia Johnny y termina por accionar de manera poco ética.


Tanto Daniel como Johnny toman el rol de maestros y cosechan lo que siembran, no por nada sus discípulos tienen un arco de transformación radical. Miguel Diaz, bajo la tutela de Johnny Lawrence, pasa de ser un adolescente indefenso a héroe de su escuela. Pero los prejuicios de Johnny hacia Daniel y la filosofía de Cobra Kai lo vuelven arrogante y agresivo, actitud que Johnny temía. En paralelo, Robby Keene empieza como un malandrín solitario que, a modo de venganza contra su padre, entabla una relación con Daniel. De modo que termina por adoptar la filosofía impartida por el maestro Miyagi (Pat Morita).


Fuente: Fuera de serie

A lo largo de las tres temporadas, los conflictos entre Johnny y Daniel se dan a modo de causa/efecto, como un juego de ping pong en el que uno acciona y el otro responde. Cada acto que cometen tiene consecuencias, que los satisface y, en paralelo, intensifica las agresiones hacia otros. Y no solo se trata de ellos. Sus alumnos juegan un rol vital: son el resultado de una disputa que nunca llega a un acuerdo. No por nada, los capítulos en los que están abiertos al diálogo y discusión son donde encuentran paz. La empatía, paciencia y comprensión son la clave para reconciliación, y a la vez son momentos fugaces que desaparecen por resultados de sus acciones.


Cobra Kai, al igual que muchas segundas partes tardías, se adapta a los nuevos tiempos. La línea que divide al bueno del malo va desapareciendo y encontramos motivaciones detrás de cada uno. Como dice un personaje importante tanto en la vida de Johnny como de Daniel: “este es exactamente el problema. Tú dices una cosa y tú dices lo contrario. Ambos creen que hay solo una versión”. La solución del conflicto en la serie no está en derrotar al otro, sino en encontrar la reconciliación, una lección que bien podría provenir del Miyagi Do.