“La noche de los muertos vivientes” (1968): la sociedad devorándose a sí misma

Actualizado: 10 nov

El clásico de George A. Romero usa al zombi para reflexionar sobre los males del mundo moderno, con una narración visceral e inteligente.


Por Marcelo Paredes CRÍTICAS / MUBI

La noche de los muertos vivientes (1968). Fuente: The Criterion Collection


Barbara y su hermano Johnny llegan a un cementerio. Lo que no saben es que, durante esta visita, se desatará un ataque de muertos vivientes provocado por la radiación de un satélite. Una vez iniciado el ataque, Barbara intentará buscar refugio en una casa aledaña, en la que junto a un hombre llamado Ben y otras personas intentarán defenderse de esta nueva amenaza, que parece hacerse cada vez más y más grande.


El error que formó al mito

Hay cosas importantes que pueden suceder fruto de la casualidad. Esta casualidad en cuestión puede verse más como un error del cual era imposible saber lo que conllevaría. En 1968, la película Night of the Flesh Eaters tuvo un cambio de título previo a su lanzamiento. Dicho cambio se hizo sin el sello de copyright, provocando así una distribución en masa desmedida que la convirtió en un clásico de culto instantáneo. El nombre cambiado de esa película sería Night Of The Living Dead (La noche de los muertos vivientes) y una vez lanzada, el cine de terror, impulsado por los cambios que el séptimo arte en general estaba pasando por ese entonces, ya no sería el mismo.


Los zombis de ayer y hoy

Qué curioso cómo el uso de los monstruos puede ser usado como reflejo de nuestra sociedad. Una idea que ya por el simple hecho de decirla suena extremadamente trillada hoy en día, pero de algo es que se tiene que partir y suele ser desde ahí que las versiones definitivas siguen en lo más alto. Es verdad que George A. Romero no inventó a los zombis, pero es gracias a él que hoy en día se les conoce como lo que son.


Viendo su ópera prima, resulta mucho más interesante qué es lo que quiso contar y cómo lo hizo, yendo ya más allá de la concepción de dichas criaturas. El mensaje queda perfectamente englobado en los primeros minutos del metraje, cuando la cámara pone en primer plano una bandera de los Estados Unidos. El símbolo de todo un país que de fondo es acompañado por un grupo de lápidas. Ya con esa vista es que nos adelantan quiénes serán los verdaderos protagonistas de esta historia, y el camino que emprenderán hacia sus presas.


La noche de los muertos vivientes (1968). Fuente: Museum Of The Moving Image


¿Son los zombis los verdaderos malos?

El poder de los zombis (o ghouls como son llamados acá) en esta cinta no recae tanto en su capacidad física, sino en lo que son capaces de producir en la gente. El poco tiempo que los vemos tomar acción directa en sus víctimas termina siendo compensado por la violencia que los propios sobrevivientes ejercen entre ellos. Vemos cómo es que también los medios de comunicación tienen un rol prominente, que no solo funciona como medio expositivo para saber lo que sucede, sino que también es la verdadera fuerza antagónica que aviva la angustia y paranoia de todos los que están ahí.


El grupo de personas agrupadas en esa casa es heterogéneo en cuestiones de edad, sexo y raza. Está Barbara (una mujer blanca), Ben (un hombre afroamericano), una pareja de jóvenes (idealistas y quizá de mente más abierta) y una pareja de esposos de mediana edad con una hija herida. Este hombre del último grupo, quien cumple con los rasgos físicos y sociales de un estándar “óptimo” en la sociedad, es quien más rápido se consume por el miedo. Los zombis representan para él una amenaza más a sus valores tradicionales, lo que sumado a la presencia de gente de grupos sociales también opuestos a él, será lo que añadirá una capa más al terror visto.

La noche de los muertos vivientes (1968). Fuente: The New York Times


Asciertos y desacierto

La cinta logra, con un presupuesto muy corto, sumergirnos de excelente manera en un ambiente marcado por el desconcierto y la brutalidad. Esto se logra gracias a cómo Romero maneja el fuera de campo, para sumergirnos en todo el caos que está ocurriendo fuera de esa casa. La cámara se desplaza frenéticamente, dejando siempre a los sobrevivientes en primeros planos o planos medios. Esto, contrastado con la visión de los zombis como un colectivo, deja en evidencia el enfrentamiento entre ambas fuerzas, y cómo una está en desventaja frente a la otra.


Quizá algo que se le podría cuestionar son sus cambios bruscos de ritmo. Lo que comienza muy a tope desde el primer ataque se va pausando gradualmente una vez que se va asentando todo. Claro que está muy bien que la película maneje una narrativa dinámica, solo que como esta cambia muy repentinamente, ello resulta no muy conveniente. Quizá eso también podría ser parte de todo el clima angustioso que invade ese espacio, con momentos sin diálogos para explorar el lugar y sentir más esa atmósfera de terror que nos va consumiendo.


Conclusión

La noche de los muertos vivientes no solo es un excelente debut, sino además una cinta fundacional. Los zombis de Romero son fruto del verdadero mal que está en las sombras, la paranoia. Se plasma una época llena de cambios sociales. El miedo a estos tomará la forma de seres con un apetito hacia su propia especie, que atacarán de manera indistinta. Guerra fría, racismo, machismo, ponle el nombre que quieras ponerle, está claro que el director, de manera muy inteligente, dota a su cinta de ese factor social siempre en función a su historia y no solo al mensaje.