“El conjuro 3” (2021): sobre detectives y fuerzas demoniacas

Actualizado: sep 21

La famosa saga de terror creada por James Wan se diluye entre elementos del género policial, dejando de lado las escenas de tensión y miedo.


Por Rodrigo Bedoya Forno CRÍTICA / CARTELERA COMERCIAL Y HBO MAX



El conjuro 3: el diablo me obligó a hacerlo (The Conjuring: The Devil Made Me Do It, 2021) parte desde un sitio un tanto distinto que sus dos predecesoras: ahora los eventos sobrenaturales no son lo más importante, ya que son las fuerzas humanas las que a través de la brujería buscan hacer el mal y perjudicar a personas indefensas. De las casas embrujadas y los fantasmas pasamos a los aquelarres, los tótems para hacer brujería y otros elementos que Ed y Lorraine Warren (siempre interpretados por Jason Patrick y Vera Farmiga) deberán investigar para saber quién está organizando los ataques maléficos.


Partiendo de un caso real (el único juicio en la historia de EE. UU. en el que un acusado de asesinato se defendió diciendo que estaba poseído por el diablo), la película, como hemos dicho, sigue un patrón un poco distinto al de sus antecesoras. Porque si en las dos primeras cintas lo importante eran los sustos y los climas, creados de manera siempre efectiva por James Wan, aquí lo que importa más bien es la pesquisa, la búsqueda y las distintas pistas que van recolectando los personajes principales para encontrar a un culpable; en este caso, la bruja detrás de los hechos. Los Warren se convierten ya no en especialistas del demonio o exorcistas (aunque hay un exorcismo al principio del filme), sino en detectives a la caza de un criminal que usa lo sobrenatural para dañar a sus víctimas.


Fuente: Mariviu

Lo cierto es que ese costado detectivesco que nos ofrece el cineasta Michael Chaves, director del filme, es lo menos interesante de la apuesta: la pesquisa es expuesta de manera relativamente rutinaria y las vueltas de tuerca que ofrece la investigación se sienten poco inspiradas, dependientes de un cineasta que no encuentra otro camino más que acumular situaciones y trucos de guion para mover la película a trompicones.


Las excepciones a esto son, justamente, los momentos en los cuales la película se saca la camisa de fuerza de seguir pistas y conjeturas dispersas por aquí y por allá para tomarse un respiro y detenerse en meter miedo, en jugar con los elementos sobrenaturales que la historia posee y que la saga ha sabido usar como insignia. Ahí está el momento en la morgue, con los cadáveres viscosos levantándose de la nada, o los climas tenebrosos de los túneles donde la brujería se va produciendo. En esas secuencias recordamos los méritos de una saga que supo dar y crear varios momentos de genuino terror. Aquí, los que hay funcionan; pero son más bien escasos.