El regreso de Scary Movie y la evolución de la parodia de terror
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Del juego visual de Méliès a la sátira contemporánea, la parodia de terror ha evolucionado como un espejo crítico del género, adaptándose a sus cambios y revelando sus convenciones a través del humor y la deconstrucción.
Por Daniel Pérez Sibaja ESPECIALES / PARODIAS DE TERROR

El estreno de Scary Movie 6 ha sido confirmado para junio de 2026, marcando el regreso de la familia Wayans a la franquicia. Este nuevo lanzamiento representa una oportunidad para revisar y analizar la evolución del cine parodia de terror a lo largo de los años, ya que, a pesar de tratarse de un subgénero específico, el terror y su parodia cinematográfica nacieron prácticamente al mismo tiempo.
El cineasta e ilusionista Georges Méliès es considerado uno de los grandes pioneros en la historia del cine, gracias a sus múltiples contribuciones en efectos especiales y recursos técnicos que sentaron las bases del medio. Asimismo, Méliès participó activamente en la creación y evolución de los géneros cinematográficos.
Precisamente, Le Manoir du diable (La mansión del diablo, 1896) es señalado por algunos como el primer cortometraje de terror de la historia. El cineasta francés utiliza sus emblemáticos trucos visuales para representar el hogar de Mefistófeles, un demonio que atormenta a dos viajeros que llegan al castillo, quienes finalmente logran ahuyentarlo con un crucifijo. Si bien el cortometraje sienta las bases del cine de terror (con apariciones demoníacas y elementos sobrenaturales como la transformación de Mefistófeles en murciélago dentro de un entorno lúgubre), también es considerado la primera parodia del género. A pesar de su premisa tétrica, Méliès construye un relato con tono lúdico: el diablo no busca causar terror, sino jugarle bromas a los protagonistas. En una secuencia, Mefistófeles presenta a una mujer a uno de los hombres; este, encantado, le besa la mano, sólo para descubrir que se transforma en bruja. El trabajo de Méliès marca así el nacimiento de dos vertientes: demuestra que lo sobrenatural puede derivar tanto en el horror como en la exageración cómica.
En el cine británico y de Hollywood durante los años veinte y treinta se esbozaron mezclas de terror y comedia, anticipando ciertas formas de ironía y estructuras narrativas que más tarde serían adoptadas por la parodia. The Old Dark House y The Cat and the Canary retoman y reformulan elementos ya consolidados del género del horror, como la presencia de un grupo de personas en una casa aislada junto a una amenaza latente. El factor humorístico se manifiesta tanto en la exageración de personajes casi caricaturescos como en la incorporación de gags físicos, que no solo funcionan como alivios cómicos ante el suspenso, sino que también forman parte del tono general de estas propuestas. Progresivamente, el terror ha evolucionado en diálogo con la comedia, mostrando múltiples puntos de intersección entre ambos estilos hasta converger en un mismo producto.
Una de las primeras manifestaciones del terror como discurso metaficcional se encuentra en Bride of Frankenstein (1935) donde el relato evidencia una clara autoconciencia sobre el género y sus convenciones. El filme dialoga con su predecesora, Frankenstein, para reinterpretar sus códigos desde un tono irónico. Esta intención se refuerza desde la secuencia inicial, en la que Mary Shelley aparece conversando con Lord Byron y Percy Bysshe Shelley acerca de su obra y la reacción del público. De este modo, la película no solo reconoce explícitamente a su autora, sino que también quiebra el contrato ficcional para expandir su propio universo narrativo, introduciendo la figura de la novia del monstruo desde una conciencia plena de su condición de relato. Si bien no es una parodia, el filme desdibuja las fronteras entre la ficción y la realidad, siendo un elemento crucial en el futuro del género.

El humor y el horror evolucionaron con el pasar de los años, siendo el dúo cómico Abbott y Costello los siguientes en marcar un antes y un después para las parodias de este género. Durante la década de 1940, los humoristas Bud Abbott y Lou Costello ganaron mucha notoriedad presentándose en vivo y en la radio, para luego incursionar en la industria cinematográfica con diversas comedias; precisamente, One Night in the Tropics (1940) fue el primer largometraje de la dupla. El filme Hold That Ghost (1941) sería la primera comedia con temática de terror que realizó el dúo; en la obra se narra cómo Abbott y Costello deben enfrentarse al fantasma de un gánster en una casa embrujada. Tras este primer acercamiento al horror, la dupla regresó con el éxito comercial y cultural Abbott and Costello Meet Frankenstein (1948), donde los comediantes se enfrentan a los monstruos de Universal Studios: Drácula, el monstruo de Frankenstein y el hombre lobo. Los personajes fueron interpretados por los mismos actores de sus películas, siendo una de las últimas veces que Bela Lugosi vistió como el famoso vampiro en la pantalla grande. Debido al furor del público por el dúo y los monstruos, la película se convirtió en un éxito de taquilla en Estados Unidos.
En las parodias del dúo destaca la representación de Costello como el asustadizo y Abbott como la cara más seria e incrédula, mientras que los monstruos son presentados con una faceta similar a sus películas, siendo amenazantes e imponentes frente al horror de los protagonistas, quienes lidian con la situación de manera ridícula. En esta cara del género, la comedia no surge a partir de una representación paródica o desdibujada de los monstruos, sino del uso de su amenazante presencia como contraste ante las exageradas reacciones de Costello y el escepticismo de Abbott. La agrupación siguió la fórmula y estrenó Abbott and Costello Meet the Invisible Man (1951), Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1953) y Abbott and Costello Meet the Mummy (1955).

La siguiente gran obra del subgénero vino de la mano del guionista y actor Mel Brooks. Después de realizar algunas comedias como Las doce sillas (The Twelve Chairs, 1970), Brooks reinventó las parodias de horror con El joven Frankenstein (Young Frankenstein, 1974). La película es una parodia directa de Frankenstein (1931), replicando a grandes rasgos la historia original con un humor distendido y absurdo. A diferencia de Abbott y Costello, Brooks no recurre a la representación fidedigna de los monstruos del horror como contraposición al elemento cómico, sino que los vuelve parte de la mofa: todos los personajes convergen en una historia que replica un filme a través de chistes y situaciones exageradas, donde la lógica del universo se rompe en pos de la comedia. El humor absurdo se percibe en chistes recurrentes como la joroba de Igor (Marty Feldman), la cual cambia de posición en diferentes escenas ante la confusión del resto de los personajes, o los caballos que relinchan cada vez que algún personaje nombra el apellido Blücher. Estos recursos, acompañados de un diseño de producción que también imita a la película original, brindan ese contraste que transformó la parodia en el cine de terror. Más adelante, Brooks siguió incursionando en la parodia a través de otros géneros, como el wéstern con Locuras en el Oeste (Blazing Saddles, 1974) o la ciencia ficción con S.O.S. Hay un loco suelto en el espacio (Spaceballs, 1987).
El género de la parodia mantuvo un crecimiento notorio durante la década de los ochenta, destacando títulos que satirizan películas y otras temáticas ajenas al horror. Algunos filmes emblemáticos de esta época son Airplane! (1980) o The Naked Gun: From the Files of Police Squad! (1988). Justamente las dos obras mencionadas cuentan con Leslie Nielsen en el rol protagónico, destacando por su carácter dócil e ingenuo frente a la situaciones absurdas e irreverentes que ocurren en los filmes. En cuanto al terror, Nielsen participó en Repossessed (1990), una parodia directa de El Exorcista (1973), además de interpretar a Drácula en Dracula: Dead and Loving It (1995), la última parodia de terror que dirigió Mel Brooks.

El siguiente paso en el subgénero vino de la mano de los hermanos Wayans y Miramax con Scary Movie, marcando irónicamente uno de los puntos más altos antes del posterior declive. Tras el renacer del slasher, los hermanos Wayans coescribieron, junto a Buddy Johnson y Phil Beauman, el guion de Scary Movie (2000), cuyo título originalmente estaba destinado a Scream.
La película parodia los tropos del cine de terror de los años noventa, así como elementos de la cultura popular. Uno de sus principales rasgos distintivos es la recreación de escenas y la incorporación de elementos provenientes no de una sola historia, sino de múltiples películas y referentes del momento. La columna vertebral del filme es una parodia de las ya mencionadas Scream (1996) y I Know What You Did Last Summer (1997), replicando una trama en la que un grupo de jóvenes es acechado por un asesino, con Ghostface como antagonista. Cabe resaltar que la obra de Wes Craven ya contenía un componente paródico del propio género; sin embargo, los Wayans llevan lo absurdo e irreverente a su máxima expresión al construir una parodia sobre otra parodia. Asimismo, la película incluye referencias a otros títulos del terror como Halloween (1978), Friday the 13th (1980), The Blair Witch Project (1999) y The Sixth Sense (1999).

Más allá del horror como eje principal, los Wayans amplían el espectro de la parodia al incorporar guiños a otros géneros, como las secuencias de acción en cámara lenta de The Matrix (1999) o imitando el mismo desenlace de The Usual Suspects (1995).
El estilo del filme está marcado por el humor absurdo alrededor de situaciones sexuales y violentas, haciendo burla de estos temas al ser factores característicos del slasher. Los personajes son exageraciones y caricaturas que buscan reflejar los clichés del género; un ejemplo claro es la joven Cindy Campbell (Anna Faris), cuya virginidad es uno de los temas principales debido a la insistencia de su novio por intimar sexualmente, pero el énfasis en esta particularidad del personaje responde al tropo de la final girl en el género: la última chica del grupo que sobrevive a los ataques del asesino y cuya virginidad parece reflejar la inocencia y pureza frente a la violencia y la degeneración.
Asimismo, la obra no solo se limitó a la ficción, sino que también cruzó la línea para parodiar la cultura popular y la farándula de la época. Durante la primera escena de la película vemos una parodia del inicio de Scream, donde Carmen Electra se interpreta a sí misma y recrea el papel de Drew Barrymore en una llamada telefónica con Ghostface; en un punto, el asesino le dice que su novio, “el que usa maquillaje y se viste como una mujer”, no puede ayudarla debido a que está amarrado en el jardín, pero cuando una atemorizada Electra se asoma tras el ventanal ve a un hombre de tez oscura con cabello largo, a lo cual le responde decepcionadamente al asesino que ese no es su novio. En este caso, la broma surge de un contexto cultural específico, ya que Carmen Electra tuvo una relación con el cantante Prince y años más tarde con el basquetbolista Dennis Rodman. El punto de la broma recae en que la descripción de Ghostface podía adecuarse a cualquiera de las dos celebridades, ya que ambos han destacado por sus estilos extravagantes y el uso de prendas comúnmente clasificadas como femeninas. La escena y el chiste pueden generar confusión para quienes no conozcan dicho contexto, pero se vuelve una muestra de cómo los Wayans innovaron en la parodia de terror al cruzar las fronteras del género para convertir al filme en un registro con referencias culturales de la época.

Tras el éxito de la primera entrega, Miramax apresuró la producción y el estreno de la secuela Scary Movie 2 (2001), donde se repite el elenco con algunas novedades y la parodia se centra en The Haunting (1999) y El exorcista (1973). En este caso, el reducido tiempo de realización se reflejó en un recibimiento más discreto del público, aunque manteniendo el éxito en taquilla. La secuela también significó la última vez que los Wayans formaron parte de la franquicia hasta la fecha, debido a disputas económicas y diferencias creativas con Miramax. De esta manera se estrenó Scary Movie 3 (2003), contando con el regreso de Anna Faris y Regina Hall, además de la inclusión de Charlie Sheen, Simon Rex y Leslie Nielsen al reparto; esta secuela sería la última en contar con un recibimiento positivo del público, dando indicios de la próxima caída del subgénero. Más tarde también se estrenaron Scary Movie 4 (2006) y Scary Movie 5 (2013), siendo esta última la peor valorada en crítica y taquilla. El declive se debe a la sobreexplotación de la fórmula: si bien las primeras entregas presentaban el humor corporal y los chistes sexuales o escatológicos como parte del estilo, progresivamente se volvieron la totalidad de las últimas películas, careciendo del ingenio y el carisma que la saga tuvo en algún momento.
La caída interna de la franquicia se sumó a la hiperproducción de parodias en la industria. El éxito de la fórmula también fue replicado por otras productoras, que tomaron el concepto para adaptarlo a diversos géneros y películas concretas. Una loca película de Esparta (2008) es una parodia de 300 (2006), así como Superhéroes: la película (2008) parodia a Spider-Man (2002) y otros filmes del género. Las productoras aceleraron la realización de estos proyectos siguiendo las tendencias del cine para aprovechar el furor de la audiencia, lo que resultó en filmes con chistes y secuencias repetitivas y agotadoras. De esta manera, el público evidenció el cansancio frente al género de la parodia en general, marcando su declive.
En años recientes, los hermanos Wayans intentaron replicar su éxito con ¿Y dónde está el fantasma? (A Haunted House, 2013), una parodia de la saga Actividad paranormal que replica el estilo absurdo y sexual, aunque con un impacto menor que otras entregas de la familia.
Como recorrido histórico, el cine de parodia de terror evidencia una constante transformación en su forma de dialogar con el género que satiriza: desde el juego visual y lúdico de sus orígenes, pasando por el contraste entre horror y comedia, hasta la exageración absurda y, más recientemente, la deconstrucción consciente de sus propios códigos. Lejos de desaparecer, la parodia ha sabido adaptarse a los cambios del cine y del público, funcionando no solo como un espacio de humor, sino también como una herramienta crítica que revela los mecanismos, excesos y convenciones del terror en cada época.

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