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30 FICL: “La noche está marchándose ya” (2025): el cine de los desamparados

  • hace 15 minutos
  • 3 min de lectura

La noche está marchándose ya convierte al cine en un espacio de encuentro y resistencia frente a la crisis económica y social de Argentina. 


Por Gustavo Vegas Aguinaga FESTIVALES / 30 FICL

"La noche está marchándose ya" (2025). Fuente: Otros Cines
"La noche está marchándose ya" (2025). Fuente: Otros Cines

La película arranca con billetes. Simple. El dinero como motor del mundo, pero freno de la gran mayoría. Pelu, el protagonista, se queda sin trabajo por recortes y por un yan-ken-po ante la falta de monedas para lanzar una al aire. Ahí está resumida la Argentina de hoy, mientras el jefe traga un sánguche de miga. Hay que llegar a fin de mes. Hay que llegar a fin del día. Cae por su propio peso la pregunta: ¿qué pasará mañana? 


Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas parten de la situación jodida de un proyeccionista (y de la hermosa canción de José Luis Perales) para elaborar una crítica interesante tanto al régimen del culiadazo [sic] de Milei como, con honestidad y culpa, a la cinefilia, aquella forma de vida huraña y llena de oscuridad (de nuevo Perales: «apaga la luz»).


Así, Pelu termina siendo un guachimán (/watchman/) en el cineclub Hugo del Carril. Ya me perdonarán lo morfológico si digo que se vuelve, pues, aquel que mira. En fin, pareciera que, entre la falta de dinero y hogar, la sala de cine se convierte en un refugio. ¡La fantasía cinéfila! ¿Qué más puede pedir alguien que ama las películas que vivir encerrado en una sala para uno solo? Quizás comunidad. Quizás un salario digno. Quizás afecto. 


En la noche, el cine es de los desamparados. Léase «noche» como horario nocturno o como abreviatura de la película. Funciona de cualquier modo. El cine es de los que tienen poco o nada. Y entonces van ahí a imaginarse otras vidas, con suerte mejores. ¿Romantiza la pobreza? Creo que lo romántico y bello es ver una película en compañía, saber que puedes estar en otro lado y decidir compartir un rato en silencio con alguien, tal cual José y la mancha. Sonzini y Salinas lo hacen claro: ¿acaso por ser los /otros/ no merecen también saborear la miel de una buena peli? 


"La noche está marchándose ya" (2025). Fuente: IMDb
"La noche está marchándose ya" (2025). Fuente: IMDb

Otra cosa clara, además, es que ese refugio y fantasía del cinéfilo no basta. Ese aislamiento termina por corroer a uno como las paredes de un viejo cine. Lo atrapa entre los pasillos expresionistas de la rutina y la cabeza. Hay que salir al mundo real. Por algo el cine(club), muy en el fondo, esconde un pasaje hacia la calle. Uno debe dejar de ser espectador (Pelu espía a Vale y el cine, con su fundido encadenado, pareciera acercarlos; Pelu escucha a uno de los señores declarar su amor con timidez vía audio) para volverse actor. 


Así, todos, los viejos y nuevos, unidos por el cine, actúan juntos para proteger lo suyo. Por algo (y parafraseando a José Watanabe), Pelu es el guardián del cine. Su labor de protección nace desde adentro y termina afuera, poniendo el pecho, pateando la barricada maligna de los que quieren terminar con el cine para dar paso al dinero. Salen de noche con linternas porque son tiempos oscuros, pero habrá luz. Así como esta película no es la de Leo McCarey y Charles Laughton no es Abraham Lincoln, el discurso refiere no solamente al país, sino al cine, y cobra otro sentido. 


En la desobediencia de los personajes para con las normativas de los de arriba está la reacción combativa de la película en relación con el estado de las cosas. Si ellos ponen una cerca que aleja, los personajes la patean. Si prohíben tomar cerveza, los sujetos de la noche la comparten. Esta actitud rodea siempre la idea de «resistencia», de aguantar, de sostener. De ahí que, en ese final, salgan de abajo hacia arriba (el plano es aberrante, tal como el enemigo). 


Las imágenes logradas por el dúo directoral brillan casi como paisajes de sueños, fantasías donde es posible ir en la senda de Pelu, donde la comunidad se une (valgan redundancias) para defender aquel lugar imposible de santificar que es el cine, donde hay que resistir siempre ante el poderoso con la esperanza de vencer. Así, pese a apelar a un gusto cinéfilo, el mensaje cala para todas las personas creadas iguales: el día que soñamos vendrá. 




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