“Finding Steve McQueen” (2019) y la rutina criminal

Actualizado: ene 28

La película de Mark Steven Johnson desperdicia una premisa llena de potencial y abre paso a la comedia ligera.


Por Sebastián Zavala Kahn CRÍTICA/ESTRENO

Fuente: imdb

Hay algo innegablemente catártico en ver películas de atracos. Observar cómo un plan se va desarrollando de manera minuciosa, para luego ser ejecutado por un protagonista que tiene que lidiar con toda suerte de obstáculos y problemas inesperados. No se trata del subgénero cinematográfico más innovador del mundo —se podría argumentar que la fórmula, al menos en lo que se refiere al cine estadounidense, no ha cambiado demasiado en los últimos veinte o treinta años—, pero es casi como comida de confort: familiar, hasta previsible, pero muy satisfactoria.


Es por eso que, a pesar de sus considerables defectos, resulta casi imposible pasarla mal con un filme como Finding Steve McQueen. La cinta está basada en la historia real del atraco bancario más grande hasta aquel momento. Trata de cómo un grupo de criminales de Ohio decidió llevarse 30 millones de dólares de un banco en California. Lo interesante es que dicho dinero le pertenecía al presidente en aquella época, el infame Richard Nixon, y provenía de diversas contribuciones ilegales y chantajes políticos. Para los criminales se trataba de un favor al país: ¿realmente es un delito cuando el dinero que te llevas es tan sucio?


La premisa podría resultar en una película deliciosamente satírica, con algunos comentarios políticos. Pudo enfatizar en los "hombres de a pie” que tratan de encontrar algo de catarsis y justicia, yendo en contra de un gobierno —y un presidente— en el que no creen. Y aunque el filme sugiere comentarios políticos —especialmente por el personaje del siempre infravalorado William Fichtner—, la narrativa no se centra en eso. De hecho, lo que comienza como una historia de atracos narrada en dos líneas temporales paralelas, poco a poco se va convirtiendo en una historia de amor, con final ligeramente cursi incluido. No es necesariamente lo que uno esperaría de una premisa como esta; especialmente porque las tres identidades del filme —que intenta ser un thriller, un drama romántico, y una cinta de suspenso político— se sienten algo dispersas y no muy cohesivas que digamos.


Al comenzar Finding Steve McQueen, vemos a Harry Barber (Travis Fimmel) encontrándose con su novia, Molly (Rachael Taylor) en un restaurante a principios de los años setenta. Han estado juntos por varios meses, pero lo que ella no sabe es que él es un criminal buscado por el FBI. Es así que Harry le va contando a Molly —y por ende al público— la historia de cuando robó un banco con su jefe, Enzo Rotella (William Fichtner), su hermano, Tommy (Jake Weary), y un par de criminales más. A la par, seguimos al agente Howard Lambert (Forest Whitaker), mientras trata de seguirle la pista a esta banda de ladrones, sospechando que su más reciente crimen puede estar ligado a las controversias políticas en las que se ha estado involucrando el presidente Nixon.


Fuente: imdb

Si Finding Steve McQueen tiene un defecto fatal, es que no tenía por qué ser narrada a través de flashbacks. Es una historia que se hubiese visto beneficiada por una narración más bien lineal. La película se siente algo inconexa y desordenada debido a las diferentes líneas temporales que desarrolla, las cuales tratan de explicar tanto el atraco como el romance central entre Harry y Molly. Esto último resulta particularmente problemático, ya que la química entre Fimmel y Taylor nunca llega a “encender la pantalla”. Siendo más específico, para que el desenlace de Finding Steve McQueen funcione, uno tiene que enamorarse de Molly y Harry como pareja, y eso nunca sucede.


Tampoco ayuda el que veamos a Harry revelando su verdadera identidad a Molly en la segunda escena del filme, sin que sepamos mucho sobre cualquiera de los dos personajes. Si el director Mark Steven Johnson (Daredevil, 2003) hubiese establecido la relación entre ambos protagonistas de manera pausada, con la historia del atraco en paralelo, y juntar ambos hilos narrativos con la mencionada escena de revelación, el desenlace hubiera funcionado mucho mejor. Fimmel y Taylor hacen lo que pueden para que el espectador sienta que sus personajes están enamorados, pero lamentablemente no es suficiente para salvar las escenas finales de un tono innegablemente cursi, hasta algo naive.


Sin embargo, por más que la película maneje una estructura fallida, el filme en general logra entretener gracias a un tono ligero y personajes bastante memorables. Es precisamente porque no se concentra en transmitir temas políticos, que Finding Steve McQueen termina favoreciendo las escenas de interacción divertida entre personajes, con algunos one-liners verdaderamente graciosos, y momentos algo caricaturescos, muchas veces protagonizados por un Fimmel que actúa casi tan “borracho” como en Warcraft (2016). Consideren por ejemplo la manera en que logra distraer a un par de policías que comienzan a acercarse al banco mientras ellos están en el techo, o el momento en que uno de los personajes encuentra una urna con cenizas en el interior de la bóveda que están robando. Finding Steve McQueen se comporta más en la línea de La gran estafa (2001) o Fuego contra fuego (1995), lo cual resulta francamente refrescante.


Por más de que la cinta cuente con actores relativamente conocidos, como Fimmel, Taylor y Fichtner, y hasta estrellas de la talla de Forest Whitaker (quien francamente no tiene demasiado qué hacer), algunas de sus limitaciones presupuestales terminan por arruinar escenas que, en teoría, deberían funcionar sin mayores problemas. El mayor defecto técnico de Finding Steve McQueen está en el uso de pantallas verdes. Todas las escenas en auto lucen increíblemente falsas, y las secuencias en el techo del banco sufren de un paupérrimo trabajo de chroma, especialmente con la luz de día. La recreación de la época ayuda con la suspensión de incredulidad —todo, desde el vestuario hasta las locaciones y, por supuesto, los carros, está diseñado para transportar al espectador a los años setenta—. Y la banda sonora, compuesta de clásicos del rock setentero, no podría ser mejor.


Si quieren pasarla bien con una cinta de criminales sencilla y ocasionalmente graciosa, Finding Steve McQueen es una buena opción.



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