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“Godzilla Minus One” (2023): una respuesta a Oppenheimmer

Actualizado: hace 6 días

En su más reciente versión, el clásico monstruo japonés regresa a sus orígenes como una consecuencia de la destrucción atómica. Ya está disponible en nuestro país gracias a una plataforma de streaming.


Por Alberto Ríos                            CRÍTICA / NETFLIX

"Godzilla Minus One" (2023). Fuente: Polygon

La creación de Godzilla ocurrió menos de una década después del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de la Guerra Fría. Japón, devastado por la guerra y sometido a la ocupación estadounidense, estaba lidiando con las consecuencias físicas, emocionales y políticas de estos eventos traumáticos. Esta atmósfera de postguerra influyó significativamente en la psique colectiva japonesa y se refleja en la iconografía y el simbolismo del monstruo, quien es comúnmente interpretado como una metáfora de las consecuencias destructivas de la energía nuclear. Su surgimiento del océano y su capacidad para irradiar un aliento atómico son representaciones visuales de los temores y ansiedades relacionados con la era nuclear.


Godzilla Minus One revisita los orígenes del rey de los monstruos. La cinta, dirigida por Yamazaki Takashi, sigue la historia del ex piloto kamikaze Kōichi Shikishima, quien se ve atormentado por la culpa del superviviente después de perder a sus padres en el bombardeo de Tokio durante la Segunda Guerra Mundial y haber huido de la acción durante el conflicto. Mientras intenta reconstruir su vida, Godzilla emerge del océano, desencadenando el caos y la destrucción a su paso. Shikishima, quien vio cómo la criatura aniquilaba a un escuadrón en una isla en la que estaba apostado, se une a una misión desesperada junto con otros supervivientes para detener a la criatura antes de que cause más devastación. En medio de esta lucha contra el monstruo, el protagonista también se embarca en un viaje personal de redención y venganza, enfrentándose a sus propios demonios internos mientras busca proteger a quienes le quedan y hacer frente a las sombras del pasado que continúan persiguiéndolo.


Uno de los grandes méritos de la cinta es volver a una visión clásica del gran protagonista del género Kaiju Eiga. Godzilla representa los traumas de la guerra en la población japonesa: la destrucción, la muerte, el horror y el holocausto nuclear. Ahí está el temor de que la capital nipona sea la siguiente en ser arrasada. Godzilla es la bomba que cayó sobre Tokio. Estamos lejos de ese salvador del planeta en que lo ha convertido el “Monsterverse americano e incluso de la criatura que se enfrenta a otros seres de dimensiones colosales propias del género. No es casualidad que se regrese al leitmotiv de la cinta original. Estamos ante la respuesta japonesa al Oppenheimer de Nolan, donde se decidió no mostrar los efectos de la bomba y solo la fascinación por la misma.

"Godzilla Minus One" (2023). Fuente: Collaider

Las consecuencias de la guerra están muy presentes en el personaje de Shikishima. Sueña con Godzilla y dice que “su guerra” aún no ha terminado. Este personaje representa los miedos y el trauma colectivo nipón ante la destrucción masiva. Tiene estrés postraumático ya que ha sido testigo de lo el monstruo es capaz de causar. Está obsesionado y alrededor de él se genera el eje dramático de la cinta ya que está dispuesto a sacrificar su vida si eso garantiza alejar la destrucción de la familia que le queda.


La otra gran virtud de la película es el espectáculo visual que logra con un presupuesto de 15 millones de dólares. Cada escena de catástrofe monumental sirve a una narrativa de tragedia. Yamazaki no solo se concentra en la forma visual, sino que también explora temas profundos de derrota, honor y resurgimiento en el contexto de la posguerra con unos efectos visuales que rivalizan (y siendo honesto superan) a las megaproducciones más recientes del cine de superhéroes estadounidense.


Si bien el drama social y personal del protagonista puede ser el punto más bajo de la película, ya que peca de ingenuo en su resolución, Yamazaki no teme criticar algunos conceptos básicos de la sociedad tradicional japonesa y declarar que uno de sus mayores problemas fueron las prácticas utilizadas en la Segunda Guerra Mundial, en las cuales la vida humana carecía de valor. Así, demuestra que las reflexiones respecto a las consecuencias de la devastación nuclear en la sociedad japonesa aún siguen existiendo.





 

 




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