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"Hamnet" (2025): Dolor, pérdida y arte

  • hace 1 minuto
  • 3 Min. de lectura

Una mirada íntima al origen de una de las tragedias de Shakespeare, donde el arte y la pérdida se entrelazan. Contiene spoilers.


Por Alberto Ríos CRÍTICAS / CARTELERA COMERCIAL

"Hamnet" (2026). Fuente: IMDb
"Hamnet" (2026). Fuente: IMDb

Hamnet, dirigida por Chloé Zhao y basada en la novela homónima de Maggie O'Farrell, propone una aproximación íntima al origen de una de las tragedias más influyentes de la tradición occidental. La película se centra en Agnes, esposa de William Shakespeare, y sitúa la muerte de su hijo como el acontecimiento que atraviesa la experiencia familiar y se transforma en impulso creativo. El arte aparece aquí como un espacio donde el dolor encuentra una forma. El film oculta el apellido Shakespeare durante buena parte del metraje, como si buscara demorar la aparición del mito, y cuando finalmente lo enuncia no genera impacto ni sorpresa.


Desde las primeras escenas, Agnes es presentada como una figura vinculada al entorno natural, atenta a los ritmos del bosque y dotada de una sensibilidad que la conecta con lo invisible. Ella ejerce parte de la presencia fantástica y animística que se manifiesta en la película. Jessie Buckley construye el personaje desde la fisicidad, con una presencia que se expresa en sus gestos y miradas. La cámara privilegia los planos cerrados y acompaña su respiración, registrando la intensidad emocional en los detalles mínimos. La relación con Will, interpretado por Paul Mescal, se desarrolla en ese mismo registro de intimidad, donde los cuerpos y los silencios articulan el vínculo.


La muerte de Hamnet, hijo de los protagonistas, constituye el centro dramático del film. El momento del fallecimiento se concentra en el grito de Agnes, una descarga que atraviesa la escena con una fuerza que desestructura cualquier contención previa. Buckley sostiene ese instante con una entrega física absoluta. El dolor se manifiesta como experiencia directa, sin mediaciones discursivas. La escena instala una fractura que reorganiza la percepción del tiempo y del espacio en el relato. En esa misma línea, Jacobi Jupe, el joven actor que encarna a Hamnet, aporta una presencia luminosa y frágil; su trabajo evita el sentimentalismo. Su interpretación se revela como uno de los hallazgos del film, al dotar al personaje de una vitalidad que intensifica el impacto de la pérdida.


"Hamnet" (2026). Fuente: Vogue España
"Hamnet" (2026). Fuente: Vogue España

A partir de ese punto, el duelo adquiere distintas formas. Will canaliza la pérdida en la escritura y en la actividad teatral en Londres. Agnes permanece junto a la memoria del hijo, habitando los espacios donde su presencia todavía resuena. La película sigue ese proceso hasta el momento en que ella asiste a la representación de Hamlet. Allí comprende que la obra escénica encierra una elaboración del dolor compartido. El teatro se convierte en un lugar donde la ausencia encuentra lenguaje.


En la secuencia final, Agnes levanta las manos hacia el escenario. El gesto condensa reconocimiento, emoción y entendimiento. La tragedia representada funciona como homenaje y como acto de memoria. El arte transforma la pérdida en relato y la proyecta hacia una comunidad de espectadores. La catarsis se configura como una experiencia compartida que da continuidad a lo que parecía interrumpido. La puesta en escena de Zhao mantiene una coherencia formal basada en encuadres cerrados, luz natural y una textura visual que acentúa la proximidad emocional. La música de Max Richter acompaña el recorrido afectivo con una tonalidad elegíaca que refuerza la interioridad de los personajes.


En la evolución del cine de Chloé Zhao puede observarse un tránsito desde el naturalismo casi documental de The Rider o Nomadland, donde la cámara parecía descubrir el mundo junto a sus personajes, hacia una estilización más calculada en Hamnet. Aquí la composición se vuelve más cerrada y deliberada: abundan los planos encuadrados por marcos internos y personajes situados en los bordes del cuadro, desplazados del centro clásico de la imagen. Esta forma de encuadrar genera una sensación de reclusión y concentra la mirada en la interioridad del duelo, aunque también hace visible la voluntad formal de la directora. La cámara ya no registra simplemente la experiencia; la organiza con una conciencia estética que marca cada plano, subrayando el encierro emocional de Agnes y el peso de la pérdida enj el espacio mismo de la imagen.


En Hamnet, la creación artística surge desde una herida concreta y se convierte en un gesto de permanencia. La interpretación de Jessie Buckley sostiene esa trayectoria con una intensidad que atraviesa todo el film. En el escenario donde se representa la tragedia, el hijo ausente adquiere una nueva forma de existencia, inscrita en la memoria y en la palabra para la posteridad.




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