“I used to go here” (2020)

La película dirigida por Kris Rey utiliza elementos de comedia para repasar los recuerdos nostálgicos de Kate Conklin, una joven escritora que solo se ve envuelta en los placeres de la vida universitaria.


Por Rodrigo Bedoya Forno CRÍTICA/VIDEO ON DEMAND

I used to go here dirigida por Kris Rey. Fuente: Laud and clear reviews

Los sueños de la época universitaria suelen ser los más puros y quizá, en el recuerdo, los más amargos. Son aquellos que nos traen a la memoria la ilusión de un camino que acaso nunca transitamos, que dejamos de lado, que se desvaneció en el tiempo debido a los cambios de la vida. Esos recuerdos son los que asaltan a Kate Conklin (Gillian Jacobs), una escritora cuyo primer libro ha dejado insatisfecho al público, pero, sobre todo, a ella misma. Las metas que se había trazado no se han cumplido. Acaba de terminar una relación de mucho tiempo, va viendo cómo sus amigas sí consiguen ciertas metas que se habían impuesto (maternidad, cierta seguridad en su proyecto de vida) y, para colmo de males, la gira de promoción de su libro se cancela. En ese momento, recibe el llamado de un profesor (Jemaine Clement) de la universidad a la que asistió, quien la invita a hacer una lectura de su libro.

I used to go here, de Kris Rey, nos presenta entonces la estadía de Kate en su vieja universidad, donde de pronto se va acordando de esas ilusiones que tuvo cuando asistió ahí. Desde el deseo hacia su profesor, hasta el recuerdo de la casa en la que vivía, pasando por el reencuentro con viejos amigos con los que en algún momento compartió algo en común. Pero el recorrido de la protagonista no es ni tan placentero ni tan nostálgico como parece. Poco a poco Kate se va dando cuenta que estar en el campus le hace sentir lo poco que ha conseguido, y cómo los sueños de libertad creativa y la ambición que alguna vez tuvo parece que se han esfumado.


Protagonizada por Gillian Jacobs. Fuente: Reel Chicago

La directora va construyendo su película en base a un tono empático y agridulce, que se basa en pequeños momentos incómodos en donde la protagonista no dice lo correcto, o no conecta con su interlocutor, o mira con recelo los sueños y fantasías de los más jóvenes, acaso porque ella misma no los pudo seguir. La actuación de Jacobs es fundamental. Su rostro amable, pero que siempre esconde un fuerte nivel de incomodidad, encarna muy bien la sensación de sentirse un poco fuera de tono, como si su personaje fuera incapaz de reconciliarse con ella misma, con su entorno, con su pasado y con su incierto futuro.

Y, quizá por eso, los únicos momentos en los cuales Kate se halla es en compañía de cuatro jóvenes universitarios, que ahora viven en la que fue su casa. Con ellos, Kate vive una serie de aventuras donde lo que se disfruta es el presente: el relajo de un día en el lago, el placer del sexo furtivo, el riesgo de la travesura que implica meterse en una casa ajena. Son en esos momentos en los que la cinta deja de lado la melancolía de su protagonista y le va haciendo guiños a la comedia juvenil más desatada. Muestra ese costado relajado, donde las consecuencias no importan mucho.

Es así que I used to go here se va moviendo entre lo agridulce y lo desatado, entre lo incierto y lo placentero, entre lamentarse por sueños que no se cumplieron y disfrutar de los momentos que el presente nos regala.



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