“La asistente” (2019): la normalización del abuso

La película dirigida por Kitty Green retrata, de manera sutil, el acoso sexual y la violencia que sufren las mujeres en un ambiente laboral tóxico.


Por Sebastián Kawashita CRÍTICA/ AMAZON PRIME

Fuente: IMDb

Jane (Julia Garner) trabaja como asistente junior en una productora de cine en Nueva York. En su rutina diaria, empezará a notar y sufrir signos de explotación y abuso. Con una premisa simple se da pie a La asistente (2019), largometraje influenciado por las denuncias contra Harvey Weinstein y el movimiento #MeToo que le siguió. La película no busca mostrarse optimista con la realidad que se vive detrás de las cámaras, a diferencia de películas como El Escándalo (2019). La directora decide retratar una esclavitud sistemática, de la cual es imposible escapar.


Kitty Green, mediante la monotonía de la acción y el plano estático, encierra a Jane física y emocionalmente. Convierte a Jane en una entidad que deambula por los espacios como una fuerza invisible, obligada a seguir una rutina repetitiva. Ella es la encargada de abrir las puertas de la oficina, prender las luces y dejar todo ordenado para que sus colegas y jefes trabajen cómodamente. De un momento a otro, sus deberes dejan el ámbito profesional y se ve obligada a realizar tareas domésticas: atender por teléfono a la esposa de su jefe, instruir a su empleada del hogar e incluso cuidar a sus hijos. Vemos que los momentos de descanso de Jane resultan tan cortos como un sorbo de café, y que la carga laboral ha invadido cada aspecto de la vida de la protagonista.


Fuente: IMDb

La agotadora rutina de Jane se observa gracias a una edición lenta y paulatina, y se desarrolla en el lapso de un solo día. Decisión para nada gratuita porque Kitty Green nos deja a entender que el personaje ha sufrido de explotación laboral desde hace meses, y que este hecho seguirá replicándose. Mucho menos arbitraria es la presencia omnisciente del jefe (Purva Bedi): un antagonista que se manifiesta mediante llamadas telefónicas, como si se tratara de un ente superior que consume a Jane. A fin de cuentas, “es duro especialmente con ella porque sabe lo buena que es”, frase que utiliza el jefe para manipular a la asistente y que, en nuestra realidad, podría ser un sinónimo de “ponerse la camiseta por la empresa”.


Fuente: IMDb

El gran plot twist en La asistente sucede cuando Jane descubre un posible incidente de acoso, por parte de su jefe, a una nueva empleada del estudio. Green decide que este punto de giro llegue tarde, muy consciente de que la audiencia está agotada al igual que la protagonista. Y lo hace con el fin de jugar con nuestras expectativas. Jane se enfrenta a un sistema que, en vez de velar por su bienestar, fomenta más bien el abuso y hasta lo normaliza. Esta experiencia solo le sirve para visualizar lo sistematizado e impregnado que está el hostigamiento y el acoso laboral en el ambiente. Jane regresa a la oficina y nada ha cambiado.


Se ha criticado a La asistente como un filme que carece de acción, aludiendo al ritmo contemplativo que desarrolla Green y que pareciera ralentizar la película. Sin embargo, el valor del filme radica justamente en la pasividad de su narrativa, en el ritmo lento que nos permite sentir el agotamiento de la protagonista. Es por ello que la intención de Kitty Green va más allá de dejar un mensaje aleccionador. Se trata pues de una representación de la realidad en la que Jane encarna la imagen de la subordinada, de la esclava que convirtió la explotación en la nueva normalidad. La jornada laboral culmina y probablemente la mecánica de abuso siga su curso al día siguiente, como en la vida misma.



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