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“Let It Be” (1970): el largo y sinuoso camino de la restauración

Actualizado: hace 6 días

Tras estar por más de cincuenta años rondando en un limbo audiovisual con copias en muy mala calidad, Disney decide restaurar la que en su momento fue la quinta y última película de The Beatles juntos.


Por Marcelo Paredes                                            CRÍTICAS / DISNEY+

"Let it be" 1970. Fuente: Celnik

Ya en el 2021, mi corazón beatlemaníaco se estremeció por completo al ver esas imágenes nítidas e inéditas (en buena parte) de Get Back, la miniserie dirigida por Peter Jackson donde, a su propio modo, articulaba todo el material que se filmó de los últimos días de The Beatles previo a su separación. Y si es que me emocionaba, era porque parte de ese archivo ya lo había visto mil veces en una copia en muy mala calidad de la que en su momento sería la última película con los cuatro juntos: Let It Be de Michael Lindsay-Hogg, cineasta que originalmente había filmado y dirigido todo ese archivo y que en su momento se lanzó como largometraje.


Y claro, este filme ahora uno podría considerarlo como un mega resumen de la miniserie de hace tres años, por lo que ya parecía que iba a quedar en el olvido al ser una película que nunca llegó a estar en DVD o Blu-ray oficialmente. Pero estaba muy equivocado y me alegro de que así sea, porque, tomando lo dicho por el propio Lindsay-Hogg en sus palabras introductorias junto a Jackson al inicio de la versión restaurada, lo que tenemos acá es al padre de la miniserie Get Back, y en esta nueva vida merece el respeto de los fanáticos. Si no fuera por ese primer corte, quizá nunca hubiésemos tenido esa obra maestra de casi ocho horas de duración dividida en tres capítulos que intentó llenar esos vacíos que quedaron en 1970. No en vano en su momento se le acusó de ser una película dispersa y que no le hacía justicia a los últimos momentos de la banda más grande del mundo junta, y por eso todos celebraron que eso se “arregle”.


Sin embargo, creo que la magia de este primer corte radica justamente ahí. Eran tiempos turbulentos para la banda, moviéndose de aquí para allá, no sabiendo qué deparará el futuro y con mucha música en la cabeza. Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr sabían cómo funcionaban en conjunto e igual no dejas de sentir que algo les faltaba en ese momento, por lo que solo bastaba un instante de brillantez para cortar con el ocio (donde de todas formas nos dejan momentos memorables) y hacer lo que mejor saben. Ya sabiendo eso se ve cómo después de un par de ensayos se pasa de frente a una presentación en vivo que representa a la perfección el sentir de ellos en dichos tiempos.


He aquí otra diferencia clave que hubo entre la película de 1970 y Get Back. Lindsay-Hogg capturó el presente con todos sus problemas aconteciendo en tiempo real. A pesar de los conflictos, su habilidad para filmar los últimos instantes con una naturalidad única demuestra que realmente sabía lo que hacía, especialmente al ver la concepción de canciones como "Don't Let Me Down", "I've Got a Feeling", "Get Back" y "Let It Be", que siguen siendo recordadas. Ya lo que hizo el director de la trilogía de El Señor de los Anillos cincuenta años después fue darnos ese extenso agregado que, a fin de cuentas, era un material que solo los fanáticos de hueso colorado podrían disfrutar a un 100%.

"Let it be" (1970). Fuente: Variety

Décadas atrás, por la falta de tecnología, todavía ciertas cosas se mantenían ocultas. Eso queda claro en la película cuando a lo mucho vemos una sola pelea entre McCartney y Harrison, siendo solo un pequeño vistazo a las constantes tensiones que se sabe que hubo durante esos años que poco tiempo después producirían la separación del grupo. Hasta hace solo unos años ese panorama más amplio de múltiples perspectivas eran detalles que solo podían quedar en la imaginación, y ver de nuevo este filme hace que esa mística regrese. Y claro, a eso se le agrega lo muy bien que quedó la restauración, donde es posible apreciar esos momentos de gran forma, superando incluso el acabado visual de la miniserie, que requirió un mayor uso del filtro digital.


Y si hay que mencionar una última gran diferencia que hay entre Let It Be y Get Back es sin duda el clímax de ambas: el concierto en la azotea. Teniendo todo el material a su disposición, lo que Jackson hizo fue capturar una multiplicidad de perspectivas, jugando con el montaje de ese momento legendario al exponer simultáneamente hechos y reacciones. Esto nos permite ver a los héroes dando su última hazaña a ojos de un público los observa, mientras que los villanos (la policía) intentan detenerlos.


En el montaje original de Lindsay-Hogg, que recordemos es una obra completamente distinta, la visión es diferente. El cineasta británico pretendió capturar un hecho tan magnánimo de forma cotidiana, brindando una breve alegría a un día gris de invierno que cierra de manera súbita. Vemos rostros de cerca, multitudes apiñadas y las fuerzas del orden sintiéndose minúsculas al intentar frenar algo magnánimo. A sus ojos, se intenta transmitir que el cierre de este capítulo en la historia de la música ocurrió un día cualquiera, sin mayores sobresaltos, con un ocurrente John Lennon cerrando el concierto, y la cinta misma, con la frase “Me gustaría darles las gracias en nombre del grupo y a nosotros mismos, y espero que hayamos pasado la audición”, cerrando así el ciclo de esos años de música de una manera tan juguetona que ya no habría espacio para emociones fuertes provenientes de alguna ficción.


En conclusión, revisitar el Let It Be de Michael Lindsay-Hogg en esta nueva vida que obtuvo en el 2024 me resulta nostálgico. Tal vez a mis 25 años no estoy ni remotamente cerca de haber vivido el tiempo en que estuvieron en vigencia, pero personalmente lo considero un reencuentro con mis inicios como fanático de esta banda. Ver la película fue como regresar al 2009, año en que pude conocerlos a través del videojuego de música Rock Band. Año donde pude comprar algunos de sus discos en una época donde era cada vez menos popular hacerlo. Un año donde también me pude acercar más al séptimo arte, muchos antes de mi cinefilia, gracias a sus películas. Es gracias a The Beatles que nace mi interés por el cine y la música, pasiones que 15 años después siguen intactas en mí. Reencontrarme con esta película me sirvió para recordar porque hago algo como esta crítica, y esa es la razón, entre tantas otras, por la cual siempre estaré eternamente agradecido con los cuatro de Liverpool.





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