“Project Hail Mary” (2026): un viaje emotivamente decepcionante
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La adaptación de la novela de Andy Weir apuesta por una mezcla de ciencia ficción y humor que, pese a su éxito, deja más dudas que certezas sobre su alcance narrativo. Contiene spoilers.
Por Daniel Pérez Sibaja CRÍTICAS / CARTELERA COMERCIAL

La novela de Andy Weir llega a los cines bajo la dirección de Phil Lord y Christopher Miller, ambos conocidos por dirigir la comedia 21 Jump Street (2012) o la aventura animada Lluvia de hamburguesas (2009). El estilo solemne y humorístico se hace presente en una historia de ciencia ficción donde Ryland Grace (Ryan Gosling) despierta en una nave espacial sin recordar nada y debe cumplir con una misión importante para salvar al mundo.
Al revisar las redes sociales y los comentarios de la audiencia, la película ha sido bien recibida y ya se posiciona como uno de los proyectos más taquilleros del año. Sin embargo, considero que la emoción alrededor del filme es más una puesta en escena, producto de una efectiva campaña de marketing, pero está lejos de ser una película realmente memorable o interesante.
La fotografía y los elementos visuales de la obra han sido uno de los apartados más destacados por la crítica y la audiencia. El director de fotografía Greig Fraser, conocido por sus recientes trabajos en Dune (2021) y The Batman (2022), se encargó de crear una propuesta que pudiera retratar los constantes cambios de época a raíz de los flashbacks de Grace, además de ofrecer una visión estilizada del espacio exterior. A pesar de presentar una propuesta clara y planos con una composición y contraste de colores ciertamente atractivos, este componente se siente desperdiciado durante la mayor parte de la película. A lo largo de las dos horas y media del filme, la historia transcurre mayormente en los espacios oscuros y cerrados de la nave espacial, donde se desarrolla la relación entre Grace y Rocky. La belleza visual de los planos queda mermada en una película que decide centrarse principalmente en el desarrollo humorístico y emocional de sus personajes, desaprovechando la oportunidad de volver la experiencia aún más estilizada en lo audiovisual y limitando el espectáculo a unos cuantos destellos.
El filme también ha sido destacado por su elaboración técnica, ya que recurre a una combinación de efectos prácticos y digitales para construir los escenarios y personajes. Un ejemplo claro es Rocky (James Ortiz), un alienígena eridiano que Grace conoce durante su misión y quien lo acompaña en su travesía. El diseño se asemeja a una combinación entre rocas marcianas de tono rojizo y una araña. A pesar de no tener un rostro ni rasgos humanos, el personaje goza de una presencia y personalidad claras dentro del filme, dando pie a una dinámica humorística con el protagonista y convirtiéndose en el corazón de la película. Sin embargo, los constantes chistes y malentendidos entre ambos personajes pueden tornarse molestos ante la repetición de estas interacciones.
Uno de los grandes desaciertos de la película es el ritmo innecesariamente pausado. Durante el primer acto puede resultar entretenido ver cómo Grace intenta descubrir su rol y sus motivaciones en la misión a la par de los espectadores, pero este factor pierde fuerza con la introducción de Rocky. El desarrollo de la relación entre el protagonista y su compañero logra crear un vínculo emocional que sustenta la base dramática de la historia, ya que Grace encuentra un verdadero amigo de la manera más inesperada. Aun así, y dejando de lado el sentimentalismo al que apela la película, la historia empieza a carecer de acciones relevantes y se enfoca en desarrollar el componente emocional a partir de chistes y one-liners que recuerdan a las peores épocas del cine de Marvel Studios.

Ciertamente, la obra no inventa ni aporta nada nuevo, y presenta una clara influencia de referentes de la ciencia ficción sin replicar su carisma o encanto. La película apela a la emocionalidad y al vínculo entre la humanidad y lo extraterrestre, como Arrival (2016), pero sin alcanzar su impacto ni su profundidad emocional. Lo mismo ocurre con la aventura épica y la espectacularidad visual de Interstellar (2014), que no logra replicar, o con el análisis de la soledad y el aislamiento presente en The Martian (2015). La película parece tomar elementos de otras obras y construir una historia que termina siendo genérica, debido a su incapacidad de realizar un comentario o reflexión más profunda a partir de lo que propone, principalmente porque opta por ser digerible para el gran público.
Justamente, la película puede definirse como un producto de entretenimiento para las grandes masas, con un humor infantil y un refuerzo constante de los momentos emotivos para conmover al público. La obra podría funcionar si pretendiese únicamente ser un blockbuster entretenido para toda la familia, pero presenta incongruencias argumentativas que empeoran la experiencia.
La historia propone un giro interesante a nivel narrativo, ya que, al contrario de la estructura tradicional, el espectador descubre la motivación del protagonista tras resolverse el conflicto central y cumplirse la misión de salvar el planeta Tierra. Este recurso plantea un cambio en la percepción general de la historia: conocer las razones por las que el personaje principal cumplió con su cometido en ese orden puede otorgar un mayor peso dramático y una conclusión más interesante. Sin embargo, la respuesta que brinda la película es decepcionante e incongruente.
Aun después de cumplir con la misión, Grace recuerda finalmente cómo llega a la nave: tras un accidente en la base, el científico destinado a la misión muere y el único que puede reemplazarlo es él. Aun así, decide rechazar el llamado del héroe al no sentirse con la confianza necesaria para emprender el viaje, ya que se trata de una misión suicida. Lejos de comprenderlo, la agente gubernamental Eva Stratt (Sandra Hüller) lo droga y lo obliga a subirse a la nave contra su voluntad. Después de esta revelación, Grace no emite ninguna emoción sobre lo sucedido: no hay ira ni frustración, a pesar de haber sido forzado a cumplir una misión suicida sin su consentimiento.
El gran problema con esta decisión creativa es que el arco del personaje pierde fuerza al no desarrollar una motivación propia; la imposición de un motivo lo convierte en un personaje que simplemente reacciona. La transformación del protagonista, de una persona solitaria y temerosa al héroe de la humanidad, ocurre por obligación, y la ausencia de una reacción o reflexión más profunda sobre este suceso le resta redondez.
Project Hail Mary toma conceptos ya conocidos de la ciencia ficción para construir un relato sentimental sobre la empatía y la valentía, pero lo hace desde un enfoque convencional y poco innovador. El exceso de humor, la falta de acciones y las motivaciones confusas del protagonista la convierten en una película accesible para todo público, aunque finalmente olvidable.

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