“Sebastiana, la maldición” (2019): de la literatura al terror

La película peruana de terror, basada en un relato de Ricardo Palma, ya se encuentra disponible en streaming.


Por Sebastián Zavala Kahn CRÍTICA/NETZUN

Protagonizada por Silvana Cañote. Fuente: Cocktail.

Varios cineastas peruanos han tratado de realizar películas de terror, con resultados de todo tipo. Hemos tenido desde producciones estilo found footage como Cementerio General (2013), hasta propuestas más tradicionales como La cara del diablo (2014) o No estamos solos (2016). Y por supuesto, se han realizado incontables películas de dicho género fuera de Lima, en donde, me atrevería a decir, existe una mayor variedad de estilos, referencias, e historias basadas en mitos y leyendas de nuestro país. No obstante, considero que hasta ahora no se ha hecho la película de terror definitiva en el Perú.

Muchas de las propuestas tienen elementos destacables, pero la mayoría carecen de los ingredientes que convirtieron a cintas como El exorcista (1973), La profecía (1976) o El conjuro (2013) en clásicos absolutos. Lo cual, evidentemente, no fue suficiente para impedir que Augusto Tamayo se aventure a realizar un filme de terror propio.

Inspirada en un relato llamado “Mujer y Tigre”, del gran escritor peruano Ricardo Palma. Sebastiana, la maldición es una producción de buenas intenciones pero fallida de ejecución. Llena de clichés y secuencias carentes de atmósfera o tensión, la cinta no funciona ni como relato de terror, ni como drama juvenil, y mucho menos como homenaje al trabajo de Ricardo Palma.

Sebastiana, la maldición comienza con una serie de imágenes que no hace más que desorientar al espectador. Tamayo nos transporta a un salón de clases universitario, en el que una profesora (Bertha Pancorvo) narra la historia de “Mujer y Tigre” a sus estudiantes. Los primeros quince minutos de la película son dedicados a este salto al pasado, en el que Tamayo demuestra estar en su elemento.

"Sebastiana, la maldición" es la primera película de terror de Augusto Tamayo. Fuente: AméricaTV

La recreación de la época virreinal es impecable. La elección de planos, así como la detallada dirección de arte, ayudan a acentuar algunos de los momentos más dramáticos de la historia de Sebastiana. Pero este, también, es uno de los primeros problemas del filme. En lugar de encontrar una solución elegante para contar la historia de Sebastiana, Tamayo simplemente la lanza antes de, siquiera, comenzar con el primer acto. El espectador puede ver en pantalla una secuencia que abusa de la narración en off por parte de la profesora, así como de los primeros planos de reacción de las protagonistas (quienes todavía no han sido introducidas, dicho sea de paso).

Si se tenía que incluir un prólogo debido a la información necesaria, no tenía por qué durar quince minutos. Consideren filmes como La Momia (1999), de Stephen Sommers. Dicha película (también de terror, pero con varios toques de aventura y fantasía) comienza con un prólogo que narra la historia del villano. Pero es mucho más corto, se mueve a mejor ritmo y crucialmente — a pesar de ser narrado, también, por un personaje que existe dentro de la narrativa— no muestra a nadie contandola historia a un público. Lo mismo pasa con el prólogo de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001) ¿Se imaginan a Galadriel contándole la historia de Sauron a un grupo de pequeños elfos? A veces no es necesario contextualizar de manera tan concreta un flashback; a veces, hay que confiar en que el público lo entenderá sin mayores explicaciones.


Luego de ver cómo Sebastiana asesina a sus hijos y quema vivo a su esposo (Stefano Salvini), regresamos al presente. Un grupo de amigas se anima a viajar en auto a la casa de campo de Nani (Silvana Cañote), quien resulta ser descendiente de Sebastiana. Nuestra protagonista acepta a regañadientes. Sus amigas, sin embargo, están bastante más emocionadas: Gianni (Alicia Mercado) es la estereotípica joven que solo piensa en sexo y chicos; Paula (Andrea Luna) es la más avezada del grupo, emocionada por tratar de contactar a Sebastiana con la ayuda de una ouija; Mafe (Luciana Blomberg) es miedosa Y Anto (Paola Nanino) parece ser la más feminista de las cinco, aunque dicho aspecto de su personalidad no entra mucho a tallar en la historia. En todo caso, al llegar a la casa, las chicas se encontrarán con todo tipo de horrores, y tendrán que encontrar una forma de sobrevivir. Y deshacerse de Sebastiana, por supuesto.

Actúa André Silva. Fuente: Exitosa Perú

Con Sebastiana, la maldición, Tamayo parece haber querido realizar su propio slasher, como un homenaje al cine de terror estadounidense de los 70 y 80, altamente explotador y poco elegante. Curiosamente, utiliza todos los clichés de dicho subgénero, pero sin introducir a un villano (o villana) que realmente se sienta como un peligro constante. Concretamente hablando: no hay nadie que haga el slashing. Además, no hay nada (absolutamente nada) en Sebastiana, la maldición, que no hayamos visto en cualquier otra película de terror sobrenatural.

¿Muñecas antiguas que se mueven solas? Aquí están. ¿Espíritus que aparecen y desaparecen repentinamente? Por supuesto. ¿Ruidos raros que nadie puede explicar? ¡De todas maneras! Incluso hay una secuencia increíblemente gratuita de desnudo, en la que una de las protagonistas decide bañarse sin ropa en la piscina, para luego tener una conversación “normal” con un personaje masculino al cual no conoce. Como en cualquier otra película mediocre de terror, los personajes no toman las decisiones más inteligentes, más bien, parecen saber que están viviendo un filme de terror.

La previsibilidad de la narrativa, así como el hecho de que no pasa nada particularmente interesante durante todo el segundo acto, podría ser perdonable si es que Sebastiana, la maldición fuese una película tensa y atmosférica, pero ese no es el caso. La casa, por ejemplo, debería ser un personaje más en la película, pero es filmada por Tamayo de la manera más convencional posible, sin establecer bien la geografía de la misma, o cualquier característica interesante que pueda tener. Los jump scares no funcionan, la banda sonora es exagerada y hasta por momentos melodramática, lo cual no hace más que quitarle efectividad a los momentos de supuesto terror. La dirección de fotografía, aunque correcta, no le otorga una identidad visual perturbadora (o siquiera interesante) al filme.

La idea de utilizar uno de los relatos de Ricardo Palma como base para una película de terror está llena de potencial. Las protagonistas, actrices de mucho talento, en otras producciones —la mayoría teatrales, pero en algunos casos, también televisivas— han demostrado ser capaces de dar interpretaciones muy potentes. Pero en Sebastiana, la maldición tienen muy poco con qué trabajar. Las personalidades de las protagonistas no están bien desarrolladas, sus conversaciones no son convincentes. Al igual que la escena gratuita en la piscina, que me imagino fue realizada como homenaje al cine explotador de los 70. Gianfranco Brero destaca, al menos, en la única escena donde aparece, y la siempre genial Katerina D’Onofrio tiene una suerte de cameo durante un flashback que termina siendo mucho más perturbador que cualquiera de los sucesos paranormales por los que atraviesan los personajes.

Sebastiana, la maldición es un experimento fallido. Una película que trata de utilizar los clichés del género para narrar una historia muy peruana, pero que termina sintiéndose absolutamente genérica y previsible. Como se mencionaba líneas arriba, hasta ahora no se ha producido la película peruana de terror, y desgraciadamente, Sebastiana, la maldición no ha hecho nada para cambiar dicha situación. Solo queda seguir esperando. Eventualmente llegará, es cuestión de tiempo.



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