“THX 1138”: la otra joya de George Lucas

Este mes de marzo se cumplen 50 años de este clásico de ciencia ficción, la primera película de George Lucas. Aquí recordamos su historia y relevancia.


Por Diego Olivas Arana CRÍTICA/ CLÁSICO

Fuente: SBS

¿Se imaginan una realidad con robots policías, humanos controlados con drogas, ciudades estériles en donde las emociones y las relaciones sexuales están prohibidas? Enamorarse en un futuro distópico semejante puede ser una verdadera pesadilla.


THX 1138 (1971) nos transporta a esa versión del mundo: una historia original de George Lucas, dirigida por él y coescrita junto a Walter Murch; producida por Francis Ford Coppola, su amigo y en cierto sentido mentor; y con un joven Robert Duvall en su primer rol protagónico. En su momento el filme fracasó en la taquilla y la crítica, pero hoy en día se ha convertido en una reconocida película de culto: fue el largometraje que arrancó la promisoria carrera de Lucas, pocos años antes del estreno de Star Wars: una nueva esperanza (1977). Ya desde este primer momento podemos ver algunos de los temas e intereses centrales en la visión del director californiano, quien a sus 25 años dirigió esta cinta basada en un corto que realizó cuando estudiaba cine en la universidad, y que Roger Ebert comparó en su momento con 2001: Odisea del espacio (1968). Una verdadera joya que no ha sido tan popular como la epopeya de Luke Skywalker, pero que ciertamente merece una digna evocación.


La historia acontece en el siglo XXV, en un futuro espeluznante y desesperanzador, donde los seres humanos lucen idénticos y están prácticamente esclavizados. Hombres y mujeres tienen las cabezas rapadas, visten un uniforme blanco y portan un carné de identificación en el pecho con su nombre y código. Demostrar cualquier tipo de emoción, sentir algo por alguien, buscar el placer sexual o la reproducción: todo eso está penado por la ley. Y por si aquello no fuera poco, los humanos viven imbuidos en un eterno y sistemático consumo de drogas que los mantiene a raya, trabajando día y noche sin cuestionarse nada, como marionetas. Todo está programado para homogeneizarlos y controlarlos sin excepción.


Fuente: Medium

Otro aspecto curioso es la religión: los ciudadanos o zombis asexuales de este futuro distópico adoran a una supuesta divinidad encarnada en la pintura renacentista Jesucristo da su bendición de Hans Memling, la cual conocen como OMM-0000. Todos pueden confesarse con este falso dios a través de espacios que parecen cabinas telefónicas, y hablarle sobre sus dudas e inquietudes. Se torna evidente que no hay un verdadero interlocutor, lo único que reciben son respuestas automáticas y propaganda subliminal que termina con “Agradezcamos que tenemos una ocupación por realizar. Trabaja duro; aumenta la producción, prevén accidentes y sé feliz” o “Agradezcamos que tenemos comercio. Compra más. Compra más ahora. Compra más y sé feliz”. Otra forma del Estado para seguir engañando a la gente.


En ese contexto apocalíptico, un hombre llamado THX 1138 (Robert Duvall) y su compañera de trabajo LUH 3417 (Maggie McOmie) dejan de tomar sus medicamentos y se permiten sentir por primeva vez, descubriendo así su atracción y enamorándose. Ese “despertar de la Matrix” los hará tomar consciencia de su fatídica existencia y los invitará a vivir intensamente, pero para ello tendrán que escapar, volviéndose prófugos de la ley, traidores de esta sociedad totalitaria donde el amor está prohibido y violentos robots policías están listos para perseguir y eliminar a quien rompa las reglas.


¿En dónde se encuentra la fuerza de THX 1138? Se trata de la película más extraña y oscura de la filmografía del padre de Star Wars y otro ejemplo tanto de su enorme imaginación como de los distintos mundos narrativos que nos podría ofrecer de haber continuado dirigiendo películas (tras el éxito de su franquicia intergaláctica). La impronta de Lucas se puede detectar en diferentes elementos de la película. Quizá el más esencial sea el sumo cuidado del sonido y los efectos especiales: la cinta está plagada de sonidos estremecedores, mecánicos o pertenecientes a otros mundos. Los letales robots policías —una inspiración evidente para los miembros de Daft Punk— tienen una voz rasposa e invadida de interferencias, muy similar a la que se escucha cuando los personajes de Star Wars hablan a través de transmisores, como los stormtroopers, o en la voz de algunos androides. Los efectos especiales destacan con sus robots, la tecnología y arquitectura y los vehículos: tenemos hasta una persecución con autos y motocicletas futuristas que se aproxima mucho a las escenas de acción de la mítica saga de Lucas. Y todo esto se logró con un presupuesto ínfimo, alrededor de un millón de dólares, hecho que marcó un indicio de la reconocida creatividad y talento del director para darle un empujón a la tecnología e innovar en la industria.


Fuente: imdb

THX 1138 no resalta por su originalidad. El debut en el cine de George Lucas bebe de clásicos de la literatura: la distopía de Orwell con fuertes matices de Un mundo feliz de Aldous Huxley o de La naranja mecánica de Anthony Burgess (cuya adaptación de Kubrick saldría el mismo año). La comparación de Ebert con 2001: Odisea del espacio es importante a su vez —pienso en la pulcritud de sus escenarios, cuya elegante economía de colores y elementos evocan nuevamente a 2001— y a ella añadiría películas como la precursora Metrópolis de Fritz Lang u otras que llegaron después y que guardan temas similares, como los futuros desoladores y retrofuturistas de Blade Runner o Brazil; incluso la rebelión de un individuo contra la represión y control del poder en Alguien voló sobre el nido del cuco o más posteriormente en la trilogía de Matrix; o el tema de la biotecnología en Gattaca, entre otras. Ciertamente, la historia no es original, pero hoy en día, ¿qué lo es?


En una escena memorable, el protagonista practica una fría sesión de masturbación, disfrutando de unos hologramas de una mujer de raza negra bailando, para luego sumergirse en una sórdida celebración del morbo, escogiendo otro holograma donde uno de los robots policías golpea y tortura a uno de los habitantes. Todo esto nos evoca a los hologramas de personajes en Star Wars o las criaturas holográficas del Dejarik, el juego en el que competía Chewbacca en el Halcón Milenario. Ello al mismo tiempo nos habla del carácter visionario de George Lucas, quien siempre ha aportado algo nuevo en sus largometrajes, ya sea en la historia, los efectos especiales o en la forma de conducir la industria en general. El goce del sexo y la violencia a través de hologramas puede verse en muchas historias posteriores, incluso en formatos diferentes como el popular y reciente videojuego Cyberpunk 2077, otro futuro distópico en el que vemos un burdel en el que los hombres van a ponerse un casco de realidad virtual y se masturban viendo hologramas.


Algo interesante de la película es que al igual que otras de Lucas, cuenta con más de una versión. La primera es el cortometraje universitario de 1976, luego la que se estrenó en 1971, y tras el éxito de Star Wars salió una tercera versión “restaurada” en 1977, reeditada y con escenas nuevas. Más de tres décadas después de la original, en el 2004, aparecería la versión definitiva: The George Lucas Director's Cut. La película se editó de nuevo: se digitalizó, restaurando audio y video, se recoloreó, e incluso se filmaron nuevas escenas y mejoraron o agregaron algunas con imágenes generadas por computadora. La nueva versión ha sido recibida de forma variada por los seguidores de THX 1138: muchos aprecian y adoran los cambios, y otros prefieren tajantemente la original. Lucas afirma que esta es la versión oficial de la historia. Una situación idéntica a la generada por las nuevas ediciones de Star Wars.


THX 1138 desfila entre esos títulos de culto de sci-fi que definitivamente se nutrieron de grandes ideas, y que al mismo tiempo abrieron el camino a otras grandes historias. Este 2021, en su quincuagésimo aniversario, encontramos una buena oportunidad para verla de nuevo o adentrarse por primera vez en este relato, que ha envejecido bien y sigue interpelando la realidad, así como cuestionando el sendero de la humanidad, como solo lo hacen los verdaderos clásicos.



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