#26FCL: Top 5 de la Competencia de Ficción

Hoy es el último del día del Festival de Cine de Lima, y haremos una breve revisión de las 5 películas de la competencia de ficción que más nos han gustado. Pero también, comentaremos algunas decepciones.


Por José Carlos Cabrejo FESTIVAL / 26FCL


La competencia de ficción del Festival de Cine de Lima de este año presenta algunos títulos medianamente atractivos, entre los que se pueden encontrar Un varón, con su registro áspero y urbano de un personaje que vive su identidad en tensión, Las vacaciones de Hilda, con una actuación formidable y poderosa de Carla Moscatelli, o Tiempos futuros, que aprovecha visualmente la dimensión grisácea de Lima para crear imágenes distópicas.


También están títulos para el olvido, entre los que “brilla” Inmersión. Sorprende que después que la historia del cine nos haya mostrado visiones tan ricas y complejas de las diferencias de clase, con viejos títulos como Viridiana o películas recientes como Parásitos, aparezcan en festivales cintas con un acercamiento tan ramplón y esquemático, amparadas en su buena factura. Es una mirada que se hace muy notoria en esa oposición que se hace desde el inicio entre el hombre blanco que piensa en la seguridad de la bella hija en topless y los humildes pescadores, visualizados de tal forma que casi parezcan los freaks de Browning o Jodorowsky. Película ideal para gente de clase acomodada que le encanta golpearse el pecho.


La música es algo que perjudica a Piedra noche, que se siente afectada en esta anodina y pretenciosa apropiación del mundo kaiju, pero también a La Pampa. Su música parece inspirada en alguna producción televisiva de Michelle Alexander. Eso sin contar que sus imágenes sexuales, en filtros de color, terminan regodeándose en aquello que denuncia, tal como lo han hecho muchos filmes de explotación a lo largo de la historia.


Mejor, pasemos a revisar las películas que nos han parecido más valiosas en esta

sección del festival:


5) Medusa (Anita Rocha da Silveira, 2022)

Es una aproximación irónica, muy lúdica, pero también de aire surreal, al mundo del

fanatismo religioso en Brasil. Aparecen muchachas atrapadas en un dogmatismo que las

muestra entre luces de neón y un vestuario extravagante, que parecen salidos de alguna

secta de un filme de Sion Sono. De este modo, se actualiza la iconografía de Los ojos

sin rostro de Franju para reflexionar sobre el carácter simbólico de lo facial en el mundo

de las redes sociales. Su final se apresura y simplifica la realidad problemática que

aborda, pero aun así no pierde ese estilo juguetón y desenfadado.


4) Domingo y la niebla (Ariel Escalante, 2022)

Película para ver en un double feature con Aquarius de Kleber Mendonça Filho. Ambas

hablan del espacio conectado afectuosamente con el ser amado y perdido, pero Escalante toma expresivamente otra ruta. Juega al clima fantasmal de La niebla de John Carpenter, pero también a la actualización de los códigos del wéstern, como lo hizo el realizador norteamericano en Asalto al precinto 13, que se apropiaba de la visión del encierro de Hawks en Río Bravo. Domingo y la niebla deambula entre la atmósfera fantástica y el espíritu de sacrificio ante una violencia tensa, que se trabaja muy bien en el fuera de campo.


3) Matar a la bestia (Agustina San Martín, 2021)

La niebla espesa y las luces que se encienden interiormente en una casa o en una iglesia recuerdan las viejas películas góticas de la productora británica Hammer. Pero la criatura que amenaza a quienes viven en aquella frontera selvática, entre Argentina y Brasil, no libera la sexualidad, como lo hacían los vampiros de Christopher Lee, Damien Thomas o Noel Willman. Más bien, busca reprimirla. Así, San Martín va trabajando los encuadres subjetivos y los planos de detalle para mostrar los cuerpos con una sensualidad húmeda y poderosa.


2) Eami (Paz Encina, 2022)

En Hamaca Paraguaya, su ópera prima, la directora ya había mostrado un uso inteligente del espacio para exponer los conflictos a los que se enfrentan sus personajes. En Eami, Paz Encina nos sumerge en una experiencia poética y sensorial, que se enlaza en la visión animista de sus personajes, que representan a un pueblo aborigen que sufre la amenaza de la deforestación. El espacio natural, mostrado tanto en encuadres abiertos como cerrados, y en diferentes transiciones cromáticas, se convierte en territorio emocional y mágico, gracias también a un uso de la voz en off de fuerza casi musical.


1) El Gran Movimiento (Kiro Russo, 2021)

La última película del realizador boliviano busca hablar del presente por medio de un viaje al pasado. La imagen granulada, así como los ángulos picados de la ciudad o la abreviación de los encuadres, recuerdan El hombre de la cámara, la película de Dziga Vertov de 1929. La cinta de Russo actualiza viejas formas de montaje para aproximarse a una ciudad que está en conflicto o choque con un pasado mítico, supersticioso.


La visión de La Paz en El Gran Movimiento exhibe la posible agonía de dicho pasado en un presente de máquinas y explotación, pero también juega al humor, como en aquella fantástica secuencia de baile y música electrónica en escenarios exteriores. Una de las miradas de la urbe más potentes que se hayan visto últimamente en el cine latinoamericano.