“Antarctica” (2020): una adolescencia surreal

Una comedia adolescente que cuestiona temas como el aborto, el consentimiento y la violencia sexual y física en las escuelas.


Por Sebastián Zavala Kahn CRÍTICA/ VIDEO ON DEMAND

Fuente: Imdb

Lo que en un inicio parece ser una estereotípica comedia (o drama) adolescente, como muchas de las que se estrenan año tras año en los Estados Unidos, poco a poco se va convirtiendo en una experiencia mucho más surreal, y menos interesada en lo convencional. Escrita y dirigida por Keith Bearden, Antarctica es una historia tipo coming of age que cuenta con todos los ingredientes de dicho subgénero: protagonistas adolescentes que se sienten incomprendidas, personajes secundarios algo absurdos, humor sardónico, y un contexto bastante desalentador, el cual no hace más que contribuir a los sentimientos de desprecio y tristeza que sienten los personajes.


No obstante, Antarctica no tarda demasiado en mostrar su verdadera naturaleza. Tomen en cuenta a sus dos protagonistas y sus respectivas líneas argumentales. Janet (Kimie Muroya) es una chica poco popular que, luego de un altercado algo violento con un estudiante que ciertamente recibió su merecido, es enviada a casa por el colegio, y obligada a tomar unas pastillas que, supuestamente, “tranquilizan a las mujeres para que se comporten mejor en la sociedad”. Claramente, Antarctica no se lleva a cabo en un pueblo progresista o moderno.


Kat (Chloe Levine), su mejor amiga, luego de un encuentro sexual con uno de sus compañeros de colegio, queda embarazada y se ve obligada a enfrentar las consecuencias. Su familia parece estar bastante avergonzada de ella. Su mamá ni siquiera intenta comprenderla. La lleva a un centro de rehabilitación para adictos sexuales, prefiriendo deshacerse de ella en vez de entablar una relación más cercana. Luego de que Kat aborta al embrión —de manera legal, por supuesto—, el resto del pueblo, incluyendo a sus compañeros de escuela, le manda mensajes de texto intimidantes y hasta pintan la puerta de su casa con frases ofensivas.

Fuente: Imdb

Claramente, lo que Antarctica intenta hacer es utilizar los clichés del cine de adolescentes para construir una historia que se deleita en irse a los extremos. Todos los personajes —a excepción, por supuesto, de Janet y Kat— son increíblemente conservadores, haciendo alusión a perspectivas bastante anticuadas y tratando a nuestros protagonistas como seres no pensantes. Hasta los efectos secundarios que traen consigo las pastillas de Janet resultan en momentos deliciosamente delirantes, mucho más surreales que cualquier “secuencia de drogas” de una comedia adolescente más tradicional. Basta con decir que la chica sufre de alucinaciones que, eventualmente, la ayudan a aprender una lección, y hasta valorar más su amistad con Kat.


De hecho, Antarctica está mejor cuando se pone “más rara”, y por supuesto, cuando nos muestra a las dos chicas juntas teniendo conversaciones que se sienten extremadamente realistas, con las cuales resulta muy fácil empatizar. Tanto Levine como Muroya hacen un buen trabajo al mostrar una amistad honesta. Destacan una escena en la que espían a unos vecinos particularmente “kinkies” y el momento en el que Kat le confiesa a Janet que está embarazada. Desgraciadamente, esto último no sucede con demasiada frecuencia. El filme prefiere tenerlas por separado, cada una enfrentando sus problemas por su lado, tratando de hacerles entender a sus padres que no son malas personas. La caricaturesca madre de Kat y el comprensivo padre de Janet tienen problemas para comunicarse con sus respectivas hijas. El pueblo entero no sabe qué hacer con sus adolescentes.


Fuente: Imdb

Por más de que Antarctica maneja temas bastante complejos y delicados —el aborto, el consentimiento, la violencia tanto sexual como física en la escuela—, no carece de sentido del humor. De hecho, está llena de un humor negro bien integrado al tono surreal de la historia. Consideren al profesor de historia absurdamente conservador: Ronald Reagan es su presidente favorito, y tilda a Bill Clinton como el mayor traidor de la historia. Asimismo, la manera en que el director de la escuela habla sobre una masacre que se llevó a cabo días atrás, o hasta la secuencia en donde el padrastro de Kat le enseña a Janet a hacer ejercicio en su sótano, son momentos incómodos, pero que de seguro le extraerán una sonrisa a más de un espectador.


No se puede decir que Antarctica no sea una película valiente. Lo que Bearden nos presenta es una historia que, a pesar de utilizar muchos recursos surreales y de contar con personajes secundarios caricaturescos y exagerados, logra transmitir temas delicados de manera eficiente, desarrollando, además, protagonistas suficientemente creíbles. Tanto Levine como Muroya dan sólidas actuaciones. Nos presentan dos teenagers que no son necesariamente simpáticas, sino más bien como cualquiera chica que uno se encontraría en la vida real: imperfecta, pero con ganas de tener un futuro mejor. Puede que esta curiosa mezcla de ingredientes no siempre funcione, pero Antarctica resulta ser una de las películas más originales del 2020. El hecho de que hayan logrado hacer algo así a través de una comedia adolescente ciertamente es digno de aplaudir.



Los trabajos firmados son de responsabilidad de los autores. Esta página web se realiza con fines absolutamente educativos.

UBÍCANOS

Avenida Javier Prado Este N.° 4600
Urbanización Fundo Monterrico Chico
Distrito de Santiago de Surco 
Provincia y Departamento de Lima

© Universidad de Lima, 2019

Todos los derechos reservados