“Capone” (2020): un gánster en el infierno

La nueva película de Josh Trank presenta una mirada muy distinta del cine de gangsters. Cuenta la vida de uno de los capos de la mafia más famosos de la historia, Al Capone, quien es interpretado por Tom Hardy.

Por Sebastián Zavala Khan CRÍTICA/VIDEO ON DEMAND

Fuente: Setlistmx


Existen muchas películas sobre la mafia o sus líderes, varias de ellas inspiradas en el estilo de películas de Martin Scorsese como Buenos Muchachos (Goodfellas, 1990) o Casino (1995). Ese no es el caso de Capone (2020). Lo que el director, guionista y editor Josh Trank nos entrega, es un filme sobre un Al Capone venido a menos, en sus últimos meses de vida en una mansión en la Florida, cada vez más despegado de la realidad. Capone es una película por momentos errática, pero que nos atrapa como una obra que no rinde cuentas a nadie. En ese sentido, estamos una creación muy distinta a Los 4 fantásticos (Fantastic four, 2015), la anterior película de Trank.

Luego de pasar varios años en la cárcel, Al Capone (Tom Hardy), uno de los criminales más famosos de la historia norteamericana, por fin regresa a su casa en medio de los pantanos de Florida. Sin embargo, ya no es la misma persona de antes. Sufre de neurosífilis y demencia, y con una voz que, según uno de los personajes secundarios, suena como la de un “caballo moribundo”. “Fonzo” no es más que una sombra de lo que era antes; un ser humano frágil y confundido. No puede controlar sus movimientos intestinales, casi ni reconoce a su esposa, y comienza a tener alucinaciones sobre su vida de criminal. ¿Qué es real y qué es una ilusión? ¿Será cierto que tiene 10 millones de dólares escondidos en alguna parte? ¿Y será verdad que está siendo espiado por los Federales, o no es más que paranoia por parte de un hombre que, poco a poco, está perdiendo la cordura?

De hecho, se puede argumentar que Capone prácticamente carece de una trama sólida, no hay un conflicto central tradicional —al menos no uno que esté bien desarrollado— ni un objetivo claro para el protagonista. Capone se siente, más bien, como un estudio de personaje bien calculado, en donde uno tiene que acostumbrarse a ver en pantalla a este ser humano desagradable —quien sabemos cometió una gran cantidad de crímenes inhumanos durante su época dorada—, tratando mal a quienes lo rodean. Ni siquiera la subtrama sobre su dinero escondido llega a tener un clímax satisfactorio. Se nota que Trank estaba más interesado en poner al espectador en los zapatos de Capone, que en desarrollar una historia tradicionalmente estructurada.

Fuente: Ezanime.net


Trank utiliza varios recursos para desarrollar a Capone casi como una película de terror, en medio de pasajes alucinatorios, para entregarnos una experiencia algo inconsistente, pero que sin embargo nunca llega a aburrir. Consideren, si no, la manera en que se construye la “alucinación principal”, por así llamarla, de quince minutos de duración, en la que somos parte tanto de la fastuosidad y los excesos de la vida pasada de Capone —una fiesta en la que Al y Louis Armstrong cantan juntos en el escenario—, como de un momento bastante más oscuro. La mansión de Al es presentada, además, como un lugar laberíntico y lleno de sombras, en donde cualquiera se podría perder. Uno de los personajes secundarios menciona que Capone “está viviendo como un Rey en su mansión”, cuando en realidad parece estar viviendo una pesadilla.

Evidentemente, este tipo de tratamiento de material podría resultar algo problemático para algunos espectadores. No todos, por ejemplo, llegarán a empatizar del todo con Capone, un personaje de la vida real que cometió toda suerte de crímenes terribles. Y no todos, además, podrán mantener la atención durante momentos más silenciosos, en los que son testigos del sufrimiento de su familia. Después de todo, Capone es una película de ritmo letárgico, más interesada en el contraste entre los últimos días del conocido mafioso y su vida pasada —consideren, si no, los programas de radio que se escuchan y recrean sus más infames hazañas—, que en mostrarnos sus días de gloria. Sólo una escena, en que Al alucina con una versión más joven de sí mismo, frente al espejo de un baño, nos muestra lo que el filme hubiera podido ser si es que Trank decidía tomar un camino diferente.

No se puede escribir sobe Capone sin dejar de mencionar la actuación principal de Tom Hardy. Con un pie en el realismo, y el otro en la caricatura, Hardy nos entrega un Capone al que no le importa nada, utilizando todo tipo de recursos para desarrollar su gradual descenso en la locura. Entre gruñidos y un tono de voz que parece tener sus orígenes en su Bane de Batman: El caballero de la noche asciende (The Dark Knight Rises, 2012), Hardy no tiene miedo de exagerar o hasta comerse el escenario entero, lo cual contrasta —a veces bien, a veces mal— con las actuaciones secundarias, más bien sobrias. Puede que no sea el mejor Al Capone visto en pantalla, pero ciertamente es uno de los más entretenidos.

Fuente: El Sol Latino


La siempre infravalorada Linda Cardellini, al menos, trata de otorgarle algo de humanidad a Mae, una mujer que no está muy segura de qué hacer con su esposo, pero que claramente todavía lo ama. Matt Dillon, por otro lado, está correcto como Johnny, un viejo amigo de Al, quien llega a la mansión para… ¿ayudarlo? ¿Hacerle recordar los viejos tiempos? (Ya verán). Noel Fisher le da un carácter algo inocentón a Junior, el hijo mayor de Al, Jack Lowden es suficientemente naive y formal como Crawford, un agente federal, y Kyle MacLachlan interpreta a Karlock, el doctor de Al, quien parece estar interesado en algo más allá de la salud de su paciente. Ojo, además, con el cameo de Trank, quien aparece (brevemente) en una escena de defecación.

Independientemente de cualquier interpretación que le pueda dar uno a la película de Trank, se nota, al menos, que se trata de la historia que él quería contar, y que lo ha hecho a su manera, sin importarle lo que sus críticos puedan decir. Es un ejercicio de libertad creativa, y aunque no llega a funcionar del todo, termina siendo mucho más atractiva que cualquier copia (barata o de gran presupuesto) de una película de Scorsese. Este no es cine mainstream, y no tenía por qué serlo, lo que incluso se nota en la banda sonora minimalista y perturbadora, cortesía de El-P, miembro del dúo Run the Jewels. Capone es una película de inconsistencias narrativas, pero arriesgada y fascinante. No es para todos, pero estoy seguro que encontrará a su público, especialmente ahora que está disponible en digital durante la cuarentena por el COVID-19.








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