“Carrie” (1976): los pecados del cuerpo

Por el cumpleaños de Brian De Palma, recordamos uno de sus primeros largometrajes, una adaptación del famoso libro de Stephen King que es ya material imprescindible para todo fanático del cine de terror.


Por José Carlos Cabrejo CRÍTICA / AMAZON PRIME VIDEO

Fuente: FILMGRAB


Carrie es una película sobre el horror del cuerpo. El inicio muestra a esa adolescente tímida, interpretada por Sissy Spacek, recorriendo con sus manos su piel mientras se ducha, para finalmente ver que, inesperadamente, fluidos menstruales descienden por sus muslos. Ella teme los impulsos, las reacciones, los deseos de su carne, no solo por ser el objeto de burla de las chicas de su colegio, al ser aparentemente fea y retraída, sino también por vivir con una madre de ideas religiosas delirantes, que quiere mantenerla bajo su yugo.


Ella desea apartar a Carrie de los pecados que podría pedir su cuerpo. La esperanza que tiene la protagonista, una chica con el poder de la telequinesis, de cortar ese cordón umbilical insano y represor que la une a su progenitora, recae en su fiesta de promoción, contada en una de las secuencias más famosas e imitadas del cine de terror. Brian De Palma relata la humillación de la protagonista, quien termina siendo bañada con sangre de chancho, como si estuviéramos ante una ceremonia de sacrificio. Los encuadres, dotados de un movimiento ritual y operático, van alternando la aparente felicidad consumada de Carrie con su pareja de baile, y el macabro plan de sus compañeros de estudio. Una música crispante y unos planos agobiantes, con una inquietante progresión que exhibe la devoción del cineasta por Hitchcock, la muestran subiendo al altar de la muerte.


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Después de ese baño, Carrie, con sus poderes sobrenaturales, tiñe el salón de baile con la luz de un color que parece salido del infierno. Pero también de sus entrañas. Su venganza por ello es apoteósica y a la vez visceral. Una energía escondida en su interior deja de ser erótica para ser tanática. El personaje de Spacek se convierte en una diosa bárbara, que quema a su prójimo y crucifica con cuchillos a su madre. Quizá por eso, a pesar de que vemos a una adolescente que pasa de ser humillada a convertirse en una vengadora, Carrie no tiene otra salida que la autodestrucción; porque, en el fondo, la cinta de De Palma es una de las visiones más desoladoras que ha dado el terror del ser humano y sus lados oscuros y perversos.


Texto originalmente publicado en la edición número 06 de Ventana Indiscreta (segundo semestre del 2011)